Jaime R.Sotomayor
Darwin digital Por Jaime R. Sotomayor

El año pasado estuvo en Lima el cofundador de Waze, Uri Levine, para participar como orador principal durante el IV Foro de Emprendimiento e Innovación de la Alianza del Pacífico. Escuchar toda su trayectoria como emprendedor y cómo es que llegó a venderle Waze a Google fue fenomenal. Pero algo que sobresalió de su participación fue una frase sencilla pero potente: “Enamórate del problema, no de la solución”. Suena tan simple e intuitivo pero ataca la realidad de todo emprendedor. A veces piensas que estás resolviendo un problema que amas, pero en verdad te has enamorado de tu producto, tecnología o servicio; es decir, de tu bebé. No seguir este principio, en mi experiencia, te llevará sin duda al fracaso.

Cuando comencé mi primer emprendimiento en el 2009, el objetivo era cómo ayudar a las empresas pequeñas a integrar la tecnología en sus organizaciones. Mirando en retrospectiva, uno diría que el problema con el que me enamoré era “la falta de modernización de las pequeñas empresas” pero en realidad era más mi interés de aplicar lo que aprendí en la universidad y de las prácticas pre-profesionales, con la finalidad de ser independiente. Si tan solo hubiera escuchado el consejo de Uri, quizás el día de hoy esa empresa hubiera llegado lejos.

No soy el único que he visto que sufre de este problema. Llevo asesorando emprendimientos desde el 2011 y siempre, como caso recurrente, me encuentro con emprendedores que se han enamorado apasionadamente de sus productos y que no están dispuestos a modificar lo que hacen para resolver el problema del mercado. Ellos creen que están enamorados del problema, pero en la realidad están buscando justificaciones al problema para continuar con el mismo producto o servicio. Lo justifican diciendo “mis clientes no entienden muy bien aún el producto, ya aprenderán”, “necesito tener escala para que más personas lo adopten, es entonces cuando será de uso masivo” o “cuando levante capital de inversionistas todo se resolverá”. Si bien esto puede ser verdad en ciertos casos, en la gran mayoría sólo sirve para cubrir su amor a la solución.

Un ejemplo de un emprendedor que se enamoró de un problema y buscó darle la mejor solución posible es Henry Ford. A él le interesaba el problema de hacer que la gente pudiera moverse de un lugar a otro de forma más rápida y económica. Otros emprendedores de su época estaban centrados en su solución de construir carretas más ligeras y duraderas, así como entrenar caballos que pudieran recorrer distancias más grandes sin cansarse. Sin embargo, Ford se puso a pensar y encontró que la mejor forma de solucionar ese problema no era mejorando el producto existente, sino crear uno nuevo. De hecho, él mencionó una frase que ayudará a todos a encontrar la mejor solución de un problema con el cual están enamorados “Si le hubiera preguntado a la gente qué es lo que querían, me habrían dicho que un caballo más rápido”.

Un indicador de que realmente estás enamorado y resolviendo el problema de un grupo de personas es cuando aquellos individuos que utilizan tu producto o servicio se convierten en promotores de lo que haces sin recibir un incentivo. Yo uso Waze todo los días, a pesar de recorrer las mismas rutas, y realmente me encanta. No solo me gusta, sino que se lo sugiero a todo el mundo. Uri, a diferencia de sus competidores, realmente estaba apasionado por el problema y buscó a toda costa una solución que lo resolviera.

Sin embargo, como mencionó anteriormente en este artículo, hay personas que confunden eso con el amor a su solución. Por ello es importante que te hagas las siguientes preguntas:

  1. Si alguna personas me ofrece una solución más viable o más eficiente para resolver el problema con el que estoy tratando, ¿la aceptaría o seguiría obsesionado con hacer que mi producto o servicio resuelva ese problema aunque no sea la mejor forma de hacerlo?
  2. Si una compañía más grande quisiera comprar mi solución, aun sabiendo que me va a desviar de resolver el problema, ¿estaría dispuesto a olvidarme de él por recibir grandes cantidades de dinero?
  3. ¿Estoy abierto a nuevas ideas y sugerencias de otras maneras en las que puedo resolver el problema, o estoy tan centrado en mi solución que solo pienso en ella aunque quizás no sea la forma más eficaz de hacerlo?

Debes hacerte esas tres preguntas y meditarlas profundamente para poder ver si en realidad estás enamorado del problema o de tu solución.

Finalmente, una de las razones (quizás la más importante) para enamorarse del problema en vez de la solución es la pasión. En los momentos más difíciles de la vida del emprendedor, los cuales existirán por millares, la fuerza para persistir no está en qué tan experto, exitoso o fuerte seas, sino en qué tan enamorado estás del problema. La mente tendrá varios pensamientos como “Si no lo resuelvo yo, ¿quién lo hará?” o “¿Podré tener una vida feliz si es que tiro la toalla y no resuelvo este problema?”.

Todo lo escrito arriba no sólo aplica para los emprendedores, sino también al mundo corporativo. En la empresa en la que estás trabajando ¿qué te mueve para aguantar esos momentos difíciles?, ¿qué problema estás luchando por solucionar que te mantiene yendo a trabajar todo los días? Si determinas cuál es ese problema que con pasión quieres resolver, será mucho más fácil crear soluciones para el mismo.

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¡Hola! Soy Jaime Sotomayor, director ejecutivo de USIL Ventures (aceleradora de startups de la Universidad San Ignacio de Loyola). Gracias por leer mi artículo en SEMANAeconómica. Cada dos semanas publico un nuevo artículo relacionado a innovación, tecnología y emprendimiento. Te invito a que te suscribas a mi newsletter gratuito en la web jaime.pe para que no te pierdas ninguna noticia. También puedes seguirme en Facebook y Twitter, donde diariamente comparto novedades.

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