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Desde el sur peruano Por Joaquín Alcázar

Luego de los primeros 100 días del actual gobierno, la confianza del consumidor pareciera haber perdido empuje, de la mano de la confianza empresarial y la aprobación presidencial. Según el índice de Apoyo Consultoría, la confianza del consumidor limeño alcanzó sus niveles máximos promedio en el tercer trimestre del 2016, siendo los niveles socioeconómicos A/B los más optimistas. Posteriormente, en octubre del 2016, ese indicador se situó en 51 puntos, lo que representa una caída de cinco puntos respecto al promedio del trimestre anterior; el índice venía en realidad mostrando un deterioro desde agosto, a partir del cual muestra una caída progresiva (con valores de 58, 57 y 54 puntos en julio, agosto y septiembre, respectivamente). Las familias redujeron su percepción positiva de la situación actual, y, hacia el futuro, esperan aumentos en los precios y mayores dificultades para encontrar trabajo.

La misma situación se presenta en Arequipa —la segunda ciudad más importante del país después de Lima por su aporte al PBI nacional—. Según el Índice de Confianza del Consumidor de la Ciudad de Arequipa (ICCA), elaborado por Aurum Consultoría y Mercado, en el tercer trimestre del 2016 (con encuesta realizada en las últimas semanas de septiembre) se observa también una disminución en la confianza del consumidor. El resultado del ICCA para el segundo trimestre, que alcanzó 45.6 –la cifra más alta desde el primer trimestre del 2014–, se explicó por las expectativas y el optimismo generado por el cambio de gobierno; sin embargo, al igual que en Lima, poco después del cambio de gobierno, las expectativas y el optimismo se deterioraron.

De esta forma, el ICCA del tercer trimestre del 2016 se ubica en 43 puntos, con una reducción de más de dos puntos respecto al segundo trimestre del 2016; sin embargo, en los niveles socioeconómicos A/B hubo una mejora, mientras que los NSE C, D y E redujeron su confianza y afectaron a la baja al resultado general —al igual que en Lima, también en Arequipa los niveles socioeconómicos A/B son los más optimistas—.

Cabe mencionar que el ICCA comprende cuatro subíndices, que presentaron comportamientos distintos en el tercer trimestre —a diferencia del segundo trimestre, en el cual todos los subíndices presentaron mejoras—. Las percepciones y expectativas en relación a la situación económica del país y la situación económica personal mostraron mejoras, pero las percepciones y expectativas en relación con las posibilidades de compra de bienes de consumo duradero y las posibilidades de encontrar empleo sufrieron deterioros.

Por su parte, el indicador de posibilidades de consumo de compra de ropa y alimentos respecto al trimestre anterior ha caído 13 puntos; el de salidas a restaurantes, 14 puntos; y el de compra de muebles o aparatos electrodomésticos, 23 puntos.

En cuanto a las expectativas de adquirir un vehículo (nuevo o usado) en los próximos 12 meses, se tiene que el 10% de los encuestados tiene planes para comprar un vehículo, con una disminución de tres puntos porcentuales respecto al trimestre anterior. En cuanto a comprar, construir o remodelar una vivienda o un lote, las respuestas favorables alcanzan el 10%, con una disminución de siete puntos porcentuales respecto al trimestre anterior.

Por último, respecto a las posibilidades de encontrar empleo en comparación con hace 12 meses se tiene que en el tercer trimestre del 2016 las posibilidades han caído en 19 puntos porcentuales. Sin embargo, para las posibilidades de encontrar empleo en los próximos 12 meses (expectativas) se observa un deterioro menor (cuatro puntos porcentuales) en comparación con el trimestre anterior.

Estas cifras, que coinciden en términos generales con los índices de confianza del consumidor en Lima, evidencian el frágil momento que vive la demanda interna a nivel nacional, y especialmente en el sur, afectada por un estancamiento en los niveles de ingresos, una menor contratación formal, y una contracción en distintas categorías de consumo; todo esto ligado a una inversión pública y privada que no logra despegar. Se podría decir entonces que la luna de miel con el actual gobierno no sólo se está desinflando en términos de aprobación, sino también en la confianza de consumo del ciudadano, especialmente en los niveles medios y bajos, y recientemente en la confianza empresarial. Para que estos indicadores se mantengan altos durante un período largo, se requieren mejoras tangibles en el bienestar y capacidad de gasto del ciudadano, y no sólo la expectativa o promesa de esto. Cien días es poco tiempo y es irreal pensar que se lograrán mejoras considerables, pero la confianza y la aprobación presidencial son variables cortoplacistas y no dejan mucho al beneficio de la duda. Veremos cómo van estos indicadores a los quinientos y mil días de iniciado el actual gobierno.