JoaquínAlcázar
Desde el sur peruano Por Joaquín Alcázar

La selección adversa, antiselección o selección negativa describe aquellas situaciones previas a la firma de un contrato, acuerdo o pacto del algún tipo, en las que una de las partes, que está menos informada, no es capaz de distinguir la buena o mala calidad de lo ofrecido por la otra parte, lo cual lleva a que se trate o perciba a la otra parte, sea de buena o de mala calidad, como si fuera de mala calidad (hasta probar lo contrario).

Esta definición, que puede parecer un tanto obtusa o enredada, explica muchas situaciones muy recurrentes en la actualidad, presentes en las esferas políticas, económicas, del mundo de los negocios, y en general en casi cualquier interacción humana donde se busca llegar a acuerdos, las cuales generan sobrecostos e ineficiencias que pueden representar varios puntos porcentuales del PBI de los países.

Un ejemplo puede ser la relación entre los bancos y sus clientes potenciales. Como los bancos, a pesar de contar con centrales de información crediticia, no pueden diferenciar a ciencia cierta entre los buenos y malos pagadores, asumen que todos son potencialmente malos pagadores y todos deben pasar por procesos bastante complejos y largos de evaluación, así como pagar una tasa de interés relativamente alta. Esto termina generando sobrecostos de evaluación para los bancos y es, en general, un obstáculo para la inversión de las empresas y el consumo de los pobladores.

Otro ejemplo son los controles para embarcar en un avión. Los malos pasajeros, aquellos que secuestrarían un avión, son muy pocos, posiblemente menos de uno en un millón, pero todos tenemos que pasar por los detectores de metales y ser tratados como pasajeros de “baja calidad”. Tal vez a muchos no les moleste perder unos minutos en los controles y, en general, ven como positivo que existan estos controles (ya que el evento que se busca evitar sería tan negativo que es mejor tomar precauciones).

No obstante, el problema va más allá que perder unos minutos en el aeropuerto. Cuando caminamos con la calle, muchas veces no ayudamos a las personas que piden limosna, porque asumimos que muchos de ellos en realidad no están tan mal, que podrían estar trabajando o que de alguna manera no lo merecen. En realidad, algunos de ellos sí pueden estar en una situación muy difícil, por un motivo de fuerza mayor, que si lo supiéramos estaríamos más que dispuestos a brindarle nuestro apoyo. Por su parte, las empresas y los Estados crean complicados e ineficientes procesos de contratación de proveedores, porque no saben distinguir cuáles de sus funcionarios a cargo de la contratación son corruptos y cuáles son honrados, y, como resultado, muchas veces los buenos proveedores son dejados de lado o se autoexcluyen. Pasa lo mismo con los proveedores: como las empresas no pueden diferenciar entre los buenos y malos proveedores, todos terminan incurriendo en sobrecostos, como pueden ser las cartas fianza y otras garantías, o no reciben adelantos por temor a que no se complete el servicio. Y también, muchos proveedores tienen que pedir adelantos de 50% o más, no por necesidades de liquidez necesariamente, sino por la posibilidad de que algunas empresas no honren el pago después de concluido el servicio o entregado el producto.

Sucede algo similar con los alquileres de oficinas y departamentos (y los tres meses de garantía que se tiene que depositar al inicio) así como las primas de seguros, las cuales terminan siendo más altas de lo que deberían ser para los “buenos asegurados” porque hay un grupo, por ejemplo, en el caso de los seguros vehiculares, que una vez asegurados tomarán menos precauciones. Otro ejemplo son los programas sociales de los gobiernos, los cuales terminan siendo muy ineficientes, porque no atienden a los que realmente los necesitan. Entonces, al dividirse entre más gente (los que lo necesitan y los que no), los más necesitados terminan recibiendo una ayuda deficiente. Asimismo, como asumimos que en Perú la mayoría de políticos y funcionarios públicos son corruptos o incapaces, muchos pobladores no pagan impuestos y los que lo hacemos a veces preferiríamos no hacerlo.

Un último ejemplo, de los muchos que existen, es Donald Trump y su política de inmigración. Como no sabe diferenciar a los buenos de los malos inmigrantes de Medio Oriente, los trata a todos como malos, perdiendo grandes oportunidades y generando mucho malestar en el camino.

Existen cada vez más mecanismos para diferenciar entre “los buenos” y “los malos” en distintos ámbitos, como las centrales de riesgo ya mencionadas, pero, a simple vista, pareciera que no se están destinando los esfuerzos y recursos necesarios a tal fin. Sin necesariamente reducir las libertades personales, las nuevas tecnologías podrían apoyar este proceso, generando centrales de información que permitan a priori reconocer de alguna manera a los “malos proveedores”, “malos inquilinos” o “malos políticos”. Reducir solo un poco la asimetría de información que genera todos estos ejemplos de selección adversa podría ser un gran impulsador de la productividad y eficiencia de las empresas, gobiernos y países en general.