JoaquínAlcázar
Desde el sur peruano Por Joaquín Alcázar

Casos como los del club de la construcción y Odebrecht –al margen de qué tan complejos y profundos fueron los actos de corrupción y qué funcionarios privados estuvieron efectivamente involucrados– llevan a preguntar por qué una persona muy bien educada, con una posición social y económica ya bastante alta, buscaría tener cada vez más riqueza, incluso recurriendo para ello a actos ilícitos, con todo el riesgo que ello conlleva, incluyendo el de perderlo todo. Más allá del importante tema de la moralidad de los actos humanos y la cuestión ética, la perspectiva de las finanzas del comportamiento ofrece una explicación interesante a este tipo de actos.

En una primera mirada, cuando se indaga sobre por qué a las personas les importa tener más dinero, las investigaciones señalan que, más allá de la seguridad que pueda brindar, las personas buscan poder: poder para disfrutar experiencias increíbles uno mismo y con las personas importantes en la propia vida, poder para influir en el mundo, poder para dejar un legado que trascienda nuestro propio tiempo de vida en la tierra. Todo esto cae perfectamente en el ámbito de lo racional: en principio, no buscamos el dinero por sí mismo, sino por lo que podemos hacer con él.

Pero el afán de dinero puede ir más allá de lo racional y más allá de lo razonable. Pareciera que la codicia forma parte del código genético de los seres humanos, como consecuencia de un proceso evolucionario que premió la búsqueda de recursos para atender las necesidades de la descendencia. Sin embargo, la codicia descontrolada también se asocia con la autodestrucción de individuos y de sociedades enteras.

La evidencia es clara: los agentes económicos no son puramente racionales, ni sus decisiones son siempre convenientes para ellos mismos ni para la sociedad en su conjunto. De hecho, se presentan fuertes sesgos cognitivos, estudiados por diversas disciplinas.

Si bien existe una gran variedad de sesgos, dos de ellos son particularmente importantes para explicar cómo empresarios con destacada formación y trayectoria profesional pueden caer en un excesivo afán de dinero: sesgo de ilusión de control y sesgo de descuento hiperbólico.

En el contexto de las finanzas, el sesgo de ilusión de control (illusion of control bias) describe la tendencia de los inversionistas a creer que pueden controlar o por lo menos influir sobre los resultados en los mercados financieros cuando de hecho no pueden hacerlo. Se ha encontrado que las personas propensas a los sesgos de “ilusión de control” y de “exceso de confianza” (confianza injustificada en el razonamiento intuitivo, el juicio y las habilidades cognitivas) son más propensas a emprender inversiones potencialmente arriesgadas y a cometer acciones –como actos de corrupción– sin medir adecuadamente los riesgos y consecuencias futuras.

El sesgo de descuento hiperbólico (hyperbolic discounting bias) implica que los individuos prefieren las ganancias que se puedan obtener de forma inmediata, incluso cuando estas son muy inferiores a las ganancias futuras. Esto es coherente con los hallazgos de la neurociencia, que sugieren que el objetivo del cerebro consiste en maximizar la satisfacción actual. Por ejemplo, si una persona tiene dos opciones, recibir 10 soles el día de hoy o 20 soles el día de mañana, parece lógico esperar un día; sin embargo, el sesgo de descuento hiperbólico puede llevar a muchos a optar por los 10 soles el día de hoy. Otros posibles ejemplos son gastar y consumir el día de hoy en lugar de esperar y ahorrar para el retiro, entrar al mundo de las drogas o, sencillamente, romper la dieta. Muchas de las tácticas y campañas de marketing se enfocan en explotar este sesgo, por ejemplo, con mensajes como “comprar ahora y pagar después”, que tienen como finalidad vender satisfacción en el corto plazo. Otro ejemplo se da con las tarjetas de crédito, cuando los individuos prefieren gastar en el corto plazo, aunque esto signifique pagar enormes intereses en el futuro. En el caso de la corrupción, se traduce en recibir enormes sumas de dinero en el presente, frente al considerable riesgo de acabar en prisión en el futuro.

En este contexto, surge la interrogante de qué hacer para reducir la probabilidad de caer en estos sesgos. El medio más sencillo es fomentar comportamientos que ayuden a crecer en humildad y en autocontrol. Por ejemplo, ponerse en ocasiones de escuchar a personas más allá del círculo cercano de “aduladores”. Y aplicar habitualmente la moderación a los impulsos, por ejemplo, posponiendo el gasto actual y ahorrando más para el futuro. Este esfuerzo por reducir, aunque solo sea un poco, los sesgos cognitivos pueden resultar en una mejorada actitud de forward looking, que en el largo plazo es ventajosa para la propia vida y para nuestras empresas.