JoaquínAlcázar
Desde el sur peruano Por Joaquín Alcázar

La oferta de financiamiento en el Perú para medianas y pequeñas empresas es limitada y presenta una serie de complicaciones, derivada de una oferta bancaria no ajustada a su realidad, ni en productos ni en costo. Si bien para las corporaciones y grandes empresas con cifras financieras favorables, el financiamiento es provisto a tasas competitivas y es relativamente fácil de conseguir, para una mediana o pequeña empresa, que muchas veces no tienen una situación financiera “perfecta”, la situación se puede tornar compleja. Los bancos requerirán, si es que alguno se interesa en el financiamiento, garantías inmobiliarias cuyo valor realizable cubra entre 1.2 y 1.5 veces el valor del crédito, así como cesiones de flujos de líneas de negocios estables y predecibles, y avales personales de los accionistas. Se pensaría que con esta cobertura las tasas deberían ser relativamente bajas, no obstante, la mayoría de veces bordean los 10% en soles o dólares, sumándosele unos plazos de evaluación de varios meses e incertidumbre alta en el resultado final.

Si bien esta situación es parcialmente explicada por la alta morosidad promedio que tiene este segmento, analizar el por qué de esta situación no es propósito de este post, sino más bien recalcar la oportunidad que esto significa para inversionistas institucionales y particulares para obtener un retorno interesante financiando a este segmento de empresas. Existen ya en el mercado peruano fondos nacionales y extranjeros enfocados en proveer deuda a empresas medianas, los cuales, si bien no necesariamente ofrecen mejores condiciones que los bancos en cuanto a tasas y garantías, sí ofrecen periodos de evaluación y desembolso mucho más rápidos, así como mayor predictibilidad en el resultado de la evaluación, lo cual es muy valioso para empresas que buscan expandirse y aprovechar prontamente las oportunidades que ofrece el entorno.

No obstante, el ticket de inversión mínimo de estos fondos suele ser mayor a los US$5 millones, quedando fuera buena parte de empresas en búsqueda de financiamiento. Es acá donde pueden aparecer financistas particulares no especializados, por ejemplo, empresas con cierta liquidez, o personas con un excedente para invertir, pensando por ejemplo en tickets entre 100,000 y US$1 millón, buscando retornos cercanos a 10%. La operativa tendría que ser la misma que aquella de los fondos mencionados, es decir, condiciones de tasas y garantías similares a las ofrecidas por los bancos, pero con una velocidad de evaluación y desembolso mucho mejores. En este punto será natural preguntarse ¿cómo se puede evaluar rápidamente la probabilidad de pago de la empresa? y, más aún, ¿será fácil ejecutar las garantías inmobiliarias ofrecidas en caso no se honre el pago del principal e intereses?

La solución recae en una figura conocida como acuerdo de recompra o repurchase agreement (repo) en inglés, estructura bajo la cual el proveedor de fondos adquiere el o los inmuebles (garantías) en cuestión a un precio con descuento, con una opción de recompra para la parte que recibe los fondos, en un plazo y a un precio determinado, el cual incluye los intereses pactados. Si transcurre el plazo y el vendedor de los inmuebles no ejecuta su opción de recompra, el proveedor de fondos se queda con los inmuebles a un precio con descuento. Es decir, si el inmueble es un buen activo (por su ubicación, renta que genera, posibilidad de ser liquidado, etc.), y el descuento es lo suficientemente atractivo, finalmente le convendrá al proveedor de fondos que aquel que los recibe no ejecute la opción de compra. De esta manera, la evaluación de la capacidad de pago del prestatario se vuelve de alguna manera irrelevante, debiendo ser él el que se tenga que autoevaluar con detenimiento, caso contrario podrá perder los inmuebles en cuestión, recibiendo un precio bastante menor que su valor de mercado. Por su parte, la ejecución de las garantías no será un problema, no teniendo que recurrir a centros de arbitraje o a los tribunales peruanos.

Los bancos siempre dicen que no es su negocio “hacerse de inmuebles ni garantías”, lo cual es cierto, no obstante, para un inversionista particular, hacerse de un buen inmueble, de fácil liquidación, a un precio muy atractivo, puede ser un negocio interesante. Y si todo le sale bien al prestatario, recomprará el inmueble al valor pactado, pagando de esta manera los intereses correspondientes, y el proveedor de fondos obtendrá de todas maneras un buen retorno. No será la tasa de interés activa más competitiva del mundo (a la que se le sumaría el costo de la alcabala, que podría tal vez ser compartido entre ambas partes), pero al menos, bajo este mecanismo, las empresas podrán obtener los fondos rápidamente, y así aprovechar la oportunidad de mercado o disponer de la liquidez con prontitud.