JoaquínAlcázar
Desde el sur peruano Por Joaquín Alcázar

Hace unos meses estuve en Londres por los cinco años de haber culminado el MBA en London Business School y, entre las conferencias organizadas por la escuela, me llamó la atención una que se enfocaba en las tendencias macroeconómicas y sociodemográficas que condicionarán la vida de los seres humanos en las próximas décadas.

Una de estas tendencias es la longevidad. El expositor señaló que un 40% de los nacidos entre 1975 y 1985 se espera puedan llegar a los 100 años de vida en un buen estado físico y mental (obviamente mejorando dicha expectativa para los nacidos luego de 1985), gracias a los avances en el mundo de la medicina, biotecnología y nutrición. Como anotaba el especialista, de ser correcta la estimación, esto traería una serie de cambios fundamentales en la vida de las personas.

Considerando una esperanza de vida de 80 años, donde los últimos 10 o 15 años de vida estarían condicionados por un estado físico y mental debilitado, tiene sentido una jubilación a los 60 o 65, luego de una carrera de unos 35 o 40 años. Por otro lado, en un escenario en que se puede estar vigente en el mundo laboral hasta los 90 o 100 años, varias de las estructuras y paradigmas actuales podrían variar.

Para comenzar, si una persona puede trabajar 70 años, se puede dar el lujo de, por ejemplo, tener un “break” entre los 50 y 55 años, para luego trabajar los siguientes 30 años, o cambiar rotundamente de carrera o profesión en la mitad de la vida laboral. Asimismo, la cantidad de capital que se podría ahorrar en ese tiempo permitiría realizar distintas inversiones y cambiar la planificación financiera como la conocemos. Por otra parte, cualquiera que en este escenario planee trabajar únicamente hasta los 60, debiera considerar que es probable que viva 30 o 40 años más, con lo cual seguir trabajando podría ser una obligación.

Otra tendencia que estará necesariamente presente es el cambio constante, específicamente en los mercados laborales y en las especialidades más demandadas. Algunas profesiones o destrezas quedarán obsoletas rápidamente y surgirán oportunidades para nuevas habilidades y conocimientos en distintos ámbitos. La fuerza laboral, tenga uno 35 años o 60 años, deberá tener la capacidad de adaptarse a los nuevos entornos y tecnologías, y aprender rápido nuevos oficios. Algunos especialistas sugieren que en los colegios ya no será tan importante aprender matemáticas, física, historia o idiomas, sino más bien habilidades como pensamiento crítico, comunicación, colaboración y creatividad.

En los países desarrollados es más común ver a profesionales que no siguen “carreras lineales”, siendo cada vez más frecuentes los cambios de carrera, las pausas y las reinvenciones. Muchos jóvenes tienen años sabáticos antes de comenzar la universidad (sin que sea mal visto), estudian una especialidad de postgrado que no tiene nada que ver con la carrera de pregrado, o luego de trabajar 10 años deciden apostar por un hobby o pasatiempo a tiempo completo para “recuperar energías”, como es el caso de un amigo que trabajó cinco años en un fondo de private equity, para luego ser profesor a tiempo completo de yoga durante dos años.

Me da la impresión de que, en Perú, en ciertos estratos, es más común estudiar una carrera recién salido del colegio, trabajar, estudiar la maestría en algo muy relacionado a la carrera de pregrado y después no parar hasta los 65 años, momento en que a uno lo jubilan. Al margen de cuál de los caminos sea el mejor, puede ser que el mundo en las próximas décadas plantee a las personas un camino laboral con curvas, baches, paradas, retrocesos y reinvenciones. Al menos, a primera vista, parece entretenido.