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Desde el sur peruano Por Joaquín Alcázar

El concepto de clúster es utilizado en distintos contextos y muchas veces se refiere a cosas distintas, siendo su propia definición un obstáculo para su correcta implementación. Michael Porter, de la Escuela de Negocios de Harvard, utiliza las siguientes frases para explicar un clúster:

  • Se presenta como una nueva forma de pensar en cuanto a la economía y la organización de esfuerzos en cuanto a ésta.
  • Mejora la alineación con la realidad de la competencia y las fuentes de ventaja competitiva.
  • Incluye eslabones importantes en términos de tecnología, destrezas, información, mercadeo y necesidades del cliente que se dan entre firmas e industrias; eslabones fundamentales para la dirección y el ritmo de la innovación.
  • Reforma el papel del sector privado, el gobierno, las asociaciones de comercio y las instituciones de educación e investigación.
  • Reúne a empresas de todos los tamaños.
  • Crea espacios para un diálogo constructivo entre empresas y el gobierno.
  • Es un medio para identificar oportunidades comunes, no solo problemas comunes.

En otras palabras, se trata de un esfuerzo conjunto por parte de instituciones de diversos tipos pero relacionadas (geográficamente y por su relación con un determinado sector productivo), por solucionar problemas comunes y explotar oportunidades que beneficien directa o indirectamente a los actores del clúster e incrementen la competitividad del sector en un área geográfica determinada.

Si esta definición es correcta, y cada componente de esta es necesario para que exista un clúster, es posible que en el Perú no exista ningún clúster totalmente constituido y funcionando adecuadamente, faltando en la mayoría de casos ingredientes como “esfuerzo conjunto” o “beneficios comunes”, y es que lo común en la mayoría de iniciativas de clúster en el país es ver a empresas que, si bien buscan asociatividad para crecer como sector, no llegan a tener un nivel de cooperación y mirada conjunta hacia el futuro para conseguir los reales beneficios de un clúster maduro.

Lo que está ocurriendo en el sector de la gran minería en el sur del Perú parece ser una buena oportunidad para constituir un clúster que funcione en el corto plazo y pueda madurar hasta estándares internacionales. Concretamente, el sector minero en el sur posee las siguientes características para aspirar al desarrollo de un clúster real:

  • Gran número de operaciones mineras de gran escala y de primer nivel concentradas geográficamente, pertenecientes a las principales empresas mineras del mundo, que representan parte importante de la producción mundial de algunos minerales, como cobre.
  • Proveedores internacionales y algunos proveedores locales con estándares internacionales.
  • Cercanía al clúster minero de Chile (Antofagasta).
  • Aceptación relativamente alta de la minería formal por parte de la población del sur del país.
  • Yacimientos por explotar.
  • Gobiernos regionales, municipalidades y universidades reciben canon y regalías mineras, contando con recursos para apoyar el desarrollo del clúster (infraestructura, investigación, articulación).
  • Instituciones como cámaras de comercio y entidades de cooperación interesadas en impulsar el desarrollo de dicho clúster en el sur.
  • Interés del gobierno central y ministerios por impulsar el desarrollo de clústeres en el país.
  • Desarrollo manufacturero y de proveedores en la ciudad de Arequipa, que puede funcionar como hub y centro del clúster, y que cuenta además con un recurso humano relativamente bien capacitado.
  • Condiciones (macroeconómicas, fiscales, sociales) relativamente estables para la inversión extranjera.
  • Posibilidad de aprender y crear alianzas de cooperación con clústeres mineros consolidados, como son los de Chile, Canadá y Australia.

Pareciera que los principales ingredientes faltantes para que esto pueda ser una realidad son liderazgo –que para que el clúster funcione en el largo plazo debe provenir del sector privado–, una metodología y plan de acción adecuados, y sobre todo una disposición de los distintos actores de fijar objetivos comunes y dejar de pensar únicamente en el beneficio individual. Me atrevería a decir que a los peruanos en general nos cuesta esto último –en comparación, tal vez, con los chilenos, canadienses y australianos–, pero si un pequeño grupo decide ir en la otra dirección y logra algo positivo, sembrará la semilla para el desarrollo de otros clústeres reales en distintos sectores y regiones del país.