JorgeLazarte
Destrabe empresarial Por Jorge Lazarte

Había una vez un hombre que nació sin instinto de supervivencia. Le daba lo mismo vivir o morir. No tenía interés en relacionarse con los demás. Carecía de ambiciones y sueños y el fracaso y el éxito le eran indiferentes. Un día el hombre se convirtió en empresario. Inicio un negoció sin la motivación de competir. No le importaba incrementar sus ventas ni reducir sus gastos. Los bienes que vendía eran de baja calidad, sus precios eran altos y perder clientes no era una preocupación.

Este extraño hombre es difícil de imaginar para muchos de nosotros porque es contrario a la naturaleza humana. El ser humano viene al mundo con un instinto de supervivencia que lo impulsa a crecer y evolucionar desde su nacimiento. Este instinto también se encuentra presente en los empresarios y los motiva a expandirse constantemente, a mejorar la calidad de sus productos, a reducir precios, a captar más clientes y mantenerlos satisfechos; porque saben que es la única manera de progresar.

Para desenvolverse en el mercado el empresario debe respetar ciertas normas y reglas de juego que tienen por objeto preservar los derechos de los demás, pero sin matar el instinto de supervivencia propio del ser humano. Cuando un empresario crece y se hace fuerte lo hace guiado por un deseo natural de superación que lo impulsa a competir y a ganar.

El temor que surge cuando aparece una empresa poderosa en el mercado es el mismo que existe cuando aparece un adversario fuerte en una competencia. En ninguno de los casos corresponde eliminar al competidor, sino más bien exigir que las leyes que existen para evitar abusos de poder se apliquen con rigor, pero sin impedir a las personas y empresas hacer lo que por naturaleza han nacido para hacer: crecer.

Esta es la postura que ha sido recogida en nuestra Constitución, que no prohíbe los monopolios sino el abuso de poder que puede hacerse de ellos. Poner límites al poder que puede alcanzar una empresa en el mercado no sólo es contra natura sino también inconstitucional; ya que implicaría prohibir algo que nuestra carta magna no prohíbe, sino sólo para un sector en particular.

Limitar el crecimiento empresarial mediante una ley de control de concentraciones acabaría con los anhelos más naturales de los emprendedores peruanos. El hecho de que otros países del mundo tengan una ley similar no lo hace ni bueno ni malo. Hacerlo solo por esa razón podría privar al Perú de la oportunidad de demostrar que el mercado puede funcionar correctamente sin tener que prohibirle a las empresas crecer y alcanzar su máximo esplendor.