Jorge E.Lazarte Molina
Destrabe empresarial Por Jorge Lazarte

Cierto día una conocida tienda de la capital instaló un pequeño stand para exhibir películas piratas. Creyendo que la impunidad era una característica generalizada en nuestro país, su gerente pensó que el stand pasaría desapercibido. Al fin y al cabo, justo al frente de su tienda operaba desde hacia años un enorme emporio comercial en el que se ofrecían todo tipo de productos falsificados y adulterados, a pesar de sus reiteradas denuncias y reclamos ante las autoridades.

Arrinconado por la deslealtad de su competencia y la inacción del Estado, optó por competir en igualdad de condiciones. Evidentemente, la reacción de sus clientes no fue la que esperaba. Asombrados, algunos sacaban fotos del stand mientras otros grababan con sus celulares. El gerente no lograba entender el asombro del público. El precio y la calidad de las películas eran iguales a los de la galería que estaba cruzando la calle. “¿Por qué tanto alboroto?”

En pocas horas el stand se hizo viral y un ejército de funcionarios se hizo presente para cumplir con su labor como es debido. Los primeros en llegar incautaron la mercadería y se la llevaron en sacos. Los siguientes clausuraron la tienda y armaron un cordón de seguridad en el ingreso. Un fiscal detuvo al gerente en flagrancia y se lo llevó detenido. Todo en presencia de los más importantes medios de comunicación que cubrían la noticia en vivo y en directo. Desde la ventana del patrullero el gerente observaba perplejo la galería comercial al otro lado de la calle, que continuaba operando con absoluta normalidad, recibiendo a los clientes que salían de su tienda para ofrecerles los mismos productos por los que él iba preso.

La tolerancia a lo informal es un mal que aqueja no sólo al Estado. La sociedad se ha convertido en un indolente fiscalizador de la empresa formal, que mantiene al mismo tiempo una actitud compasiva frente al informal. Para algunos la tolerancia del Estado responde a un criterio de selección que utilizan convenientemente las autoridades para perseguir sólo a quienes tienen recursos para pagar multas. Para otros es un tema de idiosincrasia que responde a una característica natural del ser humano, que tiende a empatizar con el más débil y a solidarizarse con quien percibe como un emprendedor que lucha por salir adelante frente al poder de los formales.

Cualquiera que sea la explicación, la informalidad es un mal que afecta gravemente la competitividad en nuestro país. Pensar que se le pondrá fin con medidas de fomento es una ingenuidad. Sólo desaparecerá cuando dejamos de ser tolerantes a ella y la rechacemos como sociedad y como Estado.