Jorge E.Lazarte Molina
Destrabe empresarial Por Jorge Lazarte

Desde los inicios de la república romana los antiguos políticos descubrieron que la mejor manera de congraciarse con el pueblo era regalando comida y entretenimiento. Esta fórmula, que buscaba el beneplácito de la población a cambio de dádivas, fue bautizada en latín con el nombre de panem et circenses (pan y circo) y sirve hasta hoy como principal motivación de muchas políticas socialistas. Esta práctica que carece de lugar en una economía de mercado viene ganando terreno peligrosamente en nuestro país y conduciéndonos a la adopción de medidas populistas que no se condicen con el régimen económico recogido en nuestra Constitución.

Lo indignante es que en nuestro país los gobernantes no regalan fondos públicos, sino que obligan a las empresas a regalar sus recursos privados. Un ejemplo de esta antigua práctica romana es la reciente intervención del Indecopi en el modelo de negocio de cines, que permite que los clientes puedan hacer uso de las salas cinematográficas a costos que no permiten retribuir las inversiones de las empresas. Pero esta intervención no es la única manera con la que algunas autoridades buscan congraciarse con el pueblo peruano. Hoy existen en el Congreso proyectos de ley para que las empresas brinden estacionamiento gratuito a sus clientes, para controlar los precios de venta de medicamentos, para regular las tasas de interés de préstamos bancarios y tarifas de servicios financieros, para limitar el uso de los boletos aéreos; entre otras cosas que a muchos consumidores pueden no gustar.

Si preguntamos a la gente quién quiere que baje el precio de la electricidad, del agua, los alimentos, las medicinas, los colegios, el cine y los estacionamientos; oiremos un resonante “yo” a voz en cuello. Pero si el Estado interviene en el negocio de las empresas buscando que los consumidores paguen menos por los servicios y bienes que las empresas les proveen, cada vez existirán menos interesados en invertir en nuestro país o hacerlo con la calidad que lo han venido haciendo hasta ahora.

Los consumidores y la demanda por bienes y servicios de calidad existirán siempre. Las empresas y la oferta de dichos bienes y servicios, no necesariamente. Venezuela y Cuba son ejemplos emblemáticos de naciones repletas de consumidores ávidos de servicios y productos de calidad con los que sólo sueñan porque sus gobiernos decidieron anteponer a los consumidores antes que a las empresas. Es importante pensar en estos países cada vez que se adopten medidas que atenten contra el derecho de propiedad, la libertad de empresa y la libre iniciativa privada. El Estado no debe ser una plataforma para satisfacer los deseos de la población. El objetivo de nuestros gobernantes no es el beneplácito de los consumidores. Las políticas públicas deben privilegiar la economía y a las empresas antes que los deseos del pueblo. Si los objetivos se invierten, los resultados también.