Jorge E.Lazarte Molina
Destrabe empresarial Por Jorge Lazarte

Se nos fue otro ministro de economía y en muy corto plazo para la cartera más importante de todas. Pronto llegará uno nuevo con un horizonte de permanencia incierto; quizás semanas, meses, ojalá años. En cualquier caso, su estadía quedará corta para implementar los cambios que requiere el país.

El cargo de ministro es por experiencia ‘cortoplacista’. Visto así, más importante que el tiempo de permanencia en la cartera es la visión con la que se asume, que debe ser siempre de largo plazo, sin importar los días que se ocupe el sillón ministerial.

En su mensaje de despedida al ministro David Tuesta, el presidente Martín Vizcarra enfatizó en la necesidad de promover la inversión privada. Sin embargo seguimos entrampados en un proceso de desburocratización en el que no avanzamos, que encarece y ralentiza las inversiones.

Para algunos entendidos, el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) es el principal responsable de la lentitud con la que se mueve el gobierno en esta importante tarea. No les falta razón. Mientras la visión de quienes asumen el cargo sea de corto plazo, la prioridad será la caja fiscal antes que el fomento de la inversión.

La razón es simple. Los trámites absurdos y los tributos mal regulados también son una fuente de ingresos para el Estado. Al eliminar un trámite o un tributo obsoleto desaparecen recursos que recauda el gobierno y es por ello que la desburocratización no es uno de los objetivos de la cartera de Economía y Finanzas.

No sorprende, pues, que dentro de su Reglamento de Organización y Funciones existan 32 funciones orientadas a preservar la política económica y financiera nacional, pero que la simplificación administrativa y la desburocratización para el fomento de negocios brillen por su ausencia.

Al fin y al cabo, el ministro de Economía no es más que un director financiero. Pensemos por un segundo en las funciones de un CFO. Su responsabilidad es velar por la adecuada gestión de recursos, preservar ingresos y controlar gastos. Cuando una empresa busca generar eficiencias, el CFO defiende su rol para evitar una afectación presupuestal. Lo mismo hace el MEF.

Los cambios organizacionales que afectan el presupuesto difícilmente serán implementados por un CFO con independencia. La orden debe venir desde arriba. Ningún CFO puede alcanzar por sí solo las metas de la empresa si el CEO no pone de su parte. Si dejamos en manos del MEF una función que no tiene, los objetivos para convertirnos en un país más competitivo no se alcanzarán nunca.

La desburocratización y la simplificación administrativa son tareas que deben ser impuestas necesariamente por la alta dirección. Mientras los objetivos sigan siendo ‘cortoplacistas’, nos seguiremos ahogando en trámites absurdos y tributos obsoletos que sólo sirven para preservar la recaudación fiscal.