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Destrabe empresarial Por Jorge Lazarte

A muchos ha sorprendido que el video de un hombre insultando a Christian Cueva en un avión tuviera más trascendencia mediática que los audios que han puesto en jaque a todo nuestro sistema de justicia; pero la verdad es que estamos más acostumbrados a la corrupción de los jueces que a la ingratitud de los hinchas frente a los seleccionados que nos llevaron al mundial.

Si hay algo que no podemos desconocer es que tanto el video de Cueva como los audios del Consejo Nacional de Magistrado (CNM), aunque versan sobre sucesos diferentes, tienen origen en un mismo problema: la ausencia de valores elementales como el respeto y la honestidad.

Este problema no ha aparecido de la noche a la mañana. Se ha ido gestando lentamente en nuestra sociedad durante años y ha calado profundamente no sólo en nuestro sistema de justicia, sino en todas las instituciones del Estado y en el sector privado.

Pensar en soluciones inmediatas para ello es una utopía. No existe fórmula mágica que pueda poner fin rápidamente a algo tan enraizado como la corrupción en nuestro país. Ninguna comisión, por más brillantes que sean sus integrantes, tiene posibilidad alguna de lograr tremenda hazaña.

Tampoco podrá hacerlo el Congreso, el Presidente ni todo su Consejo de Ministros trabajando juntos. Porque el problema que enfrentamos no es político ni legal, es social. Mientras no sea visto de esta manera, la cura contra la enfermedad demorará más en llegar.

La ausencia de valores es un cáncer que hemos dejado avanzar demasiado y la corrupción solamente uno de sus síntomas. Sanar de esta enfermedad no será rápido ni fácil, será un proceso muy largo y doloroso que nos hará sufrir aún más, lamentablemente. Es el costo a pagar por años de inacción.

Lo más importante es darnos cuenta que la cura no está en manos del Estado. Los gobernantes solos no nos sacarán de este embrollo porque no tienen la capacidad de cambiar la sociedad. Si no nos involucramos todos, el cáncer seguirá avanzando.

Lo único que podrá detenerlo son los valores. La buena noticia es que estos se aprenden si se enseñan correctamente; es decir, con acciones y no con palabras. Durante este proceso las empresas juegan un rol fundamental: el de enseñar con el ejemplo.

El actuar empresarial debe ser intachable y poder ser guía de lo que está bien y lo que está mal. Para ello es necesario preparar a la gente contra la corrupción. Sorprendentemente la gran mayoría de empresas carece de programas de capacitación contra actos de corrupción y no preparan a su personal para enfrentar este tipo de situaciones. ¿Cómo reaccionar ante un corrupto? ¿Qué decir? ¿Qué no decir? ¿Cómo salir de la situación?

Las frases en los manuales de ética y códigos de conducta como “hagamos lo correcto”, “actuemos siempre bien” o “cumplamos con la ley” resultan claramente insuficientes para nuestra realidad. El personal de las empresas debe estar preparado para enfrentar y saber cómo responder ante un acto de corrupción. “Voy a consultarlo…”, “no creo pero…” o dejar que se mantenga una expectativa no deben ser nunca respuestas ante un corrupto porque abren una puerta que debe estar cerrada siempre.

Las personas reaccionan mejor cuando están preparadas para responder preguntas y saben de antemano cuál debe ser su respuesta. La preparación evita el nerviosismo, la inseguridad, la duda y la indecisión. No estar preparado o no saber cómo responder ante una autoridad corrupta es como ir sin armas a una batalla. Si en verdad, vamos a librar una guerra contra la corrupción, preparemos a la gente para ello.