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Destrabe empresarial Por Jorge Lazarte

En las últimas semanas se han publicado decenas de normas con rango de ley. Se trata de un paquete compuesto por más de 100 decretos legislativos al que seguramente se añadirán algunos más. Si sumamos a estos los 112 decretos que publicó el Ejecutivo a fines de 2016 e inicios de 2017, tenemos un contundente “paquetazo“.

¿Son realmente necesarias todas las leyes que se vienen aprobando? Dice un conocido refrán que “quien mucho abarca poco aprieta“. Es por ello que no podemos dejar de preguntarnos si el gobierno no está distrayendo su atención en poner curitas sobre heridas superficiales mientras mantenemos una hemorragia interna.

¿Contribuye este “paquetazo” a alcanzar los objetivos que nos hemos trazado como país? En su primer mensaje a la Nación del 28 de julio de 2018, el presidente Vizcarra identificó cinco ejes de base para su gestión: (1) la lucha contra la corrupción, (2) el fortalecimiento de las instituciones, (3) el crecimiento económico equitativo, competitivo y sostenible, (4) el desarrollo social y bienestar de la población y (5) la descentralización.

Hemos de reconocer el esfuerzo desplegado para fortalecer la institucionalidad, mediante la reforma del Consejo Nacional de la Magistratura y otras instituciones a raíz de los recientes escándalos de corrupción. El mensaje a la Nación del pasado domingo 16 de setiembre pone en evidencia que la reforma del Congreso es también una prioridad para el presidente. Pero el “paquetazo” no está dirigido a tratar estos temas.

Preocupan entonces las medidas que se vienen adoptando para el crecimiento económico y el consecuente desarrollo social. No habrá crecimiento económico competitivo y sostenible que sea posible en tanto mantengamos los actuales niveles de informalidad. Si las empresas y personas se mantienen ajenas a las reglas de juego, el resultado nunca será el que esperamos.

La lucha contra la informalidad y el crecimiento económico puede ser viable sólo a través de tres ejes fundamentales: (1) la adecuación de las normas laborales a la realidad económica del país, ya que mientras mantengamos obligaciones laborales imposibles de cumplir para las empresas habrá informalidad; (2) el diseño de un marco tributario simple destinado a ampliar la base de contribuyentes informales, en lugar de continuar exprimiendo a los formales; y (3) el fortalecimiento del sistema de eliminación de barreras burocráticas, que permita a las empresas sortear los efectos de la tramitología absurda de manera inmediata y sin dilación.

La verdad es que no se necesitan 200 leyes para una transformación económica. Si logramos un cambio en estos tres frentes, el crecimiento económico equitativo, competitivo y sostenible, así como el desarrollo social y el bienestar de la población, vendrán por añadidura. Ojalá alcancemos a ver a nuestro presidente defender estas reformas con el mismo ímpetu con el que viene defendiendo el referéndum por la bicameralidad y la no reelección congresal.