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Destrabe empresarial Por Jorge Lazarte

Hace 140 años Antonio Raimondi escribió: “En el libro del destino del Perú, está escrito un porvenir grandioso”. Lamentablemente son otras las palabras por las que recordamos al célebre italiano entre nosotros: “El Perú es un mendigo sentado en un banco de oro“.

Un siglo y medio después de que Raimondi nos advirtiera de esta realidad, no hemos sido capaces de cambiar nuestro destino. El Perú sigue siendo un país que padece una vergonzosa pobreza en medio de una incalculable riqueza. Ya no se trata solamente de recursos naturales sin explotar. El crecimiento de las ciudades ha generado que las tierras urbanas aumenten significativamente su valor, dotando a los terratenientes de un enorme poder económico.

El más grande propietario de terrenos, no solo en zonas rurales sino también urbanas, es el Estado peruano. En la inmensa mayoría de los casos se trata de porciones de tierra abandonadas, olvidadas, completamente desaprovechadas. Muchas de ellas con un altísimo valor económico en las que pueden desarrollarse proyectos de infraestructura comercial o industrial, capaces de generar no sólo recursos para el Estado, sino atraer mayor inversión privada, crear nuevos puestos de trabajo, promover el desarrollo urbano y aumentar la recaudación fiscal.

¿Por qué no se aprovechan? Por una diferencia de prioridades. La titularidad de estas tierras estatales está desperdigada en diversos ministerios, cada uno con prioridades diferentes. Los ministerios de Educación, Salud, Interior, Defensa y Cultura son dueños de grandes terrenos con mucho potencial económico; pero su prioridad no es la gestión inmobiliaria. El personal que labora en cada uno de estos ministerios está abocado a tiempo completo en la mejora de la educación, la salud y la seguridad del país. Y está bien que sea así. El objetivo principal de sus ministros es optimizar la calidad de los servicios que brinda el gobierno a través de cada una de sus carteras. Es entendible que no quieran distraer su atención en gestiones inmobiliarias ni en la tramitación de Asociaciones Público Privadas (APP) orientadas a la explotación económica de predios.

¿Qué hacer, entonces? Se necesita un organismo (puede ser Proinversión o la SBN) que identifique todas las tierras que tienen los ministerios con potencial comercial o industrial y que están siendo desaprovechadas, con el objeto de maximizar su valor mediante procesos de promoción a la inversión privada en cada uno de ellos. Las APP que surgen de la iniciativa privada han demostrado ser un mecanismo poco adecuado para esto por cuanto tardan demasiado tiempo en “digerirse”. Es preciso contar con procedimientos mucho más expeditivos y simples, que hagan posible la participación del sector privado en la puesta en valor de estas propiedades.

La tarea en realidad no es difícil. No se necesitan procesos complejos ni rebuscados. Al fin y al cabo se trata solamente de entregar derechos de superficie sobre terrenos a cambio de rentas para el Estado por un determinado plazo. Basta ser conscientes del potencial que estamos desaprovechando y entregar la responsabilidad de la gestión de estas tierras a un organismo que priorice su inversión. De esta manera, dejamos a los ministerios dedicarse a lo que mejor saben hacer y evitamos que sigan sentados sobre bancos de oro.