JorgeLazarte
Destrabe empresarial Por Jorge Lazarte

La bodega “Tres Abarrotes E.I.R.L.” tiene Registro Único de Contribuyentes (RUC), pero realiza la mayoría de sus ventas sin entregar comprobantes de pago. ¿Es formal o informal? La empresa de servicios “Limpieza Continental S.A.” también tiene RUC y sí paga impuestos, pero sus trabajadores no están en planilla. ¿Es formal o informal? El colegio “Escuela del Tahuantinsuyo S.R.L.” tiene RUC, paga impuestos y tiene a sus profesores en planilla, pero no tiene autorización para funcionar como institución educativa. ¿Es formal o informal?

Se habla mucho de “informales” y de los problemas que generan para la economía del país. Pero no estamos hablando todos de lo mismo. Estamos utilizando el término “informal” para referirnos a cosas distintas y cobijar bajo este concepto estadísticas diversas, contribuyendo solo a generar confusión. Como bien lo ha reconocido el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), “…la falta de una definición armonizada de informalidad, de instrumentos adecuados para su medición y su análisis desvinculado del resto de la economía, han limitado el alcance de [los] debates” (Producción y Empleo Informal en el Perú, 2017).

Se dice que el término “informalidad” fue acuñado por primera vez en los años setenta. Desde entonces ha sido utilizado para referirse a diferentes actividades alejadas de la legalidad, generando mucha confusión al tratar de incluir mediciones diferentes bajo una misma denominación, que hacen de ella una medida poco comparable. Nuestro país no ha sido ajeno a la falta de consenso y el término ha sido utilizado indistintamente para referirse a diversas realidades.

En el ámbito tributario, el INEI ha optado por definir como “informales” a aquellas unidades de producción de bienes o servicios que no tienen RUC. Desde esta óptica estima que hay un total de ocho millones de informales.  Sin embargo, bajo esta definición poco importa si los formales pagan impuestos, emiten comprobantes de pago, venden “en negro” o contrabandean. Si tienen RUC, entonces ya son formales para el INEI.

En el ámbito laboral, el INEI considera “informales” a todos aquellas personas que laboran en una unidad de producción y que no están en planilla. Sin embargo, el Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo (MTPE) considera “informales” solamente a aquellas personas que, estando bajo una relación de dependencia, no están en planilla. La diferencia entre una y otra forma de medición supera los cuatro millones de personas.

En el ámbito regulatorio las estadísticas están atomizadas por sectores y es muy difícil homologarlas. En el sector educación, por ejemplo, existen más de 1,500 colegios “informales” que carecen de permisos para operar. En el sector farmacéutico, se dice que más 2,000 boticas son “clandestinas” y carecen de permisos para funcionar.

La razón que da lugar esta falta de consenso es que estamos tratando de etiquetar a las personas y empresas como “formales” o “informales”, forzando figuras para meterlas dentro de un mismo saco, y eso es un error. No hay “formales” e “informales”. Hay empresas que en algunas circunstancias operan de manera formal y en otras de manera informal. Tenemos que medir las diferentes realidades tributarias, laborales y regulatorias sin colocar etiquetas que solo generan confusión.

La mejor forma de entender la “informalidad” es como un sinónimo de “ilegalidad”. Hizo bien Hernando de Soto al definir la informalidad como el conjunto de empresas, trabajadores y actividades que operan fuera de los marcos legales que rigen la actividad económica (El Otro Sendero, 1989). Desde esta óptica, todo aquello que se realiza fuera del marco de la ley es informal, sin importar quién lo haga. Actuar de modo informal en una determinada situación, no significa que toda la organización lo sea. Si nos olvidamos de las etiquetas y entendemos la informalidad de esta manera, será mucho más fácil comparar estadísticas y hablar todos el mismo idioma.