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Destrabe empresarial Por Jorge Lazarte

El 90% de los peruanos tiene en el reverso de su Documento Nacional de Identidad (DNI) la siguiente anotación: “Donación de órganos: NO“. Esto no significa que la mayoría de nuestros compatriotas sea reacia a donar sus órganos, significa solamente que les da pereza hacer el trámite para actualizar su DNI y poner “SÍ”.

Si le pregunta a una persona si es donante de órganos, seguramente responderá que no. Si inmediatamente después le pregunta por qué, es probable que responda que no sepa, o que nunca antes le preguntaron. Y si finalmente le pregunta por qué no actualiza su DNI para convertirse en donante, probablemente le responderá que hacer el trámite ante el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil (Reniec) toma mucho tiempo o que las colas son muy largas.

Según el Ministerio de Salud, casi dos peruanos mueren a diario en camas de hospitales esperando un trasplante de órganos. A la fecha se estima que existen más de 7,000 personas a la espera de una donación que probablemente no llegará, porque a pesar de que en nuestro país fallecen diariamente 325 personas, la mayoría cuenta en su DNI con una observación que le impide ser donante, y que en vida le dio mucha flojera cambiar debido a la burocracia del Estado.

Durante algún tiempo se pensó que la negativa a la donación de órganos se debía a creencias religiosas. Sin embargo, en los últimos años la cremación de cuerpos en nuestro país ha ido en aumento, llegando a alcanzar un ritmo de crecimiento superior al 65%. En el Perú casi un tercio de los cuerpos son quemados al morir, lo que significa que sus órganos son convertidos en cenizas, mientras miles de personas enfermas agonizan esperando una donación que las salve.

La solución a este problema es mucho más simple de lo que parece y puede cambiar de un día para otro. Basta que el Congreso de la República apruebe una ley que nos convierta a todos en donantes, automáticamente; salvo que indiquemos lo contrario. Esto nos permitiría usar la burocracia en un sentido positivo. Si alguien no está dispuesto a que sus órganos sean usados para salvar vidas al morir y prefiere que sean quemados, que se de el trabajo de hacer el trámite para solicitarlo. Si se quiere hacer el procedimiento más fácil, la Reniec podría implementar una aplicación para que las personas renuentes a esta norma se excluyan virtualmente de sus alcances y respetemos así su voluntad; pero no podemos permitir que más personas mueran por flojera a hacer un trámite.

El camino para esta solución ya había sido trazado por el congresista Carlos Bruce mediante un proyecto de ley presentado en el 2016, pero la Comisión de Justicia y Derechos Humanos del Congreso decidió inhibirse de conocerlo y quedó en el olvido. Nos toca rescatarlo e incluirlo en la agenda de cosas importantes del Congreso, dándole prioridad por encima de otras banalidades que actualmente se discuten en las comisiones y en el pleno. No es tan difícil dar un ejemplo de solidaridad al mundo. Sólo hace falta un poquito de empatía.