JorgeLazarte
Destrabe empresarial Por Jorge Lazarte

Si yo fuera primer ministro, sería consciente que, estadísticamente, mi estadía en el cargo tendría una alta probabilidad de ser efímera. En los últimos 20 años el tiempo de permanencia en el premierato no ha sido mayor de diez meses. Durante las últimas dos décadas hemos visto desfilar con el fajín ministerial por la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM) a 26 personas, siendo el aprista Jorge del Castillo quien ostenta la permanencia más larga, con 26 meses en el cargo, y el también aprista Javier Valle Riestra, quien se lleva el galardón por la permanencia más corta, con apenas dos meses y algunos días.

Consciente de esta triste realidad, me preguntaría qué podría hacer yo en tan breve plazo que tenga un alto sentido de trascendencia. Trataría de buscar en la historia más reciente qué han logrado hacer los últimos líderes del Consejo de Ministros para cambiar la historia del Perú, de tal manera que mis metas sean realistas y alcanzables. Siendo corto el tiempo que las apuestas me depararían, empezaría por trazarme no más de cinco objetivos extremadamente concretos, en los que pudiera trabajar incansablemente durante los pocos meses que el destino me depararía.

Dada la coyuntura en la que vivimos, mi primer objetivo estaría orientado a dotar a las personas de las herramientas necesarias para enfrentar los casos de extorsión por parte de funcionarios públicos deshonestos, que es la principal causa de corrupción en el Perú. No escatimaría recursos en fortalecer a los fiscales de prevención del delito y a los equipos de eliminación de barreras burocráticas del Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de Protección de la Propiedad Intelectual (Indecopi) para que puedan reducir más de diez veces sus tiempos de acción. Sería consciente de que no acabaría con la corrupción, pero que trazaría el camino para reducirla significativamente de manera sostenible.

Mi segundo objetivo sería implementar una reforma sin precedentes de simplificación administrativa, que empiece por cuestionar y criticar la existencia y necesidad de absolutamente todos los trámites que se siguen ante las entidades del gobierno central, para eliminar todo aquello que no sea indispensable o esencial, mediante decretos supremos que dependan enteramente de mí y de mi equipo ministerial. Con ello apuntaría a que en menos de un año desaparecería una basta cantidad de requisitos absurdos, mejorando significativamente la calidad de vida de las personas y el ambiente de negocios de las empresas en el Perú.

Mi tercer objetivo sería obtener del Congreso facultades legislativas pero no para lanzar otro ‘paquetazo’ de normas atomizadas, sino para limitar al máximo la capacidad discrecional de los gobiernos locales y regionales. Si no logro hacerlo con un decreto legislativo, me orientaría a trabajar con el Congreso en una reforma de la Ley Orgánica de Municipalidades, e incluso de la Constitución misma, para evitar que las municipalidades puedan continuar emitiendo normas sobre lo que les plazca; y que nunca más una autoridad local se crea con poder suficiente para cerrar un aeropuerto por no colocar un papel en su interior.

Mi cuarto objetivo buscaría poner en valor todas las propiedades inmobiliarias que tiene el Estado con un alto valor comercial, y que están desaprovechadas o abandonadas. Recordaría diariamente que seguimos siendo un mendigo sentado en un banco de oro, y buscaría al menos identificar todos aquellos pedazos de tierra valiosa que se encuentran desperdigados en medio de nuestras ciudades para generar sobre ellos proyectos de inversión privada, que dinamicen la economía y generen más puestos de trabajo formal.

Mi quinto objetivo sería liderar personalmente la reconstrucción del norte y sur del país, despachando a tiempo parcial desde las ciudades que más sufren. Porque me parece vergonzoso e injustificable lo poco que hemos avanzado en ayudar a las personas afectadas por los desastres naturales. Mediría mi rendimiento personal con cada casa levantada y cada kilómetro de carretera reparada, buscando incrementar dichos números exponencialmente en comparación a gestiones anteriores. La competencia motiva.

El nuevo premier no tiene que compartir los objetivos de un inexperto que poco sabe de política y que nunca ha ejercido un cargo público. Pero al menos debiera trazarse algunos objetivos trascendentes y ser consciente, todos los días de su gestión, que tendrá en promedio menos de diez meses para alcanzarlos. Ojalá lo haga y cuente con más tiempo para trazarse cinco nuevos objetivos, después de haber alcanzado los primeros. Los mejores éxitos para él.