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Destrabe empresarial Por Jorge Lazarte

El 11 de marzo de 2019 podría ser recordado como el día en que el Perú comenzó a transformarse, como el inicio de un proceso hacia la formalidad, la leal competencia, el orden y el desarrollo. Si nuestro ‘Nobel’ escribiera otra de sus obras y Zavalita protagonizara en algún momento del futuro una conversación en otra catedral, podría sostener que aquel lunes el Perú dejó de joderse.

Hasta ese día las promesas no eran más que palabras. Pero aquella madrugada un decidido alcalde del distrito de La Victoria se encargó de demostrarnos que la historia no tiene porque repetirse. Con coraje y determinación decidió enfrentarse a las mafias más peligrosas de la ciudad y cerrar durante tres días Gamarra, el emporio comercial más grande del país, para erradicar el comercio ambulatorio e informal.

El operativo, que contó con la presencia de 2,000 policías y 300 serenos, significó una pérdida en ventas por más de S/60 millones, pero fue respaldado por las propias empresas de Gamarra. No se trató de una acción improvisada, sino de una estrategia debidamente planificada, coordinada con los empresarios y el gobierno central, que con varias semanas de anticipación dieron oportunidad a miles de ambulantes para formalizarse, facilitándoles la ocupación de locales en galerías comerciales, hasta por 6 meses sin pagar alquiler.

Cuando Gamarra reabrió sus puertas, lucía irreconocible. Las imágenes de calles y veredas limpias, nunca antes vistas por la mayoría de limeños, le valieron a George Forsyth el respeto de todos los peruanos, incluso el de los delincuentes que amenazaban con acabar con su vida y la de su familia.

A este ejemplo de liderazgo le siguieron en muy corto tiempo valerosas acciones que buscaron emularlo. La Municipalidad de Lima llevó a cabo un operativo para erradicar el comercio ambulatorio en Mesa Redonda; la Municipalidad de Los Olivos intervino 14 manzanas para recuperar espacios públicos ocupados por 2,500 ambulantes; la Municipalidad de San Luis, con el apoyo de El Agustino y Santa Anita, liberó de comerciantes y camiones informales las inmediaciones del Mercado de Frutas; y la Municipalidad de José Luis Bustamante y Rivero evitó el posicionamiento de más de 500 ambulantes en las calles de Arequipa.

Un líder que predica con el ejemplo puede desencadenar una serie de acciones que van mucho más allá de sus expectativas. El sueño de un joven alcalde de tener un distrito limpio, ordenado y formal, quizás llegue a convertirse en un sueño metropolitano y —por qué no— nacional. Si más autoridades se suben a esta ola contra las mafias y la informalidad, Forsyth podría demostrarnos que el alquimista no estaba equivocado, y que “cuando realmente quieres que algo suceda, el universo entero conspira para que tu deseo se vuelva realidad“.