JorgeLazarte
Destrabe empresarial Por Jorge Lazarte

Cuando percibimos que algo anda mal, no llegamos a dimensionar la real magnitud del problema que podemos estar enfrentando. Vemos sólo la punta del iceberg, pero no tenemos idea de lo que hay bajo la superficie. Algo similar nos pasa con la organización de nuestra capital. Sabemos que algo no está bien, pero no tenemos idea de qué tan grande es el daño que estamos sufriendo hasta que empezamos a escarbar.

La ciudad de Lima, incluyendo a la provincia del Callao, cuenta con 50 distritos, gobernados por municipalidades con autonomía política, administrativa y económica en los temas de su competencia. Cada municipalidad cuenta con autoridades propias para gobernar sus espacios territoriales, según su criterio, y con autoridad suficiente para legislar y gestionar de manera independiente cada una de sus jurisdicciones, sin importar lo que hagan sus distritos vecinos.

La consecuencia de esta forma de organización geopolítica es que tenemos 50 alcaldes, 529 regidores, 50 procuradores públicos, 50 secretarios generales, 50 órganos de control, 565 gerentes y 1,089 subgerentes que operan de manera desarticulada, y que nos cuestan a los contribuyentes más de S/400 millones por gestión municipal.

Un alcalde de la capital gana en promedio S/ 7,200 al mes; siendo el alcalde de Lima el mejor pagado, con S/ 14,000 mensuales; seguido por los alcaldes de dos de los distritos más pobres de la ciudad, Comas y San Martín de Porres, así como del Callao; con S/ 11,000 mensuales cada uno. Los peor pagados son los alcaldes de Santa María, San Bartolo, Punta Hermosa, Punta Negra y Pucusana, con un promedio de S/3,000 cada uno. La remuneración anual de todos los burgomaestres de la ciudad nos cuesta a los contribuyentes más de S/4.3 millones.

Todos los regidores ganan al mes hasta el 30% de la remuneración del alcalde por asistir a dos sesiones mensuales del Consejo Municipal. Esto significa que los regidores mejor y peor pagados pertenecen a los mismos distritos antes mencionados y nos cuestan al año más de S/15.6 millones, tan sólo por contar con su participación en dos reuniones mensuales del Consejo.

En lo que a funcionarios públicos se refiere, los procuradores, secretarios generales y órganos de control tienen la categoría de un gerente municipal, por lo que tenemos 715 funcionarios cuya remuneración mensual promedio se estima en S/5,000 mensuales, que representan un costo anual de S/42.9 millones.

Por cada gerente municipal existen en promedio dos subgerentes, cuya remuneración se estima en S/3,000 mensuales y representan un costo de S/39.2 millones al año. Llaman la atención los distritos de Ate, Comas, Cercado de Lima, Lurigancho y San Juan de Miraflores, cuyo número de subgerentes es en cada caso mayor a 30 personas y casi tres veces el número de gerentes de cada municipalidad.

El nombramiento de gerentes y subgerentes es una potestad que recae en los alcaldes, para la que cuentan con absoluta discrecionalidad. En la Municipalidad de Surquillo hay funcionarios que asumen simultáneamente diversos cargos. El su gerente de comunicaciones es también gerente de desarrollo empresarial y gerente de la municipalidad. Por su parte, el subgerente de matrimonios y divorcios es también subgerente de educación y gerente de desarrollo social.

Si nuestros congresistas nombran como asesores a sus amigos y familiares para beneficiarse con sus remuneraciones, ¿por qué no sospechar que esta situación se repita con el nombramiento de gerentes y subgerentes en las municipalidades? ¿De qué manera podemos garantizarnos que esto no ocurra? Con S/400 millones de ahorro en cada gestión municipal, podríamos cerrar varias brechas de desarrollo en nuestra ciudad, y el ahorro podría ser hasta cuatro veces mayor si logramos generar sinergias con el personal administrativo.

La organización del gobierno de nuestra ciudad es un caos, y solo vemos a los alcaldes como el foco del problema, pero no vemos todo lo que hay debajo. No necesitamos decenas de alcaldes, cientos de regidores y miles de gerentes que tomen decisiones autónomas para gobernarnos. Necesitamos reinventarnos.