JavierDolorier
El efecto laboral Por Javier Dolorier

Acabo de ver Concussion (“La verdad oculta”, en nuestro país), una excelente película basada en hechos reales, donde Will Smith personifica a Bennet Omalu, un patólogo forense nigeriano que reside en Pennsylvania y que descubre una lesión crónica de nombre “encefalopatía traumática crónica” (ETC), que afecta a los jugadores de fútbol americano por las constantes colisiones a las que su masa encefálica está expuesta y que los lleva, en muchos casos, a la locura y la muerte. La ETC fue inicialmente negada por la Liga Nacional de Fútbol Americano – NFL (que agrupa a los empleadores), por la comunidad médica y por los propios jugadores (los trabajadores). Fue necesaria la muerte de varias estrellas de ese deporte para que la lesión fuera aceptada y se tomase conciencia del problema.

Ante el argumento de la película, resulta inevitable referirme al incendio de los cines UVK en Larcomar, donde lamentablemente fallecieron cuatro trabajadores, dos de los cuales, según Sunafil, no estaban en planilla.

El caso aún se investiga y las responsabilidades serán determinadas por las autoridades, pero considero que acá se presentan los grandes males de nuestras relaciones laborales: de un lado, un Estado que impone una regulación ineficiente, que contiene sobre exigencias en seguridad y salud, y que mide de la misma forma a las empresas sin tomar en cuenta sus dimensiones, la actividad que desarrolla y la región donde está domiciliada, requiriendo estándares tan altos que genera en muchos empleadores la vocación de no cumplir con las normas sobre seguridad y salud en el trabajo; por el lado de los trabajadores, existe un alarmante desconocimiento y desdén respecto a la materia, pues no exigen a sus empleadores que se respeten las normas más esenciales para su propia seguridad. Pero la responsabilidad recae directamente en el empleador, pues éste administra los riesgos laborales y debe garantizar a sus trabajadores condiciones óptimas de seguridad y no sólo proteger su propio prestigio o marca. Si el accidente de UVK en Larcomar ocurrió en una empresa formal, ¿qué podría suceder en una empresa informal de manufactura en una zona urbano marginal?

¿Qué se requiere, entonces? Normas concretas, cumplibles por los empleadores, que contemplen diversos niveles de exigencia: si es que se trata de una empresa que desarrolla una actividad de riesgo, una actividad industrial, de servicios, de atención al público o una pequeña o micro empresa. Estas normas deben asegurar eficazmente la seguridad y salud de los trabajadores, la fiscalización laboral debe ser especializada, objetiva y su actuación, preventiva y rigurosa.

Aunado a esto, el Estado y los empleadores deben unir esfuerzos por potenciar una cultura de prevención laboral que se inculque en todos los niveles de instrucción técnico y profesional. Se debe instalar en la conciencia de cada empleador y trabajador que la seguridad laboral salva vidas, así como el cinturón de seguridad vehicular que hoy nos colocamos instintivamente.

En una parte de la película Concussion, el Dr. Omalu le habla a un cadáver para que lo “ayude” a descubrir las razones de su muerte. En el caso de los trabajadores fallecidos en UVK de Larcomar no es necesario esto, pues todos sabemos cuáles fueron las causas.

Perdón por la tristeza.

Nos encontraremos nuevamente en quince días para conversar sobre otro tema de interés. Hasta entonces.