JavierDolorier
El efecto laboral Por Javier Dolorier

Este blog tomó un receso y este tiempo sirvió también para reflexionar y perfilar nuestro porqué, nuestra intención real de compartir con ustedes experiencias y comentarios de actualidad, arriesgando posiciones de manera directa.  Luego de este proceso, sabemos que una de nuestras motivaciones es presentar y rebatir las posverdades laborales.

Para graficar esto, me remonto a nuestro ingreso a la Facultad de Derecho de la PUCP, donde en las clases de derecho laboral, algunos profesores me adoctrinaban con lecturas de autores españoles en las que aparecían, de un lado, los empleadores como encarnación de Darth Vader: explotadores, arbitrarios, acosadores, amorales, prepotentes, inhumanos, y que tienen por entretenimiento despedir a los trabajadores por cualquier causa. Y por el otro, los trabajadores: desvalidos, pobres, abusados, explotados, buenos, honestos, inocentes y sometidos al yugo del empleador. Y, si uno quería ser abogado laboralista, debía defender a los “buenos” de las injusticias de los “malos”.

Ésa fue la primera machacante posverdad de la que me rebelé a temprana edad (con el costo de la estigmatización que ello significó), pues descubrí que en el mundo real no existe ni uno ni otro arquetipo. La verdad es que hay muchos empleadores socialmente responsables y muchos trabajadores cuyo accionar laboral y sindical linda con lo delincuencial. No hay categorías absolutas. Ésa fue la primera certeza.

Después en el camino se presentaron otras posverdades laborales, esas que de tanto repetirse se asumen como ciertas de manera irreflexiva, sin valoración sobre su certeza. Por ejemplo, que la estabilidad laboral es un derecho constitucional y que el empleo digno es el empleo con estabilidad, cuando ni la Constitución ni la OIT dicen ello; que la remuneración mínima vital es ínfima y debe incrementarse hasta llegar a un monto equivalente a la canasta básica familiar, sin evaluarla en relación con la productividad y el crecimiento del PBI; que los sobrecostos laborales son una creación de los empleadores para pagar menos salarios; que en las sociedades democráticas los derechos laborales deben incrementarse progresivamente de manera irreversible, y un largo etcétera. Pero la más cruel de las posverdades es aquella que arguye que cualquier régimen de contratación juvenil sin todos los derechos laborales (es decir, 50% de sobrecostos) atenta contra la dignidad de los trabajadores, lo que genera entre los jóvenes falsas expectativas sobre un escenario utópico donde todos los trabajadores del Perú gozarán de los privilegios que hoy reconoce el régimen laboral de la actividad privada. No es casualidad que este mesianismo tenga una carga ideológica.

Como pueden apreciar, estas posverdades parten por asumir que el derecho laboral es una criatura de Narnia que vive un mundo ideal no contaminado por la economía, por el avance tecnológico, por los cambios que ha generado la globalización, por los avatares de la geopolítica mundial y de la competencia entre los países por atraer inversiones. Para sus mentores no existe el teletrabajo, la ‘uberización’ de los servicios y los riesgos que conlleva hacer empresa en el Perú. Para ellos la macroeconomía y microeconomía son trolls que no deben afectar el maravilloso mundo de las normas laborales, donde todo es ilusión y fantasía.

La aparente fortaleza de estas posverdades y el fervor de quienes las sostienen no nos debe aminorar. Mientras más grande sea la mentira, más verdades científicas debemos oponerle. Nuestro porqué es presentarlas y desenmascararlas, en cuanto red social, foro o espacio posible.

Nuestro público objetivo no son aquellos dinosaurios del laboralismo (como aquellos que sostienen que “la religión produce certezas y la ciencia dudas”), con quienes no es ya necesario debatir, pues como dijo Thomas Paine: “Argumentar con alguien que ha renunciado a la lógica es como dar medicina a un hombre muerto”. Nuestro público objetivo es, principalmente, estudiantes y jóvenes profesionales, quienes deben cuestionarse e informarse antes de tomar una postura y acción sobre este importante tema. A ellos debemos decirles, como Kierkegaard, que “hay dos maneras de ser engañado: una es creer lo que no es verdad, la otra es negarse a creer lo que es verdad”. Y que sólo la verdad nos hará libres del nefasto influjo de las posverdades laborales.

Nos vemos en dos semanas para conversar sobre otro tema de interés. Hasta entonces.