JavierDolorier
El efecto laboral Por Javier Dolorier

Como punto inicial, debo decir que voté por Pedro Pablo Kuczynski (PPK) en primera y segunda vuelta en las elecciones pasadas. Consideré que su perfil era el adecuado para el puesto y que los otros candidatos no tenían su experiencia y capacidades. Pensaba que era el estadista que el país necesitaba para retomar la senda del crecimiento económico. Pero igual que millones de peruanos, poco a poco me fui decepcionando y, pese a considerar que el primer intento de vacancia era inconstitucional, desde este blog fui crítico a las indecisiones de su gobierno en materia laboral. Su inacción y falta de valentía en la lucha contra la informalidad, frivolidad y desinterés marcaron la agenda de la política laboral de este gobierno. Incorporó a funcionarios anodinos, idealistas que querían regresar a los años 80 apostando por un ineficiente Consejo Nacional del Trabajo y que no pueden mostrar ningún resultado en la lucha contra la informalidad.

Ahora que PPK ha renunciado a la presidencia, desde el punto de vista laboral me toca analizar su última decisión, la de incrementar la Remuneración Mínima Vital (RMV) a S/.930.00. Como se sabe, minutos antes de presentar su carta de renuncia a la presidencia, de una forma irresponsable e incomprensible, firmó el decreto supremo Nº 004-2018-TR.

Lo sucedido me hace recordar una maravillosa película de 1994 llamada “La locura del Rey Jorge”, que narra el deterioro mental del Rey Jorge III de Hannover, su extravagante comportamiento, las delirantes decisiones que tomaba producto de una locura temporal y los desopilantes intentos de los médicos de la época por curarlo. Desde mi punto de vista, lo decidido in extremis por el expresidente PPK no puede considerarse como racional, más aún viniendo de un economista experimentado que supuestamente conocía la diferencia entre una medida populista y una decisión adecuada para el mercado laboral.

Recapitulemos los hechos. El expresidente utilizó de manera irresponsable el fácil expediente de incrementar la RMV para subir puntos en su alicaída popularidad. Actuando con cálculo político y no con la visión de un estadista, colocó en el debate esta bizantina discusión sobre una de las grandes rémoras de nuestra legislación laboral. Para ello, remitió al inoperante Consejo Nacional del Trabajo el encargo de debatir el tema y anunció que si las empresas y sindicatos no se ponían de acuerdo hasta el 14 de marzo entonces el gobierno decidiría el monto del incremento, sabiendo que nunca habría acuerdo y que él aparecería anunciando el dadivoso incremento. Pero todo cambió muy rápidamente y ya sabemos lo que ocurrió después.

Pero analicemos ahora el incremento. Además de sus implicancias prácticas en las planillas (que definitivamente encarecen el mercado laboral y afectan de manera evidente a las micro y pequeñas empresas) de acuerdo a los especialistas el incremento de la RMV no se sustenta económicamente. No soy economista, pero sí estoy enterado que el PBI se reduce anualmente, que la inflación en ínfima y la productividad no ha mejorado, por lo cual no había sustento para un incremento. Aunque siendo realistas, no se requiere de ningún sustento cuando el tema se convierte en político, pues estábamos ante el despertar populista de un gobernante con el riesgo de ser vacado y con altos niveles de impopularidad.

Desde que se anunciara el riesgo del incremento de la RVM, el BCR ya alertaba sobre su inconveniencia y, luego de la publicación del DS que lo formalizó, ha mostrado proyecciones sobre los perjuicios que dicha medida traerá para el mercado laboral. Aunque sabía de dichos efectos, PPK siguió obstinado hacia su aprobación, desoyendo a los especialistas y la contundencia de las evidencias, sólo atendiendo a su ya proverbial necedad. Estamos pues ante una nefasta decisión de un presidente que, vistos los recientes sucesos políticos, demostró no sólo estar desfasado de la realidad y los indicadores económicos, sino tener además una lamentable flexibilidad moral y, como dice Joaquín Sabina, “una conciencia ‘todoterreno’ del mal y el bien”.

Al término de la gestión de PPK en materia de empleo, su pretendida y grandilocuente lucha contra la informalidad quedó como un patético membrete, pues según el INEI durante el 2017 el empleo formal se redujo en 2.8%. Su proyección de reducir al 25% la informalidad y luego hacerla menos onírica y prometer formalizar a 300,000 trabajadores al 2021 sin llevar a cabo una reforma laboral parecían dislates del Rey Jorge de la película que les comento. El balance: casi dos años desperdiciados sin ninguna política respecto al cada vez más alarmante desempleo juvenil y lucha contra la informalidad.

La pregunta que surge es: ¿qué hará el nuevo presidente Martín Vizcarra con este “presente griego” de PPK? ¿Tendrá el criterio objetivo de derogarlo por inconveniente o continuará la senda de su antecesor y evitará tomar medidas impopulares a pocos días de asumir la presidencia? Es aun prematuro, pero creo que éste es un elemento de lo que será la regulación laboral en los tres años y medio de su mandato. Si será más de lo mismo (o sea, nada) o tomará las medidas valientes que se necesitan para promover la generación de empleo formal y reducir la brecha entre la formalidad y la informalidad.