CésarLuna Victoria
El Derecho al Revés Por César Luna Victoria

Sin quererlo, la idea fue de Garganta Profunda II. Susan Boreman (Linda Lovelace) fue la primera garganta, se le llamó así por el título de la película porno que la hizo famosa. Mark Felt fue el segundo, lo utilizó como seudónimo para filtrar información a Bob Woodward y a Carl Bernstein, los periodistas del Washington Post que denunciaron el espionaje a las oficinas del Partido Demócrata en el edificio Watergate. La metodología que siguió Mark Felt para llegar hasta los verdaderos responsables es la que ahora, casi cincuenta años después, están resucitando las administraciones tributarias de todo el mundo.

Fue en la madrugada del 14 de junio de 1972. Cinco ex-CIA fueron detenidos en Watergate. Habían robado pruebas sobre donaciones irregulares para la campaña de reelección del presidente Nixon e instalado micrófonos para espiar. ¿Quién había dado la orden? Obvio, el Partido Republicano. OK. ¿Pero quién, con nombre y apellido? ¿Fue una autoridad local menor o comprometía a los más altos niveles? Ése fue el trabajo de Woodward y Bernstein. Garganta Profunda II confirmaba la data que conseguían, pero cuando ya no hubo más, enseñó un criterio que revolucionaría toda investigación.

El final ya se conoce: el jefe de la Casa Blanca, H. R. Haldeman; el consejero presidencial John Ehrlichman, y otros hombres de confianza de Nixon fueron encontrados culpables. Para protegerlos Nixon trató de influir indebidamente en las investigaciones. Por obstruir a la justicia fue procesado políticamente y tuvo que renunciar cuando era inminente un proceso criminal. Gerald Ford, su sucesor, lo amnistió. Woodward y Bernstein ganaron un premio Pulitzer por su trabajo, escribieron Todos los hombres del Presidente, que se llevó al cine con Robert Redford y Dustin Hoffman. Ganó cuatro premios Óscar.

La identidad de Garganta Profunda II fue un misterio hasta que, poco antes de morir, el mismo Mark Felt se identificó. Era el número 2 del FBI y, a la muerte del legendario J. Edgar Hoover, debía sucederle. Pero Nixon lo postergó para designar a Patrick Gray. Mark Felt siguió como número 2, en posición de conocer demasiado. Cuando se presentó la ocasión, el despecho pudo más y se la cobró a Nixon. Pero ¿cómo llevó de la mano a los periodistas para comprometer a la Casa Blanca? ¿Cómo probar que las órdenes para robar y espiar habían venido de los más altos niveles de la política americana?

Como era previsible, las órdenes fueron verbales y desde la Casa Blanca fueron descendiendo, hasta los niveles más operativos. Ni un acta ni un memo ni un contrato, nada de nada. No había evidencia alguna para juzgar a los responsables. Las cintas que el presidente Nixon autograbó de sus conversaciones en su despacho, la Oficina Oval, sólo confirmarían después que sus hombres de confianza estaban involucrados. Pero para cuando esas cintas fueron reveladas, Haldeman y Ehrlichman ya estaban jaqueados. ¿Cómo supieron llegar hasta ellos? ¿Cuáles fueron las evidencias de su participación?

Dicen que Garganta Profunda II dijo “… following the money” (“… sigan el dinero”). Y eso fue lo que los periodistas hicieron. Descubrieron que a los detenidos en Watergate se les había pagado desde una cuenta del Comité de Reelección del Presidente, administrada por Howard Hunt y Gordon Liddy. Ellos y los cinco detenidos en Watergate fueron los primeros condenados. Pero también se descubrió que desde otra cuenta en México se les había pagado para que no incriminaran a nadie más. Era la plata negra de la campaña de reelección de Nixon. Las cintas revelarían que Haldeman y Ehrlichman la controlaban.

Desde entonces la regla “sigan el dinero” es una regla básica de toda investigación. La fiscalización tributaria la ha adoptado. Primero Estados Unidos con su ley Fatca (Foreign Account Tax Compliance Act) obliga a los bancos a reportar transacciones financieras y depósitos y a identificar el “último beneficiario” de ellos. Luego la OCDE elevó la evasión tributaria a nivel de crimen internacional y lanzó su programa BEPS (Base Erosion and Profit Shifting) o cómo luchar contra la reducción de la base gravada con impuestos y contra la transferencia de utilidades a territorios con menor imposición.

La OCDE ha logrado que Suiza elimine el secreto bancario y será efectivo a partir del próximo año. También ha promovido un convenio multilateral entre noventa países con objetivos similares a los de la ley Facta, pero mejorado porque compartirán automáticamente toda la información bancaria que obtengan (Automatic Exchange of Finantial Information). Para ello cada país colgará en una plataforma virtual la información uniformada (CRS, Common Reporting Standard), sin tanto papeleo burocrático. Una verdadera metástasis de data bancaria mundial en poder de las administraciones tributarias.

Los paraísos fiscales ya no existirán. En la lista de noventa países están, entre otros, Andorra, Bahamas, Bermudas, las islas Vírgenes, Caimán, Curacao, Chipre, isla de Malta, Lichtenstein, Luxemburgo, Panamá y Suiza. En adelante el país que no recaude información financiera y no la comparta será un paria internacional. El Perú aún no ha firmado el convenio y ya nos miran con mala cara. Sin embargo hay data acumulada con lo del impuesto a las transacciones financieras (ITF) y la protección constitucional al ‘secreto bancario’ tiene los días contados. Los bancos también se están preparando. Pregúnteles.

A fin de cuentas, lo que realmente es útil es la data sobre los movimientos bancarios. Será cuestión de tiempo para que nuestra Sunat acceda a esa data internacional, cruce datos y decida fiscalizar y cobrar deudas. Ya no es sólo un tema de política interna. El Perú quiere pertenecer a la OCDE para el 2021, como quien entra al tercer centenario de independencia siendo socio del club de las economías más serias del planeta. Como parte de la cuota de entrada, nos van a exigir que participemos en esa danza de intercambio de data bancaria y de mayor fiscalización tributaria.

Por eso lo de Panama Papers es data del siglo pasado. Ha servido para curiosear sobre las empresas creadas por algunos personajes públicos, pero no da para nada más. Lo serio va por el análisis de la data bancaria. ¿Van a “seguir el dinero”? ¿Cómo se generó? ¿En qué cuenta se depositó? ¿A qué cuenta se transfirió y por qué? ¿ Quiénes controlan las cuentas, de quién es el dinero? De nada servirán las telarañas corporativas ni los artificios contables ni las maniobras legales. Papelito ya no manda en temas tributarios. La ruta del dinero desnuda las verdaderas intenciones y a los verdaderos responsables.

¿Qué hacer? Muy poco. Quizá sea útil hacer nuestras propias auditorías, evaluar contingencias y hacer provisiones para pagar las culpas cuando llegue el momento de la verdad. Mi opinión: antes debiera haber una amnistía que permita regularizar fortunas a cambio de un impuesto extraordinario. El MEF y la Sunat no la quieren, pero en los países OCDE han adoptado amnistías como parte del programa y, ya se sabe, aquí hacemos lo que se hace allá. No servirá para limpiar delitos, pero tampoco será el Apocalipsis. Costará algo, dolerá un poco más. La vida cambiará, todos pagaremos impuestos.