CésarLuna Victoria
El Derecho al Revés Por César Luna Victoria

Para no herir susceptibilidades, advertiré que lo de “perro” va como elogio y como crítica. “Messi es un perro” es el relato insignia de un libro de cuentos de Hernán Casciari. Para él, Lionel Messi es el ¿primer? ¿último? ¿único? hombre-perro de la historia. Lo compara con el perro de su infancia, Totín, que no se perturbaba por timbres ni ladrones hasta que alguien tomaba una esponja. Entonces, Totín se transformaba, sus ojos se concentraban en ese objeto, no había nada que lo distrajera, recuperaba habilidades olvidadas, todo para arranchar la esponja a quien la tuviera y llevarla al hueco donde dormía. Luego se calmaba.

Messi hace lo mismo, según Casciari. Pero, en su caso, la esponja es la pelota. Messi parece sólo tener ojos para ella y no quiere otra cosa que llevarla al arco. Como al Totín del cuento, nada lo distrae. Ni las zancadillas, ni las jaladas de camiseta, ni los golpes a los tobillos. No se tira al suelo para forzar un penal, ni ensaya dolores para que sancionen al agresor. Quizá trastabilla, pero ajusta el traspié como última gambeta, antes del gol. Los demás gritan y celebran el gol. A Messi, en cambio, sólo se le dibuja una sonrisa cómplice de palomilla y saluda al cielo para agradecer a la abuela que, de niño, lo llevó a entrenar.

Eso lo hace técnicamente superlativo y humanamente extraordinario. Por eso lo queremos. Todos, menos la Administración Tributaria de España que ha logrado que lo sentencien como criminal por fraude fiscal. Tranquilos. La prisión no será efectiva porque los meses de cárcel son pocos y se suspenden si, como todo indica, sigue siendo buen muchacho. Mucho antes de la sentencia, Messi ya había pagado a la Administración Tributaria todo lo que reclamaba, más multas e intereses. Así que, de momento, la pelota no se mancha y Messi continuará jugando, haciendo lo que a nosotros nos gusta de él: buen fútbol y goles maravillosos.

¿Qué pasó? El asunto tiene que ver con lo que Messi cobra por la “explotación de su imagen”, esto es, por participar en campañas publicitarias invitándonos a ser exitosos como él si compramos lo que consume. Por si no lo sabe, por estos derechos, Messi gana mucho más que lo que cobra al Barcelona por jugar fútbol. Estamos hablando de todo el dinero del mundo. Pues bien, las ganancias por publicidad no fueron declaradas ni pagaron impuestos en España, que es donde reside Messi. Peor aún, la Administración Tributaria demostró que Messi ocultó “deliberadamente” las ganancias para no pagar los impuestos.

Ese fue el crimen. La historia es una estructura legal en la que se sobreponen varias empresas. Como primer paso, Messi transfirió los derechos de explotación de su imagen a empresas en Belice y Uruguay por cuatro reales, casi por nada. El tribunal concluirá que “… en la cesión de los derechos del jugador se aprecia una apariencia contractual que no parece guarde estrecha y congruente relación con la auténtica voluntad de los intervinientes: los precios de la cesión de los derechos de un jugador como Lionel Messi eran, o bien ridículos o bien inexistentes …”. Este fue el principal error de la estructura.

Luego, las empresas en Belice y Uruguay transferían los derechos a otras en Suiza y Reino Unido, pero esta vez a precios de mercado. Estas eran los verdaderos agentes, los que negociaban los contratos de publicidad y los que cobraban el valor real de los derechos de Messi. Cobrados esos derechos, las empresas en Suiza y Reino Unido retenían para ellas la comisión pactada y distribuían el saldo a las empresas en Belice y Uruguay, libre de impuestos. Al llegar el dinero a Belice y Uruguay tampoco se pagaba impuestos. La estructura estaba diseñada para no pagar impuestos en ningún lugar.

Para explicar esto hay que recordar que, en este mundo globalizado de operaciones transnacionales, los países establecen si los impuestos se cobran “en fuente” o “en residencia”. El país de la fuente es aquel donde se realiza la operación que genera la ganancia, en tanto que el de residencia será el del domicilio de la empresa o persona que genera esa ganancia. En el Perú, por ejemplo, los residentes pagamos impuestos por “fuente mundial”, es decir, por todas las rentas sin importar dónde las obtenemos; en tanto que los no residentes sólo pagan por las de “fuente peruana”, esto es, por las generadas en el Perú.

Se eligieron Belice y Uruguay primero, y Suiza y Reino Unido después, porque en esos países, bajo determinadas condiciones, no se pagan impuestos por “fuente mundial” sino sólo por “fuente local”. En ese esquema, los ingresos por publicidad venían del resto del mundo y los que se generaban en el Reino Unido se reconocían en Suiza y viceversa. Así, ninguna de las empresas reconocía ingresos de “fuente local” y fluían hacia Belice y Uruguay libre de impuestos, donde tampoco eran de “fuente local” y tampoco pagaban impuestos. Desde allí se realizan inversiones sin pasar por España.

El tribunal no sancionó a Messi por aprovechar las ventajas de esa estructura legal, sino porque esa estructura sólo se utilizó para eludir tributos. Establecerá en la sentencia que “… la obtención de dichos ingresos fue ocultada a la Hacienda Pública (…) mediante una estrategia (…) consistente en crear la apariencia de la cesión de los derechos de imagen del jugador a sociedades radicadas en países cuya legislación tributaria permitía la opacidad, tanto sobre la existencia de aquéllas como de la identidad de sus socios y la realidad de sus operaciones…”. “Apariencia”, “opacidad” y “ocultamiento” son las palabras claves.

Lo de “apariencia” tiene que ver con el valor de la cesión de derechos a Belice y Uruguay que, como ha sido comentado, fue a precios ridículos. Si se hubiese pactado a precios de mercado, todo el dinero hubiese fluido a Messi y no habría habido elusión alguna porque éste habría temido que reconocer toda la ganancia en España. Pero también tiene que ver con la ”materialidad” de las empresas en Belice y Uruguay, que existían en el papel de los contratos pero no en la realidad. Por eso es que tienen que ceder los derechos a Suiza y Reino Unido, que serán finalmente quienes se encargaron de toda la explotación por publicidad.

Lo de “opacidad” tiene que ver con el régimen que tenían Belice y Uruguay, que permitían sociedades con acciones “al portador”. De este modo, los verdaderos dueños y beneficiarios podían permanecer ocultos. Llama la atención que para España, ni Belice ni Uruguay estaban en la lista de paraísos fiscales y por eso fueron elegidos. Sin embargo no fue relevante para el tribunal, que estableció que: “… ello no impide considerar que se comportaban exactamente igual (…) permitiendo, en lo que aquí importa, que el beneficiario final permaneciera oculto para el fisco español”.

El fraude fiscal consiste, precisamente, en “ocultar” los ingresos utilizando “apariencia” y “opacidad” (con “ardid” o “ingenio”, según la ley peruana). No fue, entonces, por la creatividad de la estructura legal, porque para el tribunal “… es corriente que los derechos de imagen de los deportistas se exploten mediante el uso de personas jurídicas; tampoco está prohibido el uso de países con fiscalidad laxa. Lo que no resulta admisible es que ello se haga con opacidad total para el fisco…”. El fraude se produce porque toda esa estructura legal carecía de sentido económico, no era a precios reales y sólo servía para eludir impuestos.

La Administración Tributaria tiene actualmente muchos instrumentos para combatir la elusión. Desde siempre, digamos desde los romanos, la “simulación” nunca surtía efectos legales, pero era complicado demostrarla porque tenía que acreditarse la “verdadera intención” de los contribuyentes y esto es bien subjetivo. Ahora se ataca por el lado de los precios, que es objetivo. En rigor, comercial y financieramente, las partes pueden pactar el precio que quieran, pero para efectos tributarios el impuesto se liquida sobre el valor de mercado. Este fue el punto débil de la estructura de Messi, allí se desmoronó todo.

Además, ya no hay paraísos fiscales como los entendíamos antes. Ya no se toleran sociedades con acciones “al portador” y se exige que se identifiquen a dueños y beneficiarios. Aún más, los abogados y los bancos están obligados a “conocer al cliente” y reportar “operaciones sospechosas”, bajo responsabilidad de pagar multas fortísimas o de ser cómplices de fraude fiscal. Por si fuera poco, las administraciones tributarias concentran toda esa información y la intercambian entre sí en redes mundiales. El país que no ingresa a esas redes se convierte en un paria internacional, todos están haciendo cola. El Perú también.

Por si fuera poco, están vigentes las reglas CFC (Controlled Foreing Companies), que obligan a pagar impuestos por las ganancias de las empresas que controlamos en el exterior. Ya no habrán más offshores para ocultar ganancias. Si las ocultamos, por ahorrar algo de tributos, nos enredamos en problemas penales. Si estas reglas hubiesen estado vigentes en España cuando se generaron los ingresos sancionados, Messi habría tenido que declarar las ganancias de sus empresas en Belice y Uruguay. Ya no hay escapatoria. Estamos en un mundo transparente. Todo se sabe, todo se conoce.

Es un nuevo mundo. El paradigma cambia. Actualmente, desgracia ser corrupto. La opinión pública se indigna porque el corrupto roba a todos. Falta muy poco para que a ese paradigma se sume el que comete fraude fiscal, porque hace exactamente lo mismo. Lo de Messi parecía un esquema altamente profesional, consistente e infalible. Ya se ve que no. ¿Subjetivo? ¿Quién nos da seguridad jurídica? ¿Estamos a merced de las malditas administraciones tributarias? No. La verdad es la verdad, en la vida y en los negocios. Si la verdad está gravada, habrá que pagar impuestos, disfrazarla es meterse en líos. Como el de Messi.