CésarLuna Victoria
El Derecho al Revés Por César Luna Victoria

A menos de 30 días útiles del vencimiento del plazo (29 de diciembre) para regularizar rentas no declaradas, debieran quedar pocas dudas. Pero el ánimo está tibio y muchos contribuyentes están deshojando margaritas. En principio no debiera haber duda alguna, porque el régimen reduce a 10% tasas que llegan hasta 55% por declarar esas rentas fuera del beneficio. Estas altas tasas consideran un impuesto de 30%, más cinco puntos porcentuales por año de retraso en multas e intereses. Algunos errores incrementan las incertidumbres. Vamos a comentarlas.

1. Me van a expropiar mis dólares

Muchos dudan acogerse por el “riesgo país”. Temen que un cambio de política lleve al poder a la izquierda radical y se repitan las expropiaciones de Velasco y las capturas de dólares del primer gobierno de García. Recuerdan que eso mismo pasó en el “corralito” de la Argentina post Menem o, más sutilmente, durante el gobierno de Kirchner o, ahora, en la Venezuela de Maduro. Para este perfil de contribuyente no hay beneficio que valga, porque al revelar cuánto tengo y dónde lo tengo me expongo a que capturen mis dólares en un futuro que, aunque remoto, es posible. Mi opinión: no creo que ocurra.

Un ataque hostil de una izquierda radical no vendrá por ahí. Al Perú le sobran los dólares. Es uno de los pocos países donde el cambio de moneda es libre y callejero. Nuestra economía está sumamente dolarizada. Es gracias a que nuestra balanza comercial (exportaciones vs importaciones) está equilibrada y cualquier déficit es ampliamente cubierto con los dólares que ingresan por inversión directa. Tan es así que, con frecuencia, el BCR tiene que salir a comprar dólares para retirarlos del mercado y evitar que el tipo de cambio se dispare. Las expropiaciones de dólares ocurren cuando no los hay, no cuando abundan.

Si hubiese un ataque hostil vendrá por otro lado, por el de la recaudación fiscal, donde sí empezamos a tener un déficit muy grave. Durante 20 años (1992 a 2012), el Perú mantuvo una disciplina fiscal muy estricta. Sólo se gastaba lo que se recaudaba de tributos, sin excesos, sin déficit. Pero en el gobierno de Ollanta Humala coincidieron dos efectos negativos. La recaudación bajó porque las empresas ganaban menos porque había caído el precio de los minerales y pagaban menos impuestos y, simultáneamente, el gobierno empezó a gastar más con sus programas sociales. La tormenta perfecta.

Revertir el déficit fiscal tomará tiempo. Los especialistas sostienen que controlando el gasto e incrementando la recaudación por la ligera subida del precio de los minerales, el déficit recién se cubrirá el 2021. Pero incrementar la recaudación de verdad exigirá medidas políticas muy impopulares: eliminar contrabando y narcotráfico, incorporar actividades informales (en minería, tala, pesca, transporte y servicios), eliminar exoneraciones tributarias ineficaces (IGV + ISC en la Selva, CETICOS, Zonas de Frontera, IGV a diversos productos). Quizá en ese contexto, el “impuesto a los ricos” sea lo menos complicado.

Entonces, el ataque vendrá como un impuesto al patrimonio o a la herencia, como existe en varios países de la OCDE. Si fuese así, nos enteraremos mientras las leyes se debaten y aprueban. Tiempo suficiente para recurrir a los trust de última generación que ayudan a diferir el impacto de los impuestos. Nada que inventar, todo eso ya funciona en otros países, todo legal, nada irregular. Mi consejo: supere los traumas de nuestro pasado, no volverán como los vivimos, acójase a la amnistía, pague la tasa de 10% para mantener su capital en bancos del exterior, declare y pague impuestos en adelante y, eso sí, tenga un plan B para organizar su trust en caso extremo.

2. Sunat, el menor de los problemas

Otros contribuyentes especulan que los bancos no entregarán tan pronto ni tan fácil data a la Sunat o que ésta no estará lo organizada que se requiere para analizar toda la data que pudiera recibir. Mientras tanto apuestan a que transcurra el tiempo para que “prescriban” las deudas tributarias. Es más un deseo interesado que real. Pocos han reparado que el secreto bancario ya no existe, que se han firmado convenios multilaterales para intercambio de información y que se aceleran los protocolos para recibir y procesar big data. Además, el déficit fiscal va a presionar a la Sunat como no lo ha hecho antes.

No obstante, la Sunat es el menor de los problemas. Esos mismos bancos que usted apuesta a que no entregarán data son los mismos que ya han empezado a pedirle que acredite el “cumplimiento” de las obligaciones tributarias, porque si no lo hacen, las leyes los hacen responsables y cómplices de los fraudes fiscales y lavados de activos. Serán, no lo dude, más cancerberos que la misma Sunat. Si el banco no está satisfecho con sus acreditaciones tributarias, simplemente le cerrará la cuenta y tendrá que peregrinar, cual paria, hasta que otro banco se digne en recibirle el dinero. El negocio ya cambió.

Pero ha aparecido otro enemigo, más poderoso e invisible. Los hackers, que intervienen data de los administradores de offshores. Sucedió con Mossak & Fonseca en Panamá y, más recientemente, con Appleby en Bermuda en lo que se ha llamado los Paradise Papers. Claro, lo que buscan son los escándalos. Buscan reyes, políticos, astros del deporte, actores y actrices, fama + glamour por si están mezclados con fraude fiscal. Usted no les interesa. Pero la lista completa está en Internet y si usted está allí será un daño colateral, porque de seguro la Sunat le pedirá explicaciones. Mejor se acoge y se cura en salud.

3. Piense en dólares, pero sume y reste en soles

Un dato realmente disuasivo es que la amnistía cierra patrimonio al 31 de diciembre de 2015, cuando el tipo de cambio estaba en su pico de S/.3.5, casi un 10% por encima de los S/.3.2 de estos días. Por tipo de cambio, los mismos dólares de 2015 serán más soles en 2017 y, como el impuesto se calcula en soles, pagará más impuesto. No debiera ser así, salvo el dinero, los demás activos se valorizan a su “costo histórico”, al tipo de cambio en la fecha de compra. Mientras más temprano se hubiese comprado, el tipo de cambio será menor.

Otra posibilidad es no valorizar los activos, sino los pasivos. Me explico. Si tengo una offshore, mi patrimonio no es la suma de los activos que esa offshore tiene, sino las cuentas pasivas que esa offshore me debe por las habilitaciones o los aportes transferidos. El famoso “origen del dinero”, son las rentas reales que no declaré y transferí a la offshore. Pues bien, las transferencias a la offshore siempre son anteriores a la compra de activos de esa offshore. Si se regularizan los aportes, en lugar de los activos, se aplicarán tipos de cambio más antiguos y, lo dicho, serán los mismos dólares, pero menos soles y menos impuestos. Compare.

4. La sociedad testaferra

Quizá una de los beneficios más significativos es la posibilidad de “liquidar” las offshore para atribuirnos directamente sus activos. En cualquier otra circunstancia, esa atribución hubiese generado un impuesto por la “ganancia” entre el valor de mercado de los activos y su “costo histórico”. Dentro de la amnistía, la transferencia se hace al valor del “costo histórico”, no hay ganancia y no se considera venta. Pero recuerde que esta regla se aplica sólo “dentro” de la amnistía, esto es, que sólo podrá atribuirse activos hasta el valor de las rentas regularizadas. El exceso, si lo hubiese, queda en la offshore.

Lo importante de esta regla es que también se aplica a empresas peruanas, con RUC y todo, porque lo de “interpósita persona” también se refiere a sociedades, sin indicar si son peruanas o extranjeras. No obstante, aunque la ley no lo precisa, habría que cumplir con dos requisitos: (a) los verdaderos propietarios deberían haber estado ocultos, detrás de offshores o de testaferros; y, (b) la empresa peruana debería haberse limitado a comprar o construir los activos y, en su caso, a administrarlos. Entran en este supuesto todas las unidades inmobiliarias compradas o construidas mediante testaferros.

5. Las rentas en la offshore no prescriben

Conforme a la regla de la “prescripción” de las deudas tributarias, se estableció como criterio rector que la Sunat ya no podría cobrar deudas anteriores a 2013 para quienes hubiesen presentado declaraciones juradas o anteriores a 2011 para quienes no lo hicieron. Pero esta regla sólo se aplica para las rentas percibidas directamente por los contribuyentes en sus cuentas bancarias. Excepcionalmente también se aplica para las rentas que desde una fuente pagadora fueron transferidas a una cuenta offshore, pero existen pruebas de que esa transferencia se hizo por encargo del contribuyente.

La razón es que las rentas percibidas por la offshore no son rentas del contribuyente hasta que se distribuyen. Con esa distribución se origina la obligación de pagar el impuesto y el derecho de la Sunat a cobrarlo y recién se inicia el plazo de prescripción. Por tanto, las rentas acumuladas en la offshore no han prescrito, no importa que tan antiguas pudieran ser, porque al no haber sido distribuidas, respecto de ellas no ha corrido plazo alguno de prescripción. Sin embargo, la amnistía permite acogerlas con la tasa de 10% reduciendo la tasa de 30% que se debiera aplicar cuando sean efectivamente distribuidas.

6. Mal negocio esto de las offshore

Si alguna vez fueron útiles, no lo son más. Ni siquiera por privacidad, porque ya dejaron de ser anónimas. Los bancos exigen que se identifique al “verdadero beneficiario”, los hackers ya lo saben y la Sunat lo sabrá. Salvo los trust de última generación, no hay otro vehículo legal que garantice confidencialidad. Pero esos trust están regulados por las superintendencias de bancos de los países donde se constituyen. Habrá confidencialidad, pero no elusión tributaria, los administradores se encargarán que no la haya. A lo más permitirán que los impuestos a la renta y a la herencia se difieran.

Pero, a cambio de esa privacidad, se pagará doble impuesto. Uno en la fuente donde se genera la renta y otro cuando el beneficio se retira del trust. Lo del impuesto en fuente nunca interesó, porque la cultura era no pagar impuestos. Pocos reparaban que lo que el portafolio recibía era lo neto, después de que la fuente retuviese el impuesto que correspondía. Acumulados los beneficios en el trust, su redistribución a los beneficiarios genera otro impuesto a los contribuyentes en el Perú, al 30% por ser rentas extranjeras, sin que el impuesto pagado en fuente pueda ser aprovechado como crédito, porque no lo pagó el contribuyente sino el trust.

Eso no ocurrirá si el portafolio está a nombre del contribuyente, sin offshore ni trust de por medio. Para eliminar especulaciones, se debiera regular los efectos fiscales a los trust extranjeros. Conforme a las nuevas reglas, los trust debieran ser “transparentes” en un doble sentido. Si el fundador (settlor) es o fue residente en Perú, las rentas serán gravadas en Perú y el trust deberá pagar el impuesto en Perú, pero se le debe reconocer como crédito el impuesto pagado en fuente. En cambio, si el settlor es o fue no residente, el trust sólo deberá pagar impuestos en Perú por las rentas generadas en el Perú. En cualquier caso, el beneficiario, usualmente heredero, ya no debe pagar nada cuando retire beneficios. Hay que legislar.

7. Cash, money money

Basta que jure que tuvo dinero en efectivo al 31 de diciembre de 2015 para que lo pueda regularizar con una tasa de 10%. Nos vamos a hacer los tontos, porque ese dinero es renta de este año y debe pagar 30%, pero así son los beneficios. Aprovéchelo. Advertencia: coordine con su banco el protocolo de entrega, porque tienen límites diarios para recibir dinero en efectivo. Además, demuéstrele que ese dinero “razonablemente” viene de sus operaciones comerciales, que no las declaró pero que ahora las regulariza en la amnistía. Convénzalo que no provienen de ningún otro acto ilícito. Ya sabe usted que la amnistía sólo alcanza al fraude fiscal y al lavado de activos asociado a ese fraude. No aplican otros delitos. Pero ese, felizmente, no es su caso.