RobertoMontero
El Valor de tu Patrimonio Por Roberto Montero

Son varios los artículos que he escrito sobre la importancia del ahorro previsional dentro del planeamiento financiero de cada persona. Ello me llevó también a escribir en un par de ocasiones sobre el sistema de pensiones peruano. Si bien no soy experto en el tema, sí conozco lo suficiente sobre planificación financiera y gestión de inversiones como para aportar un punto de vista válido e independiente a este debate.

Si tuviera que hacer una crítica central a la reforma del sistema de pensiones iniciada a principios de los noventas sería haber dejado funcionar al Sistema Nacional de Pensiones (SNP) como alternativa viable al Sistema Privado (SPP). Como todos sabemos, ambos sistemas no son comparables (cuentas individuales vs. fondo común), lo cual hace poco coherente hacerlos competir entre sí. Es más, considero que es irresponsable seguir incentivando a las personas que opten por el SNP, el cual está prácticamente quebrado.

Este punto de partida me sirvió hace un tiempo para hacer una propuesta sobre la complementariedad de ambos sistemas. En vez de subsidiar a todos los pensionistas del SNP, el Estado debería velar únicamente por aquellas personas que no han logrado un nivel de pensión que les permita vivir dignamente en su etapa de retiro. Pero para acceder a ello, el trabajador (dependiente o independiente) debe aportar a su fondo dentro de un régimen privado (cualquiera fuera este). Es decir, el Estado únicamente complementaría el aporte o subsidiaría directamente una parte de la pensión de jubilación. Esto puede incluso integrarse con otros programas de subsidio como Pensión 65.

El siguiente punto es comprender que el sistema de pensiones debe velar por todos los trabajadores, y no solo por el sector formal. Esto significa que para que la reforma funcione debe integrar eficientemente a toda la masa laboral, sean dependiente, independiente o informal. Obviamente este cambio se debe realizar de manera progresiva y coherente con las características de cada sector.

Yo sé que a nadie le gusta tener que aportar (voluntaria o forzosamente) parte de sus ingresos hacia un objetivo que muchas veces se ve tan lejano. Por ello considero que el Estado debe incentivar este aporte, para lo cual podría hacer uso de deducciones fiscales u otras herramientas que logren el objetivo. Yo sé que muchos defensores del libre mercado pueden discrepar, pero debemos tener en cuenta que si un gran porcentaje de personas se jubila sin una pensión suficiente, se convierte en un problema social enorme que nos va a pasar la factura a todos nosotros.

Estos dos puntos iniciales que he mencionado deben integrarse con un sistema de pensiones privado que funcione eficientemente. En los últimos días he escuchado comentarios que relacionan la rentabilidad que tienen las administradoras de pensiones (AFP) con los retornos de los portafolios bajo su gestión. Me parece gracioso porque son conceptos no comparables. Por ejemplo, el ROE promedio de los principales bancos locales está alrededor del 20%, mientras que la tasa de los depósitos para los ahorristas en dichos bancos promedia el 5%. ¿Por qué no salimos a protestar contra esos bancos? Están ganando cuatro veces más que los intereses que nos brindan! Obviamente, aquellos que comprenden de gestión de inversiones y estructuración de negocios saben perfectamente que esta comparación sería lo mismo que mezclar “papas con camotes”.

Estoy convencido que a muchas personas les molesta que las AFP generen utilidades. Desde mi punto de vista, si las AFP están ganando dinero, bien por ellas. No debemos usar ese argumento con fines de agitación política. Lo que debemos tratar es hacer competitivo el negocio para que los afiliados se beneficien. Al respecto, una pregunta válida sería: ¿si el negocio de las AFP es tan rentable, porqué solo tenemos cuatro? La respuesta es bastante sencilla: Porque el negocio de gestión de inversiones, a todo nivel, es un negocio de escala. Necesitas un volumen de activos bajo administración grande para que los retornos del negocio empiecen a multiplicarse. En el momento que superas tu punto de equilibrio, todo el exceso entra “directo a la vena”. Pero el mercado peruano es muy reducido, porque se ha enfocado únicamente en los trabajadores formales, que representan apenas un tercio de toda la fuerza laboral. Entonces, ¿cuál sería el mecanismo para generar mayor competencia? Expandir el número de aportantes.

La siguiente pregunta válida sería: ¿La competencia debe ser sólo entre las AFP peruanas? Personalmente pienso que no. Cada uno debería poder decidir hacia dónde dirigir sus aportes, sea en instituciones locales o extranjeras. Aquí debo recalcar que los productos deben ser explícitamente para pensiones. No podemos pensar que invertir en un depósito a plazo o en un fondo mutuo local puede reemplazar a una AFP. Recuerden que el objetivo de una inversión conlleva a la estrategia y táctica que implementará el gestor de inversiones. Por ello, si el objetivo es la jubilación, no podemos invertir en productos de corto o mediano plazo. Para evitar estos errores, el regulador debería mantener un registro actualizado de entidades locales y extranjeras con productos vinculados a las pensiones en los que puedan invertir válidamente las personas.

Si bien esta posibilidad de libre elección es atractiva, creo que muchos de nosotros nos haríamos la siguiente pregunta: ¿qué nivel de conocimiento tiene el peruano promedio para poder tomar una decisión tan importante como esta? Como toda decisión especializada, uno debe aprender a asesorarse correctamente. Esto abriría un campo muy importante y hasta ahora no abordado por la SMV, que son los asesores patrimoniales (Financial Advisors). Este segmento de profesionales deberían tener regulación y licencia por parte de la SMV para poder ofrecer asesoría de calidad en estos temas, tal y como sucede en los países desarrollados.

El siguiente punto que debería abordar la reforma es la búsqueda de flexibilización de las inversiones de las AFP. Esto es una parte central por cuanto nos permite dejar de fijarnos en el costo y buscar la diferenciación como atributo del producto. Un primer paso sería incentivar la creación de más fondos o incluso sub-fondos dentro de cada AFP, con la posibilidad de tener más de un fondo en tu plan de jubilación. La idea es que no todas las AFP ofrezcan las mismas alternativas, sino que puedan lanzar diferentes productos para atraer mayores aportes y brindarle al afiliado un servicio diferenciado. Esto es básico si queremos abrir el espectro de opciones que tienen los aportantes hacia los gestores de fondos de pensiones internacionales.

Para que esta flexibilización funcione y las AFP puedan competir con otras alternativas, se deben replantear al menos dos aspectos: (i) los límites para las inversiones en el exterior deben ser amplios. Recordemos que las AFP manejan el equivalente al 20% del PBI. A ello se le suma que el mercado de valores local no tiene liquidez y no cuenta con suficientes alternativas de inversión; y (ii) debe desaparecer la rentabilidad mínima, por cuanto desincentiva la diferenciación en las inversiones. Si lo que se busca es comparar las rentabilidades, lo correcto es crear un benchmark a partir de índices de mercado, no comparar a las AFP entre sí.

Estoy consiente que estos puntos de vista deben ser debatidos por los diferentes sectores y consensuados para lograr un sistema de pensiones eficiente. Pero ello no debe disociarse de la esencia que se busca: el ahorro previsional. Es imprescindible fomentar e incentivar, tanto desde el sector público como privado, una cultura de ahorro e inversión a todo nivel. En el caso específico de la jubilación, si hemos formado un patrimonio sólido durante nuestra vida laboral, la rentabilidad de este capital nos permitirá complementar la pensión que nos otorgue la institución de pensiones que hayamos elegido. Recordemos que el mayor riesgo que enfrentaremos en el momento de la jubilación es la longevidad. Todo parte por planificar y tomar con responsabilidad nuestro futuro.

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