RobertoMontero
El Valor de tu Patrimonio Por Roberto Montero

Puedo calcular el movimiento de los cuerpos celestes, pero no la locura de las masas” (Isaac Newton)

El hombre por naturaleza es un ser gregario, lo que significa que tiende a estar en grupo para sentirse bien. Esta vida en comunidad implica contar con ideas comúnmente aceptadas por todos. ¿Por qué menciono esto? Porque esta naturaleza humana nos permite comprender mejor el famoso “efecto manada” en las inversiones, es decir, la facilidad que tenemos en dejarnos llevar por el entusiasmo (depresión) del mercado en períodos de bonanza (caída).

Mercado Irracional

La frase del inicio la pronunció Isaac Newton luego del estallido de la burbuja de los “Mares del Sur” que dio inicio al crack de 1720. Todo comenzó con los derechos exclusivos que supuestamente tendría “South Sea Company” sobre el comercio con las colonias españolas (Tratado de Utrecht), a cambio de lo cual asumió toda la deuda que el imperio británico había generado luego de la guerra de sucesión española. Cuando los términos del tratado no fueron los esperados, las accionistas empezaron a crear rumores para incentivar que cada vez más inversionistas aporten capital y así financiar su gigantesca deuda. Incluso crearon vehículos que facilitaban la especulación, como la compra de acciones con promesa de recompra, o el financiamiento para que nuevos inversionistas adquieran sus acciones. Esto involucró a inversionistas de todo tamaño, incluida la banca. El precio de las acciones de South Sea Company pasaron de 128 libras en enero de 1720 a 1,000 libras en agosto. Cuando los inversionistas empezaron a vender sus acciones para pagar el financiamiento recibido, se creo una ola vendedora que llevó el precio a 100 libras hacia finales del mismo año. En el camino quebraron numerosos bancos e inversionistas, entre ellos, Isaac Newton.

¿Notan alguna similitud con las burbujas que nos han tocado vivir en las últimas décadas (burbuja punto.com, burbuja inmobiliaria US)? Si bien todas las burbujas parecen obvias al final, casi siempre es difícil anticiparnos hasta que han estallado. Ello porque siempre nos creemos el cuento de: “esta vez es diferente”.

Veamos otra breve historia. Seguramente muchos de ustedes conocen a Harry Markowitz, padre de la teoría de portafolios y premio Nobel 1990. Algunos años después de publicar su teoría, Markowitz tuvo que decidir cuanto asignaría a las acciones y bonos dentro de su portafolio personal, decidiendo hacerlo 50/50. Su sustento se basó en equilibrar el sentimiento que tendría en caso el mercado de acciones suba y él no esté invertido, o si éste bajara y él estuviera invertido al 100%. Como ven, el propio Markowitz no pudo aplicar su propia teoría a la hora de decidir cómo estructurar su portafolio personal.

La irracionalidad a la hora de invertir es pan de cada día. Pero si comprendemos un poco cómo funciona nuestra mente cuando invertimos, podremos limitar esta irracionalidad en nuestras decisiones e incluso sepultar el efecto manada. Según la economía conductual, podemos detectar cuatro factores psicológicos centrales que bloquean nuestra capacidad para tomar decisiones racionales:

1. Exceso de confianza. Cuando converso con inversionistas es increíble la cantidad de historias de éxito que me cuentan. Todos compraron en el piso y vendieron en el pico. Lo increíble es que cuando se les pregunta por las pérdidas, las justifican echándole la culpa al mercado. Es decir, cuando ganamos es por nuestro gran habilidad y conocimiento, pero cuando perdemos es por culpa de Humala, la crisis en US, las elecciones en Brasil, etc. Esta soberbia para invertir muchas veces nos lleva a asumir riesgos innecesarios, concentrando gran parte de nuestro patrimonio en pocos activos, porque supuestamente “hemos descubierto la tendencia exacta de tal o cual acción”.

2. Sesgo en nuestras decisiones. Tendemos a ponderar con mucho mayor énfasis nuestras experiencias más recientes a la hora de tomar una decisión de inversión. Un claro ejemplo es la crisis del 2008. Luego de esta crisis, gran parte de los inversionistas se salieron del mercado de acciones y huyeron hacia la renta fija de bajo riesgo. Esto parece ser un comportamiento coherente, pero el problema es que esta salida se produjo en los mínimos del mercado de acciones (mercado sobre-castigado). Los dos años siguientes (2009 y 2010) las acciones más riesgosas en US (small growth stocks) fueron las que mejor rendimiento lograron (retornos superiores al 30% anual). Incluso hasta ahora hay persona que no desean entrar al mercado de acciones porque recuerdan cuanto perdieron en la crisis.

También lo he visto bastante en fondos mutuos internacionales, en donde las personas que perdieron dinero durante la crisis (especialmente en las bancas privadas) no quieren invertir en estos fondos. Este comportamiento está claramente sesgado y carece totalmente de racionalidad. Si dejáramos de invertir en cada activo en el que hemos perdido dinero, nos quedaríamos con muy pocas opciones.

3. Presión social. ¿Cómo perderme la fiesta cuando todos está bailando? Un ejemplo reciente lo vivimos con el auge de las mineras junior en la BVL. Todos se quedaron sorprendidos del crecimiento de estas acciones. Podías duplicar o triplicar tus fondos en poco tiempo. En todas las reuniones se hablan de este éxito. Las casas de bolsa “vendían” estas acciones como pan caliente. Para cada nueva colocación de estas empresas, muchos inversionistas vendían sus posiciones con mejores fundamentos para comprar las acciones junior. Si no las tenías en tu portafolio, estabas fuera del círculo. Se creó una moda sin fundamento alguno. Luego de la crisis y la caída de los metales, estas acciones poco líquidas terminaron en muchos casos con precios cercanos a cero, nadie podía salir de sus posiciones. Sin exagerar, les puedo decir que uno de cada dos portafolios que asesoré entre el 2012 y 2013 tenía más del 80% de sus posiciones en mineras junior y las personas no sabían qué hacer para recuperar su dinero. Todo por asumir un riesgo para el cual no estaban preparados.

4. Fobia a las pérdidas. Creo que este punto es el más álgido para todos. Nadie quiere perder. He visto muchas personas convertir sus decisiones de trading (corto plazo) en estrategias de largo plazo para evitar perder. Lo coyuntural se vuelve estructural. Esto empeora cuando se crea la necesidad de generar mayores retornos para compensar las pérdidas no realizadas y volver al punto de equilibrio.

Les cuento un caso. Una persona tenía más del 50% de su portafolio invertido en una sola acción que la compró por encima de los 70 centavos y que venía cayendo sistemáticamente. Con mi socio de aquel momento le hicimos una propuesta de restructuración de su portafolio que involucraba la venta de dichas acciones a niveles de 60 centavos. ¿Cuál creen que fue la decisión del cliente? La típica respuesta de alguien que desea engañarse a sí mismo: “Quiero ver un poco cómo va la acción”. Dos meses después la acción estaba por debajo de 40 centavos. A la fecha esta persona no ha vendido la acción, la cual cotiza ahora en 24 centavos. Como ven, la objetividad se pierde cuando se trata de tu dinero.

Creo que nadie se salva a estos cuatro factores. Personalmente confieso que he incurrido en todos ellos con mis inversiones personales, aunque siempre he guardado disciplina con la gestión de portafolios de terceros. Lo importante es que una vez que conocemos mejor estos aspectos, es más sencillo minimizarlos. Por ello les esbozo a continuación algunos puntos que debemos tener en cuenta para lograr una mejor estrategia y táctica en nuestras inversiones.

Análisis y visión. Debemos estar en capacidad de sustentar nuestras decisiones de portafolio ante cualquier comité de inversiones, no importa si el portafolio es personal. Para ello, debemos analizar objetivamente el contexto global y esbozar un escenario futuro vinculado a nuestro horizonte de inversión. Esos son los pilares a partir de los cuales recién podremos identificar las oportunidades y estructurar nuestro portafolio.

Cuánto queremos ganar. Aquí la respuesta no puede ser: “lo más que se pueda”. Debemos ser realistas en nuestro rendimiento esperado, dada nuestra tolerancia al riesgo. No podemos seguir pensando que una inversión debe rendirte 50% como era antes en la BVL. La rentabilidad esperada debe ser una consecuencia del objetivo que deseamos alcanzar a nivel personal o familiar. No obstante, debemos ser coherentes entre el tamaño nuestro capital y estos objetivos.

Saber cortar las pérdidas. Esto es lo más difícil, pero debemos recordar que siempre hay un costo de oportunidad. Es mejor perder poco con disciplina y luego reinvertir en otras opciones, que esperar sentado a que una acción se recupere. Si tú no te sales, otro lo va a hacer, y eso va a llevar a que el precio siga cayendo. No obstante, se debe ser prudente en la elección del “stop loss”. Su nivel dependerá de la volatilidad del activo. Por ejemplo, si invertimos en un activo muy riesgoso, no podemos poner “stop loss” cercano al precio actual debido a que podríamos salir de nuestra posición ante la primera corrección que veamos.

Coherencia con nuestra visión. Si alguno de los supuestos que tuvimos para diseñar nuestro portafolio pierde vigencia, debemos plantear rápidamente una táctica que corrija nuestras inversiones. Esto se conoce como rebalanceo de cartera, es decir, aprovechar los cambios coyunturales para adecuar nuestra táctica y adaptarnos al nuevo contexto. Esto sucederá tanto cuando no se cumplen nuestros supuestos, como cuando nuestra visión es correcta pero el mercado aún no la ha internalizado.

Como ven, no estoy descubriendo la pólvora con esta receta. Lo que trato de transmitir es que toda inversión requiere de un método y una disciplina. Sin estas herramientas estamos a merced de nuestra irracionalidad a la hora de invertir. Esto lo expresó mejor Benjamin Graham a inicios del siglo pasado: “El mercado es como un péndulo que siempre oscila entre el optimismo insostenible (que hace que los activos sean demasiado caros) y el pesimismo injustificado (que hace que los activos sean demasiado baratos). El inversor inteligente es una persona realista, que vende a optimistas y compra a pesimistas”.

Debemos aprender a ser inversionistas inteligentes, tomando decisiones realistas y fundamentadas, dejando de lado nuestra codicia que nos lleva a la irracionalidad y comprendiendo que invertir no es un juego o una moda, sino una actitud responsable frente a nuestro futuro personal y familiar.

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