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El Valor de tu Patrimonio Por Roberto Montero

“En inversiones, lo que es cómodo rara vez es rentable”
Robert Arno

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Hace unos días conversaba con unos amigos sobre mi artículo de fondos mutuos y me hicieron dos comentarios que me animaron a escribir este post. Uno de ellos me dijo que más sencillo era tomar el dinero, ponerlo en un depósito al 5% y vivir de los intereses. El otro me preguntó si estos fondos garantizaban el capital invertido.

Ambos comentarios los he escuchado infinidad de veces y las respuestas parten por comprender mejor dos conceptos claves dentro de este negocio: el ahorro y la inversión. Si bien en macroeconomía básica aprendemos como identidad que S = I (ahorro = inversión), en el mercado de capitales esto no es así. Y es que hay algo que aún no se termina de entender, o que quizás los que estamos de este lado de la industria no lo sabemos transmitir correctamente: ahorrar no es lo mismo que invertir.

La diferencia parte de dos conceptos sencillos pero importantes: la renta y la ganancia de capital. Supongamos que hace dos años compré un departamento en US$100,000 y lo estoy alquilando. Los pagos mensuales que recibo por el alquiler se denominan “renta”. De ahí que el término “rentista” represente a la persona que busca generar un flujo constante y periódico de ingresos con su patrimonio (como sería el caso del primer amigo que les comenté). Este perfil fue el nicho de mercado con el cual las bancas privadas a nivel mundial empezaron su apogeo. El concepto es sencillo: si tienes un patrimonio importante, vive de las rentas del mismo. Para ello debes asumir el menor riesgo posible y así evitar que tu patrimonio se reduzca. Esto significa que la tasa de interés promedio que se obtenga será conservadora (mucho menor al 5% anual en dólares que esperaba mi amigo).

Volviendo al ejemplo del departamento, si en un momento del tiempo logramos venderlo en US$300,000, la diferencia entre el precio de compra y venta (US$200,000) se denomina “ganancia de capital” (si el precio de venta hubiese sido menor, se hablaría de una pérdida de capital). A esta variable se refería mi segundo amigo al preguntarme si el capital inicial estaba garantizado. Obviamente, el perfil de él se asemeja más a un “ahorrista”, pues no desea que su capital se vea comprometido.

Tanto la renta como la ganancia de capital, son los dos pilares sobre los cuales se construye y consolida la gestión de nuestro patrimonio, y nos sirve a su vez para comprender la diferencia entre ahorrar e invertir:

  • El ahorro busca preservar nuestro capital, sin arriesgarlo (aquí no hablamos de riesgo de impago). Este tipo de activo financiero sólo genera renta. El vehículo clásico para lograr esto es una cuenta de ahorros o un depósito a plazo. Conforme va pasando el tiempo, los intereses se capitalizan y logramos hacer crecer nuestro patrimonio. No obstante, al ser una alternativa de bajo riesgo, el retorno (tasa de interés) también es menor.
  • La inversión implica asumir un mayor riesgo y nos permite generar renta y también ganancia (pérdida) de capital. Un nivel de riesgo más elevado nos permite alcanzar un retorno esperado mayor. Cuando tenemos objetivos ambiciosos, es necesario contar con un plan de inversión profesional. Por ejemplo, en países desarrollados las personas empiezan a invertir para el fondo universitario de sus hijos desde que éstos nacen. Asimismo, en muchos lugares las personas toman planes paralelos de inversión para mejorar su futura pensión de jubilación.

A nivel patrimonial, ambos elementos deben estar presentes. El ahorro te permite mantener liquidez y preservar parte del patrimonio, mientras que la inversión te permite el crecimiento y la acumulación del capital.

El ahorro debe ser destinado para contingencias de nuestro capital humano (ingresos futuros derivados de nuestra profesión). Por ejemplo, es conocido que nuestro fondo de ahorro debería cubrir al menos entre 3 y 6 meses de ingresos mensuales. Lo importante aquí no es la rentabilidad, sino la protección del capital y la liquidez, o, en otras palabras, la facilidad para usar estos fondos rápidamente ante cualquier contingencia.

Una vez cubierta esta parte, podemos empezar con el proceso de inversión, que buscará incrementar nuestro capital financiero (activos) a través de la ganancia de capital. A diferencia del ahorro, la inversión es un proceso mucho más complejo, por lo que seguramente vamos a requerir de un asesor especializado.

¿Que opciones tenemos para invertir? Son muchas las opciones que tenemos a través de los diversos activos financieros. A continuación, detallo algunos de los vehículos de inversión que nos permitirán consolidar este proceso.

  • Fondos mutuos y fondos no previsionales: Nos permiten acceder a un portafolio amplio sin necesidad de montos elevados de inversión. Este vehículo aprovecha las economías de escala para ofrecernos diferentes alternativas en activos, regiones, monedas, etc. La variedad de fondos es amplia, no sólo en el ámbito local, sino especialmente en el internacional.
  • Inversión directa: es cuando la persona realiza sus inversiones directamente en el mercado a través de un intermediario bursátil (sociedad agente de bolsa, broker, banco). El acceso a los diferentes tipos de activos dependerá del tamaño de los fondos invertidos. Al no tener economías de escala, este vehículo requiere montos mayores de inversión. Adicionalmente, se requiere que la persona tenga el tiempo necesario para analizar las opciones del mercado y ejecutar las operaciones de compra/venta.
  • Administración discrecional: esta alternativa es para personas o familias con un patrimonio medio o alto. Consiste en delegar la administración del patrimonio en un gestor profesional, quien estará a cargo de estructurar un portafolio de inversión a la medida. Esta alternativa es como tener tu propio fondo mutuo.
  • Inversiones en el sector real: compra de inmuebles, empresa propia, entre otros. Este tipo de inversiones es de alto riesgo, en la medida que está concentrada en un solo tipo de activo. Asimismo, requiere de montos de inversión elevados y un conocimiento específico sobre el sector en el cual estamos ingresando. A veces resulta mejor hacer estas inversiones a través de activos financieros como los REITs (Real Estate Investment Trust), fondos de inversión o fondos mutuos (fondos inmobiliarios, fondos de infraestructura, private equities), con el objetivo de diversificar y lograr reducir el riesgo.

Un mito que quiero desechar es la idea que, si tenemos una elevada aversión al riesgo, estamos destinados a tener que poner todos nuestros fondos en depósitos bancarios. Esto no es así, porque cada tipo de activo presenta alternativas con diferentes niveles de riesgo. Por ejemplo, si queremos comprar bonos, podemos encontrar emisores con bajo riesgo de impago (default-risk) y plazo corto. Incluso si invertimos en acciones, tenemos alternativas de bajo riesgo conocidas como “acciones defensivas”, que usualmente agrupan a empresas en etapa de madurez con políticas de dividendos (renta) estables y atractivas (entre 2% y 4% anual en dólares). Adicionalmente, tenemos las acciones preferentes (con dividendos preferenciales) y las REIT, cuyo marco tributario las lleva a repartir al menos el 90% de sus utilidades, con lo cual se puede obtener entre 4% y 6% anual en dólares por dividendos.

En todos estos casos, logramos un riesgo bajo que le permitirá al inversor dormir tranquilo. Pero, obviamente el retorno esperado también será menor. La gran diferencia es que tendremos la posibilidad de realizar una ganancia de capital, algo que un ahorrista no tiene.

¿Por qué un “gringo” tiene el “chip” de abrir un plan de inversión desde que nace su hijo? Porque es parte de su cultura. Debemos empezar a crear una cultura de inversión patrimonial, la cual nos brinde mayores alternativas y oportunidades en la creación de riqueza. Esto evitará también que tantas personas caigan en las redes de los productos multinivel, piramidales, etc. Para invertir hay que informarse, asesorarse si es necesario y dejar de pensar que sólo lo pueden hacer las personas con mucho dinero. Les propongo algo, separen una parte de su gratificación y destínenlo a invertir en el activo que prefieran. Si no conocen, busquen asesoría en sus bancos, SAB, amigos que trabajan en el sector, etc. Y si su respuesta es que la gratificación la usarán para pagar sus deudas, necesitan con urgencia replantear sus finanzas.

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