RobertoMontero
El Valor de tu Patrimonio Por Roberto Montero

Solo soy rico porque sé cuando estoy equivocado … básicamente he sobrevivido al reconocer mis errores
George Soros

El mes pasado me tocó capacitar un equipo de banqueros que tendrá el reto de gestionar el patrimonio personal de sus clientes. Obviamente el enfoque fue que comprendan los conceptos de portafolios de inversión, niveles de tolerancia al riesgo, diversificación, retornos objetivos, etc. Sin embargo, reflexionando al respecto me di cuenta que muchas veces olvidamos enseñar la parte más básica de todas, y es ahí donde lo construido con tanto esfuerzo por una persona se puede derrumbar.

Quizás una de mis frases favoritas es “back to basics”. Y en la gestión de patrimonios privados, la base de todo son las finanzas personales. Justo en una conferencia sobre este tema hace varios años atrás un ex-socio trató sobre los malos hábitos que tenemos al gestionar nuestro dinero bajo el título “Los siete pecados capitales”. Estos “pecados” son sencillos y fáciles de entender, pero sumamente difíciles de seguir. Pero debes entender que si no los desechas, no podrás realmente empezar a gestionar tu patrimonio de manera eficiente y profesional. Aquí te los dejo para que los revises, los contrastes con tu vida y aprendas a no cometerlos en adelante.

1. Primero gastamos y si queda dinero, ahorramos

¿Qué es primero, el huevo o la gallina? ¿Sólo puedes ahorrar si previamente has pagado tus deudas? La facilidad de comprar cosas muchas veces te quitan la perspectiva de la planificación básica. Cualquier gasto, incluyendo el pago de tus deudas, debe realizarse luego de separar una parte para tu ahorro personal o familiar (aparte de tus aportes a la AFP y CTS). Dependiendo de cada persona y situación económica, este ahorro podrá ser elevado (20%-30% del ingreso) o pequeño (5%-10% del ingreso). Quiero resaltar que no es malo que gastes tu dinero, pero siempre debes hacerlo teniendo en cuenta tus objetivos y necesidades de corto, mediano y largo plazo. Para cumplir estos objetivos, es necesario construir y consolidar tu patrimonio, lo cual sólo se puede lograr en base al ahorro y la inversión.

2. Aprovechar las promociones para comprar “de todo”

El consumismo es una característica marcada dentro de nuestra sociedad, siendo las promociones la herramienta idónea para hacer que compres más de lo que necesitas. Cada vez que veo las clásicas ofertas de 3×2, 2×1, me pregunto si realmente necesitamos dos o tres productos, o con uno es suficiente. Las empresas te venden la “idea” de ahorro al comprar el tercer producto más barato, pero se olvidan de tu costo de oportunidad. ¿Porqué comprarías algo que realmente no necesitas? Y repito, no es malo aprovechar las ofertas, el problema es cuando quieres comprar cada vez que ves una promoción, por más que no la necesites. Recuerda lo siguiente: “si no lo necesitas, aunque cueste un centavo, es caro”.

3. Mi mejor amiga, la tarjeta de crédito

Es muy común evaluar el costo de un producto o servicio en base a la cuota mensual que deberás pagar con tu tarjeta de crédito. Y el problema es que no se comprende que una tarjeta de crédito involucra un préstamo bancario contra una línea de crédito a una tasa de interés, la cual es usualmente mayor al promedio de los otros productos bancarios. Este enfoque ocasiona que termines pagando, sólo en intereses, más de lo que costó el producto, y encima luego algunos le echan la culpa a las entidades financieras! Otro engaño es que vivas pagando los montos mínimos que figuran en los estados de cuenta, lo cual sólo te lleva a ser un eterno deudor. En mi opinión, tener dos tarjetas de crédito es suficiente (de preferencia de diferentes marcas y bancos), siendo el criterio de elección las condiciones que nos ofrecen en costos, tasas de interés, flexibilidad y beneficios no financieros.

4. Dejar todo para último momento

Si algo debes tener en tu vida financiera por encima de todo, es el orden. Esto involucra que estructures tu presupuesto vinculando tus ingresos y gastos con tus objetivos y metas de corto, mediano y largo plazo. Por ejemplo, si tienes que pagar alguna deuda, trata de no esperar al día de vencimiento, porque siempre puede suceder una contingencia que resulte en alguna mora. Si extrapolas este concepto en el tiempo, hay decisiones que no puedes dejar al azar. Si tus hijos están en el colegio debes empezar a proyectar desde hoy el ahorro para la universidad, y así evitar llegar a dicho momento sin ningún fondeo. Lo mismo se puede aplicar cuando deseas realizar viajes: si planificas con tiempo, podrás encontrar mejores tarifas de vuelo, hoteles, servicios turísticos, entre otros.

5. El lugar más seguro para mi dinero: debajo del colchón

Aún no entiendo qué seguridad nos puede dar tener el dinero físicamente con nosotros. Se puede encontrar personas con cierto nivel de “paranoia financiera” que creen que las entidades financieras les quieren “robar” sus ahorros. Como ya te he mencionado, el ahorro te permite formar tu riqueza y alcanzar tus objetivos (universidad, viajes, casa propia, libertad financiera, entre otros). Ahora bien, para que este ahorro crezca sistemáticamente debe capitalizarse en el tiempo. Si tu ahorro no genera rentabilidad, será poco lo que podrás alcanzar como metas. No se trata de arriesgar tu dinero, sino hacer que crezca razonablemente en el tiempo. Si quieres ahorrar, recibirás una renta por tus depósitos, si deseas invertir, tendrás además la posibilidad de generar ganancia de capital. Pero debes hacerlo crecer. Es sentido común.

6. Soy muy joven para preocuparme por el futuro, es mejor vivir el presente

Les cuento una breve historia: Cuatro amigos de diferentes edades toman la decisión de empezar a invertir para su jubilación S/. 150 mensuales. Las edades de estos amigos son 25, 35, 45 y 55 años. En el momento de la jubilación (65 años) el primer individuo (el más joven) tendrá en su cuenta más del doble que el segundo y 17 veces más que el cuarto (asumiendo una tasa de interés de 8% anual). La conclusión de la historia es más que evidente: cuanto más temprano empieces a ahorrar, mayor será tu patrimonio y mayores serán los objetivos que podrás cumplir con dichos recursos. Al inicio seguramente tu ahorro será pequeño, pero te permitirá capitalizarlo en el tiempo para empezar a construir tu patrimonio. Aquí la palabra clave es “capitalización”.

7. El hábito sí hace al monje

Estoy seguro que conoces a alguien que se compró su casa de playa en el mejor lugar de Asia, pero no tiene para pagar el colegio de sus hijos; o que tiene un guardarropas completo pero sus deudas no le permiten dormir. Muchas veces las personas buscan aparentar cierta bonanza financiera y caen en deudas insostenibles que comprometen sus necesidades básicas. La regla aquí es muy clara: organiza tus gastos y agrúpalos en aquellos prioritarios, como son alimentación, salud y educación; y aquellos secundarios (todo lo demás). Sólo debes gastar en el segundo grupo, una vez que hayas cubierto el pago del primer grupo. Y nunca tomes una deuda que comprometa el gasto prioritario que has identificado.

Quiero terminar este post con una frase que me llamó mucho la atención y consolida muy bien lo escrito hasta ahora: “No me digas cuánto crees que vales, muéstrame tu presupuesto y te diré lo que realmente vales” (Joe Biden). Esta frase la asocio bastante con las herramientas de valorización de empresas que se emplean para tomar decisiones de inversión. Para saber cuánto vale una empresa, se proyectan sus flujos de caja y se traen a valor presente. Si el valor resultante es mayor al que está en el mercado, es una buena alternativa de inversión. Eso mismo sucede a nivel personal. No importa cuántos activos tengas, si no tienes el flujo de caja para pagarlos, no vales nada financieramente.

Estoy seguro que tienes estos siete conceptos muy claros, pero “pecas” en al menos el 50% de ellos (igual que yo). La labor que tienes tu (o tu asesor) es minimizar estos errores en tu vida financiera. Luego de ello recién podrás empezar con el proceso de gestión patrimonial. Y para aquellos que se dedican a la asesoría patrimonial personal o familiar, recuerden que siempre deben empezar por lo básico antes de emprender lo complejo.

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