Carlo MarioDioses
Emprendedor ejecutivo Por Carlo Mario Dioses

La actividad empresarial en el Perú es impresionante y cada vez hay más iniciativas privadas y públicas que buscan desarrollar startups, es decir, emprendimientos exitosos que rápidamente generen valor. De acuerdo con el INEI, el promedio de altas empresariales –negocios nuevos o que se reactivan– entre el 2013 y junio del 2015 fue de 730 al día. Al cierre del año pasado, el stock de empresas fue de 1’876,740 –sin considerar la administración pública–, de las cuales el 95% son microempresas, es decir, negocios que obtienen ingresos al año hasta por 150 UIT o S/.577,500 a su equivalencia actual. En buena cuenta, hay seis empresas por cada cien personas en el país.

Si las cifras anteriores no lo impresionan hasta el momento, entonces veamos la otra cara de la moneda: diariamente 426 empresas dejan de operar en el país por cierre o cese definitivo o temporal. Así las cosas, el saldo neto de nuevos negocios al día es en promedio de 304, es decir, el 42% de las altas reportadas.

¿Por qué en promedio sólo el 42% de las empresas permanecen activas? Existen varios problemas que impiden el éxito empresarial, es decir, la sostenibilidad rentable de un negocio en el tiempo. Muchas veces cuando se analizan los emprendimientos se considera que el principal problema del emprendedor es el capital –tiene de todo menos los recursos para llevar adelante el proyecto– cuando, sin embargo, tan importante como eso es la falta de experiencia en gestión empresarial, es decir, herramientas que le permitan conducir día a día un negocio.

La tesis que planteamos en una investigación privada es que hay dos acciones estratégicas que incrementan la probabilidad de éxito de un negocio: desarrollar marcas y realizar algún tipo de innovación.

En efecto, cuando se valoriza un negocio, una parte importante del valor está en el goodwill, es decir, la diferencia entre el valor de mercado de la empresa (fair value) y el patrimonio al costo contable. Ese goodwill es el valor generado por los activos intangibles del negocio, como las marcas, los contratos, los modelos de gestión diferenciados, la cartera de clientes, la relación con proveedores, entre otros. El desarrollo de una marca es entonces una forma efectiva de generar valor. No obstante, la mayor parte de los negocios (microempresas) no lo usan, como la gran cantidad de tiendas comerciales (bodegas), talleres de manufactura o fábricas producción de bienes no perecibles. En este caso se incluyen también aquellas marcas que se registran, pero que en la realidad no se invierte en su desarrollo o difusión.

Innovar, por su parte, es un camino eficaz hacia la diferenciación. Cuando se piensa en innovación se tiende a considerar sólo el desarrollo de nuevos productos como lo hizo Steve Jobs en Apple, cuando en realidad se puede innovar de varias maneras: El Manual de Oslo (OCDE y Eurostat) distingue cuatro formas de innovación: en productos, procesos, marketing y organización. Hacer cambios que mejoren sustancialmente la rentabilidad –sea por ingreso, por costo– es innovar. Las mismas tiendas comerciales (bodegas), talleres de manufactura o fábricas de producción que no generan marcas tampoco suelen hacer una gestión diferente de la de sus competidores, es decir, no innovan.

Un dato a considerar es que el número de altas empresariales están cayendo en relación directa con la desaceleración económica. Mientras que en el 2013 se crearon 784 negocios por día, en el 2014 esa cifra fue de 720 y a junio del 2015 fue de 684. Es un buen momento para analizar esta realidad con más detalle.