Juan CarlosMathews
Escala Global Por Juan Carlos Mathews

No hay duda de que el Perú, tal como lo refleja la progresiva mejora en el ranking anual del World Economic Forum (WEF), ha tenido avances significativos en materia de competitividad. En la medición correspondiente al año 2012-2013, el Perú se situó en el puesto 61 sobre un total de 144 países. Esta posición se ha logrado escalando paso a paso. En el 2007-2008 ocupó el puesto 86 (sobre un total de 131 países), en el 2008-2009 mejoró tres posiciones colocándose en el puesto 83. En las mediciones del 2010-2011 y el 2011-2012 el Perú mejoró 5 y 6 posiciones respectivamente.

Los aspectos principales que explican esta mejora se centran en la estabilidad macroeconómica del país (puesto 21), las políticas de liberalización y la sofisticación del mercado financiero, entre otros aspectos. En contrapeso, persisten sin embargo retos referidos al funcionamiento de instituciones públicas, excesiva burocracia, escasa infraestructura de transporte, débil independencia del poder judicial, baja calidad de la educación, limitada utilización de las tecnologías de la información, baja capacidad de investigación + desarrollo y tecnología, etc.

Por encima de ello, donde sí existe una preocupación justificada es en la sostenibilidad del crecimiento de nuestra economía y de los indicadores de desarrollo económico a futuro. Estas dudas se fundamentan en la necesidad de avanzar en reformas integrales en áreas críticas como educación, salud, ciencia y tecnología, entre otras.

Sin embargo, estas reformas deben ampararse en un marco institucional sólido que las sustente.

Institución e institucionalidad

Se entiende como institución la forma en que se relacionan los seres humanos de una determinada sociedad o colectivo buscando el mayor beneficio para el grupo. Son los usos, hábitos, costumbres o normas por los que se rigen las relaciones sociales y económicas entre los miembros del grupo.

El beneficio de la institucionalidad es mayor mientras más eficiencia genere en la economía y menores sean los costos de transacción e información. Esto es posible mientras mayor sea la experiencia de los agentes que participan, mientras más sencillas y transparentes sean las reglas y mientras menor sea el número de individuos responsables de su ejecución.

Institucionalidad en el Perú

El desempeño económico de cualquier país se respalda en la calidad de sus instituciones y de los equipos que las conforman.

Por ello, para pensar en crecimiento y desarrollo sostenible consolidando lo ya avanzado por el país, el Perú debe superar los retrasos en áreas importantes que se incluyen en la medición de competitividad del WEF 2012-2013: independencia del Poder Judicial (puesto 119), costos empresariales derivados del crimen y la violencia (119), cargas burocráticas del marco regulatorio (119) y confianza pública en políticos (120), entre otros indicadores.

Una institucionalidad fuerte alienta la vigilancia y el cumplimiento a bajo costo de los contratos y los derechos de propiedad, estimula un ambiente económico y social favorable para el crecimiento económico, y fomenta la cooperación y coordinación entre los diferentes agentes. Esto se traduce en un incentivo directo para la inversión.

Por consiguiente, fortalecer la institucionalidad reduce el riesgo y la percepción de incertidumbre, disminuye los costos de transacción, incentiva el ahorro, aumenta la inversión, estimula la innovación tecnológica y facilita el intercambio de bienes y servicios.

El término institucionalidad, por tanto, no debe entenderse como un concepto gaseoso. Particularmente en el caso peruano, para lograr desarrollo sostenible, es decir, con creciente bienestar para más peruanos, resulta fundamental implementar reformas en el marco institucional y extender como práctica cotidiana el diálogo público-privado para avanzar.