SergioBorasino
Factor Humano Por Sergio Borasino

Dado el entusiasmo mundialista, reposteo una publicación de julio del 2015:

Ganar un mundial dispara el espíritu colectivo y… nada más. Este orgullo y positividad que puede compartir el país entero, a diferencia de la percepción común, últimamente no causa mayor impacto en la economía del país, afirman los estudios.

El poder del deporte: pasión y unión

Cuando un equipo representa al país, el deporte tiene la capacidad de unificar y mover pasiones. ¡De esto no cabe duda!

Une porque desvanece diferencias y prejuicios: no importa a qué club se pertenezca ni la edad ni si se es hombre o mujer, indiferente o no al deporte en cuestión, cuando juega el país todos llevamos una sola camiseta. Apasiona porque el deporte se vuelve sinónimo de identidad. Y cuando se discute sobre identidad no hay lugar para la lógica, sólo creencias y corazón, como en la política, como en la religión.

Hecho: perder impacta, ganar no

Los estudios confirman que las victorias no reflejan un alza en los mercados y, sin embargo, las derrotas sí causan un efecto negativo. Un 0.39% a la baja como media después de darse una derrota en un partido del tipo torneo mundial mayor. Y un 0.29% a la baja como media después de darse una derrota en los demás torneos internacionales. Estos números los arroja el estudio “Football and Stock Returns”, que condujeran investigadores del MIT, la universidad de Dartmouth y la escuela de negocios de Noruega[1].

Cuando Inglaterra perdió 1 a 0 contra Irlanda del Norte en el partido clasificatorio para el Mundial de Alemania, al día siguiente el FTSE del Reino Unido cayó 0.5%. Similarmente, cuando Argentina perdió 4 a 1 frente a Brasil, en la final de la Copa Confederaciones, el Merval cayó 0.5%[2].

Aunque suene extraño, las investigaciones demuestran que si bien cuando el equipo nacional gana un campeonato mundial el ánimo de la población se eleva enormemente, éste no tiene mayor efecto en los índices económicos.

“Ningún gobierno se sostiene con goles, lo sabemos. Esto nada más contribuye a nuestro estado de ánimo de un fin de semana, de ahí no pasa”, afirma, respecto a los mundiales de fútbol, Juan Villoro, escritor mexicano y autor del libro Balón dividido. “Si México le gana a Brasil, al día siguiente nos van a parecer más sabrosas las tortillas, todo nos va a parecer más barato… esto es una ilusión y dura poquito”[3]. Esta sensación de alegría por obtener un éxito desaparece con facilidad sin dejar mayor impacto. ¿La razón? “El éxito es un blanco móvil”, explica Shawn Achor, PhD de Harvard y experto en psicología positiva[4]. Ni bien se obtiene un logro, el ánimo sube, el cerebro se programa en busca del próximo logro, y al poco tiempo se vuelve a los antiguos niveles de ánimo, sea que se gane un mundial, la lotería o se obtenga un ascenso.

Obviamente un triunfo nacional siempre será algo ansiado y muy bien recibido. Ganar es una emulsión que repara o fortalece el espíritu colectivo de un país; más allá del optimismo eleva la confianza y autoestima de la identidad nacional, lo que en el largo plazo sí que impacta en el crecimiento de un pueblo.

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1/2. Artículo “Los resultados de fútbol influyen en la marcha de los mercados”, de Kotaro Miyata

3. Entrevista a Juan Villoro en CNN

4. Presentación de Shawn Achor en TED

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