SergioBorasino
Factor Humano Por Sergio Borasino

¿Cuánto voy a ganar? ¿Cuánta gente y presupuesto voy a tener a cargo? ¿Qué tanto impresionaré a mis conocidos al contarles (o que se enteren) de la noticia de mi cambio? ¿Queda cerca de mi casa? Éstas son las preguntas que una persona se hace al evaluar su siguiente paso profesional, ya sea dentro de su misma empresa o cambiando.

Semanalmente, desde hace más de 12 años, caigo en esta conversación por lo menos dos veces. Amigos, candidatos, clientes, conversan conmigo de sus dudas acerca de qué les conviene hacer en el futuro. Muchos de ellos son líderes de grandes organizaciones, gente super bien preparada. Sin embargo, en muchos casos, pareciera que la recompensa inmediata nubla su visión estratégica de largo plazo, lo que los lleva a ignorar tres preguntas fundamentales:

  1. ¿Esta oportunidad construye un camino para lo que quiero hacer en diez años?
  2. ¿Cuál es mi exit-plan en caso esto no resulte?
  3. ¿Esto es algo que voy a disfrutar?

Elaboro uno por uno estos puntos a continuación:

Consistencia en plan a diez años

Cuando salieron de la universidad, la mayoría de personas pensaron en el mediano o largo plazo. Muchos optaron por trabajos en empresas escuelas (por ejemplo, IBM, P&G, Arthur Andersen, McKinsey, el BCP y otros). Algunos con paga baja y más de 70 horas de trabajo por semana. El plan era claro: un ascenso rápido y efectivo en el mundo corporativo. Sembrar hoy, cosechar mañana.

Muchos olvidaron esto. Frecuentemente me comentan que quieren cambiar de área, que van a otra empresa o país, por dinero o porque necesitan nuevos aires, o el reto les fascina, etc. Todos quedan pensativos cuando pregunto qué quisieran estar haciendo en diez años y cómo este nuevo paso construye un camino para que lleguen ahí.

La carrera corporativa, en la mayoría de los casos, es para los jóvenes. A los 55 años, para muchas empresas, eres un dinosaurio. Muchos lo saben y su plan es ser miembros de directorios, profesores, consultores, o poner su propia empresa. Sin embargo, sus decisiones diez años antes no guardan relación con este plan de largo plazo. Uno no llega a ser miembro de un Directorio el día que quiere. Se tiene que ir construyendo una experiencia y un set de cualidades en el tiempo para ser elegible. La competencia hoy es ardua y con el pasar de los años será aún más intensa. Lo mismo pasa con los otros planes.

Exit-plan

Algunos movimientos de los que escucho son arriesgados. Movidos por la crisis de los 40 o 50, según corresponda, muchos se envalentonan y abrazan el Carpe Diem. Personalmente aplaudo el entusiasmo. Sin embargo, creo que una cosa es ser amante del riesgo y otra es ser inconsciente del riesgo. Si el cambio que estas planeando hacer no te permite dar vuelta atrás sin mayores daños, yo lo pensaría dos veces.

“Dejo el mundo corporativo… ya me cansé de la política interna. ¡Voy a abrir una franquicia! o ¡voy a iniciar mi negocio propio!”. Me suena excelente siempre que el flujo de caja te permita invertir en eso y si fracasas (que siempre puede pasar), regresar a lo anterior sin ahogarte en el camino (y sin extrañar lo perdido). Otro final infeliz para esta situación es que no te guste lo que decidiste hacer. Que el día a día no sea tan satisfactorio como pensaste. ¿Ser entrepreneur es ser hands-on… ¿te provoca serlo de nuevo?

También vi casos de gente que dejó muy buenos puestos sin considerar que estos son “ilíquidos”, es decir, que hay pocos contratadores para esos puestos. Este no es el caso de un CFO o un director de Human Resources, pero si es el caso de la cabeza de R&D (research and development / investigación y desarrollo) de una empresa de alimentos o el de un gerente de riesgos de un banco, por ejemplo. Por más buenos que sean y por mucho que estén dispuestos a bajar su sueldo, si no hay vacantes, no van a poder volver a estos puestos en el corto/mediano plazo.

Amando tu trabajo

Muchos se dejan seducir por el glamour de una posición en cuanto a poder, compensación, imagen pública, etc. Dejan de lado lo que realmente quieren hacer. Se esconden detrás de excusas como el sueldo, el chófer que le da la empresa o el plan de bonos a largo plazo. Sin embargo, al hacer los números notan que ganando la mitad de lo que ganan hoy pueden ya sostener su estilo de vida como siempre lo desearon (sí, sin el chofer ni el bono, pero con una sonrisa en el rostro). Siempre pregunto: ¿qué harías si fueses millonario? Una vez que responden, les ayudo a entender que, en la mayoría de los casos, hoy tienen las herramientas para hacer lo que quieren. No necesitan los millones para lograrlo. Sólo la decisión. Sólo les falta decidir ser felices hoy y ahora.

Me parece que la única cosa acertada que dijo una famosa congresista peruana fue: “Vive la vida y no dejes que la vida te viva!Food for thought!

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