SergioBorasino
Factor Humano Por Sergio Borasino

“¡No entiendo! ¿Cómo una persona tan déspota puede llegar a ser CEO?”.

Por años escuché esta pregunta y la respondí con mi frase de cabecera para acertijos: follow the money. Pensaba que se debía únicamente a las utilidades que estos líderes traen en el corto plazo. El autoritarismo, la falta de diplomacia y/o moral son los instrumentos eficaces que ellos aprovecharon en el pasado. Pero hay algo más: una hipocresía consciente o inconsciente, pero hipocresía al fin y al cabo.

Los déspotas son aceptados por una parte de la población. Se glorifica a líderes oscuros que consiguen resultados sin evaluar cómo. Es el mismo efecto que hace que se vendan camisetas del Che Guevara o de Pablo Escobar: la gente sobrepondera los logros y se rinde ante el maquiavelismo —“el fin justifica los medios”—, sin entender las consecuencias ni ponerse en los zapatos de los maltratados.

Steve Jobs es el ejemplo más claro. El líder de Apple fue un tirano empresarial. Hacía y deshacía, pasando por encima de los procedimientos, y de sus empleados y socios. Muchos lo acusan de gritar y denigrar. Pero sus resultados fueron excepcionales en muchos sentidos: sacó a los accionistas de la quiebra para bañarlos en dinero; y sus inventos (el iPod o el iPhone) son grandes ejemplos de la innovación adorada por los consumidores. Su ímpetu lo llevó a ser despedido de la empresa que fundó, para volver cuando estaba al borde de la quiebra y salvarla.

Cuando Walter Issacson estaba por terminar Jobs, su biografía, le preguntó por su agresividad con las personas. Jobs respondió: “¡Mira los resultados! Trabajo con gente inteligente. Si realmente se sintiesen abusados, podrían obtener un trabajo de primer nivel en otra empresa de primer nivel…, pero no lo hacen”. Luego hizo una pausa y continuó: “y hemos hecho cosas asombrosas” (The Real Lessons of Steve Jobs, Harvard Business Review).

Cuando un directorio permite que su CEO sea un tirano, escoge los resultados por sobre las maneras. Después de todo, la obligación número uno del directorio es asegurar el retorno para sus accionistas. Muchos son tratados injustamente, denigrados, pero el directorio solo tiene ojos para las utilidades. Me pregunto si sus miembros consienten su maquiavelismo (porque al final del día están apoyando esas conductas y son corresponsables por los abusos). Me pregunto si ellos no saben que un tirano destruye el clima laboral y eso impacta las utilidades en el mediano y el largo plazo. O será que lo saben, pero aprovechan que este efecto es difícil de medir —¿cómo medir el costo de oportunidad de perder talento?— y consecuentemente fácil de ignorar.

Hasta hoy Jobs es idolatrado por millones que dicen odiar a los tiranos. Son maquiavélicos sin aceptarlo. Pasa también en la política, donde quienes apoyan el despotismo luego niegan con hipocresía sus actos oscuros (“no, no creo que robó o asesinó”), aún cuando la evidencia sea clara.

El ser humano está lleno de contradicciones. Pero los líderes déspotas seguirán existiendo siempre que haya gente que los elija y aplauda. Es hora de ser más consecuentes entre lo que decimos y hacemos.

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