GonzaloLlosa
Factor Económico Por Gonzalo Llosa

Gracias a las inversiones mineras de la última década, la economía peruana transita por una recuperación económica que, inusualmente, no ha sido acompañada por una recuperación del empleo y de la inversión. Esta situación refleja en parte la incertidumbre política del primer semestre. Resuelta esta incertidumbre, las políticas de Estado que planteará el próximo gobierno toman un rol importante para el destino del país en un contexto adverso.

La interrelación entre las políticas públicas y la economía es sumamente compleja. Después de todo, las políticas públicas buscan cambiar el estado de la economía (resumido en los recursos existentes, su utilización y su distribución) alterando el comportamiento humano. Esta complejidad puede generar situaciones en las que la excepción modifica a la regla. A continuación, explicaré tres elementos que complican esa interrelación:

  1. Las expectativas
  2. Los efectos colaterales
  3. La doble causalidad entre la economía y la elección de políticas públicas

La mayoría de decisiones responde a las expectativas sobre el futuro. Por lo tanto, políticas que deterioran las expectativas pueden tener efectos contraproducentes hoy. Esto ocurre cuando los agentes ‘racionales’ entienden que las autoridades no tienen incentivos a respetar sus promesas (ver Kydland & Prescott, 1978). Un ejemplo son los fallidos intentos latinoamericanos de estabilizar la inflación usando algún esquema de tipo de cambio predeterminado (ver Calvo y Vegh, 1991). Contrariamente a lo que esperaban las autoridades en su momento, estos esquemas sólo generaron una reducción transitoria de la inflación. El resurgimiento de la inflación se generó más bien sobre la base de abultados déficits fiscales y la percepción de que el gobierno no tenía los incentivos a generar superávits fiscales necesarios para sustentar el valor de la deuda pública y por ende sostener el valor de su moneda (ver Sargent et. al, 2009).

La mayor parte de políticas presenta efectos colaterales (o de equilibrio general). Por ejemplo, la apertura comercial tiene efectos positivos sobre el bienestar agregado y la capacidad productiva, pero tiende a incrementar la desigualdad de ingreso (ver Burstein et. al, 2011). Inclusive una expansión de la infraestructura puede presentar efectos colaterales negativos (ver Calderón y Servén, 2014). Si bien la infraestructura ayuda a estabilizar la demanda y eleva el crecimiento potencial, su financiamiento puede representar mayores impuestos en el futuro (cuando el costo del financiamiento excede la productividad marginal de la inversión), y desplaza de ese modo a otros factores productivos. Asimismo, la infraestructura puede tener efectos redistributivos no deseados dependiendo de la fuente de financiamiento (vía impuestos laborales o impuestos al capital) o del grado de complementariedad con los factores productivos (capital, mano de obra).

Si bien las políticas tienen efectos multidimensionales sobre el estado de la economía, éste también tiene efectos sobre el diseño de las políticas. El eslabón de esta doble causalidad (o equilibrio político-económico) son las instituciones (ver Acemoglu et. al, 2004).

Cuando las instituciones son sólidas, el sistema político reacciona de manera apropiada a las circunstancias (el estado de la economía). En este caso, cualquier fuente de inestabilidad es contrarrestada por reformas económicas coherentes, incluidos cambios institucionales. Por el contrario, cuando las instituciones son débiles, el sistema político se fracciona y el gobierno (o los votantes) reacciona alterando el orden institucional con objetivos populistas. Esta dinámica genera un ciclo vicioso bajo el cual el crecimiento y el deterioro institucional se retroalimentan (ver Rodrik, 1999). Como resultado, la economía se hunde en una profunda crisis económica, política y social. El desempeño del Perú durante las últimas tres décadas del siglo XX ejemplifica muy bien esta situación (ver Llosa y Panizza, 2015).

En resumen, la interacción entre economía y política es sumamente compleja. En ese sentido, un incorrecto planteamiento político puede convertir una regla en excepción y una excepción en regla. Por lo tanto, las políticas públicas deben ser analizadas profundamente desde un punto de vista multidimensional, tomando en cuenta las expectativas, los potenciales efectos colaterales y el orden institucional existente. Esta visión integral puede contribuir al éxito de largo plazo de las políticas de Estado.

Referencias

Acemoglu, Daron, Johnson, Simon & Robinson, James, 2004. “Institutions as the Fundamental Cause of Long-Run Growth,” NBER Working Papers 10481, National Bureau of Economic Research, Inc.

Burstein, Ariel, Cravino Javier & Vogel, Jonathan, 2011. “Importing Skill-Biased Technology,” NBER Working Papers 17460, National Bureau of Economic Research, Inc.

Calderon, Cesar & Serven, Luis, 2014. “Infrastructure, growth, and inequality : an overview,” Policy Research Working Paper Series 7034, The World Bank.

Calvo, Guillermo & Vegh, Carlos, 1991. “Exchange rate stabilization under imperfect credibility,” MPRA Paper 20486, University Library of Munich, Germany.

International Monetary Fund, 2016. Peru, IMF Country Report No. 16/234

Kydland, Finn E & Prescott, Edward C, 1977. “Rules Rather Than Discretion: The Inconsistency of Optimal Plans,” Journal of Political Economy, University of Chicago Press, vol. 85(3), pages 473-91, June.

Llosa, Luis Gonzalo & Panizza, Ugo, 2015. “Peru’s Great Depression A Perfect Storm?,” Working Papers 2015-45, Peruvian Economic Association.

Rodrik, D., 1999. “Where did all the growth go? External shocks, social conflict and growth collapses”, Journal of Economic Growth, 4(4), 385-412.

Sargent, Thomas & Williams, Noah, & Zha, Tao, 2009. “The Conquest of South American Inflation,” Journal of Political Economy, University of Chicago Press, vol. 117(2), pages 211-256, 04.