GonzaloLlosa
Factor Económico Por Gonzalo Llosa

Los desastres ocasionados por el fenómeno El Niño Costero han traído un aumento súbito de la inflación de marzo. De acuerdo con el INEI, sólo en dicho mes la inflación a nivel nacional fue de 1.27%, mientras que la inflación de Lima metropolitana fue de 1.3%. Este nivel de inflación es aproximadamente el doble del promedio histórico de la variación mensual de precios de marzo entre 2000 y 2016. Con esto, la inflación acumulada en el primer trimestre alcanza un nivel de 1.86%, lo que reduce las posibilidades de que la inflación a final del año se encuentre dentro del rango meta del BCR (entre 1% y 3%).

La magnitud de este aumento de la inflación es evidencia de las profundas consecuencias socioeconómicas que aún no han sido cuantificadas con exactitud. ¿Qué más podemos aprender de la inflación de marzo respecto a los efectos de El Niño? Esta columna busca dar respuestas a esa pregunta. Se destacan los cambios en precios relativos y los mecanismos de ajustes necesarios para elevar el nivel de bienestar de las zonas afectadas. También se destaca el importante rol que juega el estado en garantizar que esos mecanismos funcionen apropiadamente.

Heterogeneidad y precios relativos

Detrás de esta alta inflación se esconde mucha heterogeneidad, la cual se observa en múltiples dimensiones. La siguiente tabla muestra la descomposición de la inflación nacional por divisiones de consumo. Como es de esperar, la división alimentos y bebidas registra una de las más altas variaciones en marzo (2.85%). Por su peso en la canasta, 27%, esta división es la que más ha incidido. Cerca de 80 puntos básicos de la inflación de marzo son explicados por dicha división.

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La heterogeneidad también se observa a nivel geográfico. El siguiente gráfico presenta la inflación del consumidor para las principales ciudades del Perú. Las inflaciones más altas se observan en la zona norte del país. Ciudades como Piura, Trujillo y Chimbote experimentaron tasas de inflación mayores al 2% mensual. En contraste, la mayor parte de ciudades del sur y del oriente presentan inflaciones por debajo del 1%. De hecho, en algunas ciudades de esas regiones, la inflación registrada en marzo es muy similar a su promedio histórico.

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De acuerdo a lo expuesto anteriormente, el aumento de la inflación de marzo responde principalmente a aumentos abruptos en los precios relativos, los cuales reflejan el grado de escasez o contracción de oferta de algunos productos. Por ejemplo, los precios relativos de los alimentos y bebidas respecto al resto de bienes de la canasta del consumidor suben notoriamente a raíz del fenómeno El Niño. Algo similar ocurre con los precios relativos de los bienes y servicios producidos en las zonas del norte.

Mecanismos de ajuste

En una economía de mercado, los cambios en precios relativos nos dicen adónde se deberían enfocar los recursos productivos, qué productos se deben producir más y quiénes deben consumir más para generar ganancias marginales a nivel social. De hecho, la ampliación de la dispersión de precios relativos en bienes transables como consecuencia de El Niño sugiere que es posible aumentar las ganancias sociales redistribuyendo los recursos hacia las zonas afectadas mientras que las zonas no afectadas producen con mayor intensidad [1]. El mercado cuenta con diferentes mecanismos para implementar tal redistribución:

  1. La integración comercial (intra-regional y con otros países) permite aliviar el impacto negativo de El Niño. Así, por ejemplo, ante el encarecimiento de los bienes producidos en el norte, es óptimo que las importaciones de dicha región aumenten.
  2. La integración financiera (intra-regional y con otros países) permite transferir fondos a las zonas más afectadas, financiando de ese modo las importaciones de bienes y servicios.

Intervención del Estado

Los mecanismos antes descritos permiten incrementar el bienestar social. Sin embargo, el funcionamiento de estos mecanismos depende en gran medida del grado de imperfección de los mercados. Ante cualquier imperfección importante, es necesaria la apropiada y pronta intervención del Estado. En el caso del fenómeno El Niño, destacan los siguientes casos:

  1. El funcionamiento de la integración comercial depende de las vías de comunicación (carreteras, aeropuertos y puertos). Su destrucción actúa como un cuello de botella que impide el correcto funcionamiento de los mercados de bienes y servicios. Dado que la mayoría de vías de transporte tienen características de bienes públicos, es imperativo que el Estado invierta de manera acelerada en su reconstrucción. Gracias a esta intervención, se puede facilitar la convergencia de precios relativos entre las zonas afectadas y las no afectadas.
  2. En ausencia de activos financieros contingentes al evento, el funcionamiento de la integración financiera depende de la disponibilidad de los fondos y de la capacidad de pago del prestamista. Ante la pérdida de ingresos, el prestamista puede otorgar activos tangibles como garantía. Pero si dichos activos han sido destruidos o siguen expuestos a riesgos naturales, entonces los mercados financieros dejan de funcionar. Es aquí donde el gobierno y su capacidad de endeudamiento toman relevancia. Por ejemplo, el Estado puede transferir ingresos fiscales hacia las zonas afectadas (ingresos recaudados en zonas no afectadas), puede recurrir a su propio ahorro (por ejemplo fondo de estabilización) o puede emitir deuda de largo plazo.

Qué tan efectivo es el Estado en corregir las imperfecciones de mercado y garantizar una recuperación rápida y sostenida depende del grado de institucionalidad. En ese sentido, no sólo se requiere que el Estado movilice los recursos a las zonas afectadas a la mayor velocidad posible, sino también que dicho proceso de re-asignación sea totalmente transparente, eficiente y consistente con la sostenibilidad fiscal.

Conclusiones

La inflación de marzo es sólo evidencia del grado de destrucción ocasionado por El Niño en el norte del país. La respuesta de los precios relativos y su dispersión interregional nos indican cómo deben redistribuirse los recursos para lograr una mejora en el bienestar social. En este entorno, la integración comercial y financiera son mecanismos por los cuales las zonas afectadas mitigan las pérdidas. Cualquier imperfección en estos mecanismos determina las potenciales ganancias de la intervención del Estado.

Finalmente, más allá de los eventos que nos afectan hoy, es importante que miremos hacia el largo plazo. El Perú está ubicado en una zona propensa al fenómeno El Niño y otros riesgos de la naturaleza. Más aún, algunos estudios indican que la probabilidad de El Niño se incrementaría debido al proceso de calentamiento global (ver referencias). Por lo tanto, las instituciones del Estado y la infraestructura existente deben ir de la mano con esa realidad. Asimismo, el Estado debe abrir líneas de financiamiento o emitir deuda contingentes a la realización de desastres naturales, transfiriendo de esa manera parte del riesgo. Instituciones como el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) podrían ser útiles en estructurar dichas operaciones. Las ganancias sociales de realizar estas reformas son invaluables.

Referencias

Backus, David K., Kehoe, Patrick J., y Kydland, Finn E, 1992. “International Real Business Cycles,” Journal of Political Economy, University of Chicago Press, vol. 100(4), pages 745-775, August.

INEI, 2017. Variación de los indicadores de precios de la economía: Marzo 2017, Informe Técnico No. 04- Abril 2017.

Wenju Cai, Borlace Simon, Lengaigne Matthieu, van Rensch Peter, Collins Mat, Vecchi Gabriel, Timmermann Axel, Agus Santoso, McPhaden Michael J., Wu Lixin, England Matthew H., Wang Guojian, Guilyardi Eric y Fei-Fei Jin, 2014, “Increasing frequency of extreme El Niño events due to greenhouse warming,” Nature Climate Change 4, 111–116.

[1] Estas conclusiones se basan en la teoría de ciclos económicos reales internacionales, ver por ejemplo Backus, Kehoe y Kydland (1992)