GonzaloLlosa
Factor Económico Por Gonzalo Llosa

 

Las criptomonedas se han convertido en el nuevo juguete de moda de los mercados financieros. Su versión más conocida, bitcoin, nació con un valor de 6 centavos de dólar a mediados del 2010 y en los últimos meses cotiza a un valor por encima de los US$16,000 (ver gráfico 1). En otras palabras, por cada dólar invertido a mediados del 2010, hoy uno tendría más de US$20,000 de ganancia. Bajo esa dinámica, tan solo se requerían US$50 de inversión siete años atrás para ser millonario hoy. Esta fuerza alcista ha atraído la atención de muchos creando así una manía por entender y/o invertir en este tipo de monedas.

Figura 1

Más allá de la euforia que ha causado alrededor del mundo, muchas disyuntivas rodean a las criptomonedas: ¿Cómo funcionan? ¿Qué las hace diferentes de las monedas convencionales? ¿Cuál es su utilidad? ¿Por qué su valor aumenta? ¿Seguirán subiendo?

A diferencia del dinero convencional, las criptomonedas no tienen forma física sino digital –se definen por una secuencia de “bits” (un bit es la unidad básica de información de la comunicación informática y digital). Asimismo, su emisión no está a cargo de un único agente (como los bancos centrales), sino más bien se realiza a través de un mecanismo descentralizado (por varios agentes) con reglas pre-establecidas. De manera similar al dinero convencional, las criptomonedas contienen elementos de seguridad que previenen su falsificación. Esta información es registrada en forma de criptogramas o “códigos” casi indescifrables, de allí su nombre. De ese modo se puede diferenciar una criptomoneda de otra.

Las criptomonedas forman la base de un nuevo sistema de pagos digital basado en la criptografía. Este sistema contiene una serie de criptogramas que permiten identificar la información de las transacciones (criptomoneda transferida, monto de la transferencia, identidades digitales de las contrapartes) e impiden que un ente transfiera más de una vez una misma criptomoneda o altere la historia de pagos de una criptomoneda (lo que alteraría su propiedad). De algún modo, los criptogramas son los análogos digitales de los mecanismos de validación de los sistemas de pago convencionales (firmas, huellas digitales, notarios, registros públicos, entre otros).

Más allá de la tecnología que sustenta su funcionamiento, su desempeño bursátil está siendo fuente de continua controversia. Economistas muy reconocidos como Robert Shiller o Joseph Stiglitz han expresado su escepticismo respecto a las criptomonedas. Como veremos a continuación, existen razones sólidas para estar preocupados.

Según quienes apoyan su uso, la tecnología alrededor de las criptomonedas busca garantizar su validez como medio de pago. En ese sentido, las criptomonedas ganarían valor respecto al dinero convencional en la medida que su utilización reduzca los costos transaccionales. Resulta probable que los costos de creación, validación y control de un sistema basado en criptomonedas sean menores a los costos de un sistema convencional. No obstante, los costos transaccionales de las operaciones cambiarias de las criptomonedas son sustanciales mayores a los de las monedas convencionales[1]. Por lo tanto, por el momento no existe evidencia suficiente para concluir que las criptomonedas son un medio de pago más eficiente.

Otra opción es que las criptomonedas tengan utilidad como unidad de cuenta. En este caso, su valor se sustentaría en la conveniencia de expresar los precios en una unidad común, eliminando de eso modo los efectos negativos de la volatilidad de precios inherente a un sistema de múltiples monedas (volatilidad cambiaria). Dado que la mayor parte de países ya cuentan con sistemas monetarios basados en una sola de divisa, no queda claro cuál sería la utilidad social de migrar a las criptomonedas. De hecho, modificar los sistemas contables y de fijación de precios existentes tendría un costo social.

Una última opción es que las criptomonedas sean útiles como activo de reserva de valor, entendida como la capacidad de preservar su poder adquisitivo (medido en unidades de bienes que pueden comprar) en el tiempo y en diferentes estados de la naturaleza (eventos). No obstante, las criptomonedas, a diferencia de muchas monedas convencionales, no cuentan con mecanismos para preservar su poder adquisitivo. Son activos que no generan flujo de caja, no pagan intereses ni dividendos. Al no tener un flujo de caja, no existe compensación por inflación, ni por el costo de oportunidad de invertir en capital productivo (compensación conocida como tasa real). Tampoco presentan una compensación por riesgo. Las criptomonedas no alteran sus pagos dependiendo de si la economía está bien o mal, o si la inflación aumenta o disminuye, o si una guerra o un ataque terrorista ocurren. Asimismo, es un activo financiero sin garantía. Detrás de los entes emisores de criptomonedas no existe un capital o un activo real, ni una capacidad de recolectar impuestos.

Si la utilidad de las criptomonedas está en cuestión, cómo es posible que haya ganado tanto valor en el tiempo. Una posibilidad es que su valor se base en la capacidad de realizar transacciones anónimas vía criptomonedas (dado que las transacciones se realizan bajo identidades digitales), lo que implicaría que estos sistemas podrían estar siendo utilizados para actividades ilegales como el terrorismo, ataques cibernéticos, compra de armas, narcotráfico, lavado de dinero, etc. Un sistema que facilita estas actividades tendría un valor social negativo y alguien (probablemente el gobierno) debería tratar de solucionar el problema (obviamente sin afectar las actividades lícitas).

Otra posibilidad real es que el precio actual se sustente en la expectativa de que seguirá subiendo en el futuro. Lamentablemente esa es precisamente la definición de una burbuja especulativa. De hecho, la dinámica del precio de bitcoin encaja muy bien con el patrón mostrado por burbujas pasadas, ver gráfico 2. Por lo tanto, existe una probabilidad no menor de que el valor de las criptomonedas como el bitcoin colapse. ¿Cuándo? En cualquier momento. Los tenedores de criptomonedas siempre pueden vender sus posiciones y hace pocos días se abrió la posibilidad de vender criptomonedas sin tenerlas (lo que genera una ganancia si su valor cae). Lo único cierto es que, si se trata de una burbuja, la caída sería más dura cuanto más suba su valor.

Figura 2

Fuente: FRED FED y Bloomberg (elaboración propia)

 

[1] Por ejemplo, la comisión por transar una unidad de bitcoin ha fluctuado notablemente (lo que denota problemas de liquidez) y ha tendido a aumentar, llegando a superar los US$20 por unidad transada, ver “Bitcoin Avg. Transaction Fee historical chart“.