GonzaloLlosa
Factor Económico Por Gonzalo Llosa

El 15 de junio pasado, el gobierno de Estados Unidos anunció la elevación de aranceles a una lista de productos importados de China, mayoritariamente bienes intermedios y bienes de capital. La movida responde, según alegan las autoridades norteamericanas, a una serie de prácticas industriales desleales asociadas a la propiedad intelectual por parte del gobierno chino. El contraataque chino no se dejó esperar y ya se anunciaron medidas arancelarias equivalentes sobre algunas exportaciones americanas.

Ataque y contraataque

La lista anunciada el 15 de junio comprende 1,102 productos sobre los cuales se plantea imponer un arancel de 25%. La medida entrará en efecto el próximo 6 de julio para el 70% de los productos, el resto será sujeto a un corto periodo de revisión. En términos monetarios, la lista representa US$46,300 millones, aproximadamente 9% de las importaciones desde China a los Estados Unidos o 2% de las importaciones de bienes totales de Estados Unidos en el 2017. Para China, dicha medida afecta aproximadamente al 2% de sus exportaciones de bienes totales.

La figura 1 presenta la clasificación de las importaciones afectadas por el nuevo arancel de 25% por tipo de producto. Como se puede apreciar, la lista está compuesta principalmente por bienes intermedios (51%) y bienes de capital (43%), destacando maquinaria, equipos electrónicos, equipo de transporte y computadoras.

Figura 1: Importaciones chinas de EEUU afectadas por el nuevo arancel de 25%, por tipo de producto

Luego del anuncio del 15 de junio, China publicó casi inmediatamente su plan de imponer un arancel de 25% sobre una lista de 545 bienes, producidos principalmente por sectores primarios. En términos monetarios, la lista representa US$44,900 millones de exportaciones de Estados Unidos a China. Dicha medida sería aplicada en los mismos plazos escalonados que la medida norteamericana.

Impacto de las políticas

Es ampliamente reconocido, tanto a nivel teórico como empírico, que la apertura comercial promueve la eficiencia, la competencia, la entrada de firmas más eficientes, mayores economías a escala (al acceder a mercados más amplios), la variedad y calidad de los productos y la difusión de las ideas (ver, por ejemplo, Melitz y Trefler, 2012). Todos estos efectos se resumen en mayores niveles de productividad y bienestar.

Tomando en cuenta lo anterior, el incremento de aranceles por parte de EEUU y China afecta negativamente a los productores y consumidores de ambos países. En primera instancia el costo económico recae desproporcionalmente sobre los productores de los bienes afectados a través de la reducción de márgenes, a lo cual le siguen menos inversión, pérdidas de empleo y potenciales quiebras. En segunda instancia, los consumidores de estos productos pagarían mayores precios, lo que reduce inmediatamente su bienestar. La repartición de estas pérdidas entre productores y consumidores depende de varios factores.[1] Por el momento, estos efectos directos negativos serían cuantitativamente marginales dado que los bienes afectados son aún una parte pequeña del intercambio comercial entre ambos países.

Los efectos directos antes mencionados podrían amplificarse a través de diferentes mecanismos. Un primer mecanismo nace de las interrelaciones inherentes en las arquitecturas de la cadena de suministros y de la propiedad del capital multinacional. Estas interrelaciones diseminan y multiplican el choque negativo sobre el resto de la economía. Así, por ejemplo, una característica de la medida norteamericana es su concentración en bienes intermedios y de capital. En consecuencia, los aranceles no sólo afectan a la industria china, sino también a las industrias norteamericanas que emplean tales bienes en sus procesos productivos y a otras industrias que dependen indirectamente de dichos insumos.[2] Del mismo modo, la medida proteccionista norteamericana podría reducir el ingreso nacional al imponer aranceles sobre empresas multinacionales que operan en China.[3]

Un segundo mecanismo es la distorsión de la asignación de recursos productivos (empleo y capital) como resultado de las diferencias arancelarias por producto. Esta distorsión nace de los mayores incentivos para invertir en las industrias con mayor protección “efectiva” en desmedro de las industrias con ventajas comparativas reales. Esta reasignación ineficiente deteriora la productividad total de factores, lo que se traduce finalmente en un menor ingreso real para las familias y capacidades de consumo más limitadas (ver Jones, 2015).

Un tercer mecanismo de amplificación es la incertidumbre. Por una parte, no queda claro qué tan grande será el impacto ni cómo se compartirían sus costos a nivel global. Tampoco es posible conocer a ciencia cierta si existirán rondas adicionales de represalias mutuas, si se emplearán otro tipo de medidas proteccionistas más perniciosas (ejemplo, cuotas, prohibiciones) o si otros países se unirán a esta lid. Toda esta incertidumbre lleva a que las decisiones de inversión y consumo (especialmente de bienes durables) se pospongan (ver Bloom, 2014).

Finalmente, los efectos económicos anteriores pueden amplificarse a través del acelerador financiero (ver Bernanke, Gertler y Gilchrist, 1999). Tal como ha sido evidente en las últimas semanas, las condiciones financieras a nivel global se han deteriorado especialmente para aquellos países y sectores económicos más dependientes del comercio internacional. Lo peligroso es que dicho deterioro exponga algunas vulnerabilidades financieras del sector real, iniciando así un círculo vicioso recesivo. Este acelerador financiero podría gatillarse también ante el incremento de las tasas de interés internacionales como consecuencia de un menor apetito global por deuda emitida por el gobierno de EEUU. [4]

Comentarios finales

En las últimas semanas, las potenciales mundiales más importante han decidido atacarse mutuamente. Los efectos finales sobre el equilibrio macroeconómico global son inciertos y no se descartan complicaciones en el camino. En particular, este choque inicial podría dar inicio a un progresivo incremento de las tensiones entre Washington y Beijing, no sólo en cuestiones económicas sino también geopolíticas. En este contexto más inestable, las autoridades de las principales naciones y organismos multilaterales comparten una enorme responsabilidad: conciliar las diferencias y mantener un equilibrio colaborativo a nivel global. Fallar en este campo pondría en riesgo el bienestar de miles de millones de personas.

REFERENCIAS

Bernanke, Ben S. & Gertler, Mark & Gilchrist, Simon, 1999. “The financial accelerator in a quantitative business cycle framework“. Handbook of Macroeconomics, in: J. B. Taylor & M. Woodford (ed.), Handbook of Macroeconomics, edition 1, volume 1, chapter 21, pages 1341-1393 Elsevier.

Nicholas Bloom, 2014.”Fluctuations in Uncertainty“. Journal of Economic Perspectives, American Economic Association, vol. 28(2), pages 153-76, Spring.

Jones, Charles I. 2015. “The Facts of Economic Growth“. NBER Working Papers 21142, National Bureau of Economic Research, Inc.

Llosa, Gonzalo, 2013. “How Do Terms of Trade Affect Productivity? The Role of Monopolistic Output Markets“. Banco Central de Reserva del Perú.

Marc J. Melitz & Daniel Trefler, 2012. “Gains from Trade When Firms Matter“. Journal of Economic Perspectives, American Economic Association, vol. 26(2), pages 91-118, Spring.

Wlasiuk, Juan, 2013. “The Mechanics of Real Undervaluation and Growth“. MPRA Paper, University Library of Munich, Germany, https://EconPapers.repec.org/RePEc:pra:mprapa:56628.

[1] Los aranceles afectan al consumidor cuando los productos afectados no presentan sustitutos en el corto plazo. Adicionalmente, aranceles sobre productos que son complementarios a otros bienes tienden a elevar el costo de la canasta de consumo.

[2] La importancia de estos efectos depende en gran medida de la importancia de dichos productos en proceso productivo, el grado de sustitución con otros insumos similares, el grado de complementariedad con otros insumos y su posición en la cadena de suministros (ver, por ejemplo, Llosa, 2013).

[3] En el caso del contraataque chino, se contemplan productos con menores encadenamientos productivos (agro-industriales) y mayor contenido de valor agregado norteamericano. Por ende, los efectos multiplicadores podrían recaer con mayor peso sobre los exportadores norteamericanos.

[4] Países con superávits comerciales, como China y Japón, han tendido a ahorrar parte de estos excesos de ingreso en activos de bajo riesgo como los bonos del tesoro norteamericano. En el caso chino, la política de tipo de cambio fijo frente al dólar aceleraba dicho proceso (ver, por ejemplo Wlasiuk, 2013). Es consecuencia, es posible que un escalamiento del proteccionismo reduzca los fondos disponibles en un contexto en el que la deuda pública de los Estados Unidos se expande y el ahorro privado doméstico es limitado. En contrapeso, el menor crecimiento global y la mayor inestabilidad global incrementarían la demanda por activos de bajo riesgo.