GonzaloLlosa
Factor Económico Por Gonzalo Llosa

A lo largo de varias décadas, la gran mayoría de países se han integrado uno a otros abriendo sus mercados locales a competencia extranjera (bienes, servicios, capital financiero y trabajo). Los grandes beneficiados de esta tendencia han sido millones de familias cuyos ingresos mejoraron en el tiempo, permitiéndoles consumir una mayor cantidad y mayor variedad de bienes y servicios. Tal como lo manifiesta Melitz y Trefler (2012), estas ganancias surgen de los aumentos en la eficiencia, competencia, dinamismo empresarial y velocidad en la difusión de las ideas e información.

En los últimos años, esta integración viene siendo amenazada por una nueva ola de proteccionismo curiosamente originada en los centros económicos y financieros del mundo. Brexit, la guerra comercial entre Estados Unidos y China, o el renacimiento del nacionalismo europeo, son solo ejemplos notorios de un renovado proteccionismo en pleno siglo XXI. Éste se ha ido manifestando tanto en la elevación de restricciones al comercio como en la discriminación hacia los factores productivos de origen extranjero. Las probables medidas proteccionistas abarcan la elevación de aranceles, restricciones cuantitativas al comercio, barreras para-arancelarias, requerimientos de contenido doméstico de las importaciones, subsidios selectivos, barreras al acceso a los mercados, límites a la propiedad u operación extranjera, restricciones al movimiento de personas, entre otros.

La evidencia reciente apunta a que el renovado proteccionismo está impactando en el bienestar de las familias y las utilidades de las empresas. Por ejemplo, los mayores aranceles impuestos por el gobierno de Donald Trump se han trasladado casi uno a uno sobre los precios del consumidor, tal como lo demuestra Amiti y otros (2019). Por su parte, la guerra comercial ha afectado de manera diferenciada a los sectores productivos (ver Fajgelbaum y otros, 2019). En particular, sectores intensivos en bienes intermedios importados desde China y sectores que exportan al país asiático han registrado una reducción en su actividad económica, mientras que aquellos sectores que se benefician de menor competencia desde China registran lo contrario.

Más allá de los efectos directos cuantificables del proteccionismo, existen otros efectos de segunda vuelta o de equilibrio general que son difíciles de medir. Por una parte, la introducción de aranceles de manera diferenciada puede provocar una severa distorsión de la asignación de recursos productivos (empleo y capital) a favor de los sectores artificialmente competitivos (ver Jones, 2015). Por otra parte, en algunos casos los ataques proteccionistas generan incertidumbre, lo que deteriora la confianza en el empresariado y paraliza la inversión (ver Bloom, 2014). Ambos efectos limitan las posibilidades de crecimiento económico, lo que induce un deterioro de las condiciones financieras para las empresas y familias (ver Bernanke, Gertler y Gilchrist, 1999).

Considerando lo expuesto, parece claro que el proteccionismo impone una serie de costos económicos de corto y largo plazo. Dado esto, no se entiende exactamente por qué estas medidas han sido adoptadas por gobiernos democráticos o inclusive favorecidas por referéndum.

Una potencial explicación es que las ganancias de la integración han sido favorables para los países, pero no han sido uniformemente distribuidas entre sus pobladores (ver, por ejemplo, Burstein y otros, 2011). En este caso, el proteccionismo puede ser la respuesta a un problema más profundo: la desigualdad. Es decir, en algún punto una proporción significativa del electorado termina favoreciendo ideológicamente propuestas proteccionistas con la esperanza de que ellas mejoren su bienestar, a pesar de que son desfavorables para el país en general.

Otra potencial explicación al resurgimiento proteccionista es que una parte de la clase política ha adoptado una posición populista. En este caso, la táctica consiste en exacerbar el enfrentamiento del pueblo con una élite, acusando a esta última de problemas estructurales como la inseguridad, el bajo crecimiento o la desigualdad. Muestras de este tipo de tácticas políticas se han hecho cada vez más evidentes en diversos países, con diferentes matices, por supuesto. Por ejemplo, en su discurso inaugural Donald Trump acusa a los políticos tradicionales y burócratas de no defender la posición del pueblo de los Estados Unidos frente a los abusos extranjeros.

Aunque ambas explicaciones son ciertamente factibles, llama la atención la manera coordinada con la que las presiones proteccionistas han surgido a nivel global. Algo debe andar mal con el sistema actual y esa falla debe ser global. Aunque es complicado determinar exactamente qué, algo muy cierto es que post crisis financiera global (2008-2009) los países crecen más lentamente y presentan mayores niveles de inestabilidad económica y polarización política. Estaríamos entonces ante la posibilidad de un ciclo vicioso bajo el cual los problemas estructurales (inequidad o baja productividad) no son contrarrestados con políticas públicas adecuadas, fortaleciendo el voto antisistema y agudizando la confrontación. Este tipo de dinámica nociva ha sido observada anteriormente, principalmente en países en vías de desarrollo (ver Rodrik, 1999).

Táctica o ideológica, la realidad indica que existen condiciones estructurales como para esperar que el proteccionismo se fortalezca, aunque determinar por cuánto tiempo e intensidad resulte imposible. Existe también incertidumbre sobre la forma cómo las fuerzas políticas contrapuestas responderán frente este peligro. Para el Perú, nacen algunos cuestionamientos importantes: ¿qué tan preparados estamos ante la posibilidad de que el proteccionismo se convierta en una tendencia global? ¿qué reformas reducen las posibilidades de que el proteccionismo se instale como opción política en nuestro país? No prepararnos sería un grave error en desmedro de las generaciones futuras.

REFERENCIAS

Amiti, M., Redding, S. y Weinstein, D., 2019. “The Impact of the 2018 Trade War on U.S. Prices and Welfare” NBER Working Paper No. 25672. National Bureau of Economic Research, Inc.

Bernanke, B., Gertler, M., y Gilchrist, S., 1999. “The financial accelerator in a quantitative business cycle framework”. Handbook of Macroeconomics, in: J. B. Taylor & M. Woodford (ed.), Handbook of Macroeconomics, edition 1, volume 1, chapter 21, pages 1341 – 1393 Elsevier.

Burstein A., Cravino J., & Vogel, J., 2011. “Importing Skill-Biased Technology”, NBER Working Papers 17460, National Bureau of Economic Research, Inc.

Bloom, N., 2014. ”Fluctuations in Uncertainty“. Journal of Economic Perspectives, American Economic Association, vol. 28 (2), pages 153 – 76, Spring.

Fajgelbaum, P., Goldberg, P., Kennedy, P., y A. Khandelwal, 2019. “The Return to Proteccionism”, NBER Working Paper No. 25638. National Bureau of Economic Research, Inc.

Jones, Charles I. 2015. “The Facts of Economic Growth”. NBER Working Papers 21142, National Bureau of Economic Research, Inc.

Melitz, Marc J. y Daniel Trefler, 2012. “Gains from Trade When Firms Matter“, Journal of Economic Perspectives, American Economic Association, vol. 26 (2), pages 91 – 118, Spring.

Rodrik, D. (1999), “Where did all the growth go? External shocks, social conflict and growth collapses”, Journal of Economic Growth, 4(4), 385 – 412