HugoSánchez Casanova
Familia SAC Por Hugo Sánchez Casanova

¿Cuántas familias conoce que se pelean por dinero? Seguramente conoce más de un caso -familias empresarias o comunes- en la que son frecuentes las disputas por herencias entre aquellos que se llaman hermanos o parientes. Ante ese escenario ¿Qué debe cuidar como prioridad un director de empresa familiar: la generación de valor económico en la empresa o la de unidad de la familia?

En un post anterior Cómo gestionar la relación familiar en la empresa, se planteó el propósito de cumplir con los fines de la empresa y los fines de la familia de manera responsable, teniendo en cuenta que para la empresa la generación de valor económico añadido (superávit económico) es un fin ineludible, siendo para la familia la generación de valor humano añadido (valores, unidad) su fin primordial ¿Son estos fines contrapuestos? La respuesta es que no deberían serlo, sin embargo se ven casos donde aparentemente se contraponen.

Una de las razones para que dinero familiar y valores personales se disocien tiene que ver con la forma en que cada una de las partes se enfrentan a los conflictos. En este post quisiera apoyarme en una matriz que fue compartida por el profesor Pablo Cardona del IESE Business School, donde se evalúa las consecuencias de enfrentar las relaciones interpersonales en función de nuestro estado de racionalidad y emotividad.

racional-emocional

Como se puede observar, cuando las personas se encuentran emocionalmente en desacuerdo con un tema o persona, será muy difícil poder resolverlo o llegar a una determinación. Por el contrario cuando están emocionalmente de acuerdo, tienden a llegar mucho más fácilmente a resolver sus asuntos o tomar decisiones. ¿Qué debemos hacer para mejorar la relación emocional dentro de una familia empresaria? Nos puede ser muy útil releer a Daniel Goleman y su Inteligencia Emocional, quien nos recomienda lo siguiente:

  1. Aprende a conocer tus propias emociones.
  2. Controla tus emociones.
  3. Usa tus emociones para conseguir tus objetivos.
  4. Ten empatía. Aprende a leer las emociones de los demás.
  5. Comparte tus propias emociones.

Todo este esfuerzo de gestionar las propias emociones y preocuparme de las emociones de los demás cobra mucho sentido si pongo como valioso la relación entre familiares, el servicio que debo darle a quienes llevan mi sangre, con mayor razón si somos parte de una misma empresa y tenemos un destino económico común que influye en nuestros herederos.

Entonces ¿Qué debe cuidar un director de empresa familiar primero? Mi opinión es que debe cuidar en el corto plazo la generación de valor económico en la empresa. Conocer bien el negocio y estar en control de los índices de rentabilidad le permitirá enfrentar las cuestiones que se presenten con solvencia racional, para explicarlas a todos los miembros de la familia.

Existe una segundo motivo: lograr tener una empresa rentable y con flujos futuros alentadores, nos protege de una emoción negativa fundamental: el miedo, derivada de la inseguridad que pueden tener algunos sobre el manejo del negocio y de su futuro. Esto es importante reflexionarlo, pues mientras el dinero y los activos son temas concretos, los flujos futuros son temas abstractos, que dependen de la confianza que se tenga en la buena gestión pero también de factores externos que no están bajo dominio de la empresa pero que esta debe estar preparada a enfrentar. Cuidar el miedo de aquellos que están más lejos del negocio o que no lo entienden, darles seguridad, es muy importante para evitar que estos miedos se transformen en ira, la que luego deriva en rencores y odios irreconciliables.

Cuidando la rentabilidad del negocio el director va ganando terreno en los dos ejes de la gráfica, fortaleciendo las posiciones “de acuerdo” en lo racional y lo emocional. Por supuesto, su labor no concluye allí. Sobre esta base debe cuidar que todos los demás miembros influyentes de la familia hagan lo propio: fortaleciendo la racionalidad a través de la transparencia en la gestión (actas de directorio, protocolo familiar, políticas de dividendos, estados financieros auditados, etc) y trabajando en la emotividad de los familiares a través de una constante comunicación (coaching y mentoring, consejo de familia, tradiciones familiares, valor del apellido, valores de la empresa y la familia, aporte a la sociedad).

Una familia empresaria unida será aquella que entienda que el dinero generado no es un fin en sí mismo (ni para la empresa, ni para la familia) sino un medio para sostener una vida buena (no una “buena vida”) para los propios y para otro tanto de familias de colaboradores. Y si esto no se logra, si la empresa termina siendo más una fuente de disputas que de acuerdos, tocará al director proponer la partición de la empresa, la compra de acciones a una de las partes o la venta de la empresa a terceros.