HugoSánchez Casanova
Familia SAC Por Hugo Sánchez Casanova

“Si el éxito es un viaje, el faro que guía la travesía es el sueño compartido” [1]. Esta frase podría servir para cualquier empresa pero es especialmente cierta para el caso de las empresas familiares ¿Por qué? En este post pretendo explicar esta sentencia.

En el mundo empresarial la visión es entendida como una imagen proyectada al largo plazo (usualmente a 5 o 10 años vista) sobre dónde queremos ver a la empresa en tópicos como impacto (social, económico), cobertura (nacional o internacional), cultural (innovadora), etc. Cuando hablamos de la visión de una familia empresaria, esto se vuelve aún más complejo pues hay que sumar a la visión empresarial, la visión de cada uno de los miembros: fundador(a), su cónyuge, sus hijos y nietos, si es que ya tienen edad para opinar.

El sólo hecho de proyectarse a unos años adelante para un grupo de personas tiene algunas dificultades:

  • Es difícil prever cómo cambiarán las condiciones de nuestro entorno (la política, la tecnología, los paradigmas generacionales, etc.) y cómo influirán en nuestros intereses.
  • Mirar al futuro es difícil cuando estás más preocupado o acostumbrado a vivir el día a día. Es decir, es fácil perderse entre las ramas si no eres capaz de elevarte para mirar el bosque.
  • Los cambios personales que pueden influenciar en el tiempo: estado civil, estudios, experiencias, descendencia, lugar de residencia, enfermedades, etc.
  • Las relaciones que existen entre los miembros de la familia propietaria, que pueden estar mejor o peor cuidadas en el tiempo.

Crear una visión y mantenerla es un ejercicio, no es un proyecto, es decir nunca acaba. Las familias que quieren trascender y perdurar deben asumir la decisión de dedicar esfuerzos (y no pocos) a crear una visión compartida, inspiradora y sostenerla.

Para que esta visión sea perdurable en el tiempo debe de contener al menos estos criterios:

  1. La empresa y su relación con el entorno (stake holders). Esto pasa por pensar si la empresa tiene la vocación de perdurar y mantener los compromisos que ha asumido con clientes, proveedores, trabajadores, etc. El punto que suele ser más importante en la visión del fundador es justamente el de la responsabilidad con los colaboradores que a lo largo de los años han ayudado a construir la empresa, y es un gran reto transmitir esa responsabilidad a las siguientes generaciones.
  2. El patrimonio, la riqueza. Especialmente cuando se ingresa a la segunda generación es importante que cada uno de los miembros de la familia entiendan la importancia de mantener unido el patrimonio como fuente de riqueza para su propia familia (de cada hijo). La visión de tener en la empresa una fuente de ingresos a futuro es justamente parte importante del resultado de construir una visión y trabajar en ella con un buen gobierno corporativo.
  3. El apellido, la marca. No son pocas las veces que la marca o nombre de la empresa está ligada al apellido de la familia. Normalmente esto se debe a la influencia económica que llega a tener en un sector o parte de la economía, su crecimiento o su posición en el mercado global. Pero también es muy cierto -hoy lo estamos viendo- la importancia que puede tener para bien o para mal en la realidad social de un país. No es poca cosa pensar qué prestigio tendrá el apellido y la marca en el tiempo y que será legado para las próximas generaciones.
  4. Los valores, la familia. Nadie que haya gozado de una familia bien constituida puede negar el valor de ésta. Es que es en la familia donde se aprende a compartir, se aprende a obedecer, se aprende a pelear y reconciliarse, se aprende dar lo mejor por el otro, es decir se aprenden los valores fundamentales. En resumen, se aprende a trascender. He sido testigo de relaciones entre hermanos aparentemente rota, que se han sanado gracias a volver a las raíces y fundamentos familiares. ¿No es acaso el mantener una familia unida, la mejor visión que podemos legar a nuestra descendencia?

Unidad no es uniformidad. No necesitamos que todos los miembros de la familia piensen igual. De lo que se trata es que sean capaces de compartir ideas, intereses, valores y que puedan generar compromisos ante los criterios fundamentales que hemos mencionado. Trabajar por el bien de la visión familiar tanto en lo material como en lo trascendente requiere de constancia, paciencia y sabiduría, por ello es propio de los propietarios fundadores el que asuman esta responsabilidad como presidentes del directorio o del consejo de familia.

Finalmente, me tomo la libertad de invitarlos a que participen este 20 de marzo en el programa que justamente llevará el nombre del post a cargo del Dr. Carlos Arbesú, director y profesor de la cátedra de empresas familiares del PAD, quien disertará sobre estás y otras ideas que le ayudarán en este propósito.

[1]Ivan Langsberg, 1999, Succeeding Generations.

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