EnriqueCastellanos
Financieramente Por Enrique Castellanos

En ningún lugar del mundo proponer un aumento de impuestos es una tesis popular. Históricamente, golpes de Estado, guerras civiles y hasta nuevos países han sido gatillados por cambios tributarios. La renuncia de David Tuesta ante la falta de apoyo del Ejecutivo en materia de política tributaria no hace más que constatar lo anterior.

Sin embargo, si analizamos las cifras internacionales veremos que algo de razón tenía el exministro. Según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (la famosa OECD) la presión tributaria en el Perú —definida como la suma de los ingresos por impuestos entre el PBI— sólo llega a 16.1% del PBI. La cifra es sustancialmente menor al promedio de Latinoamérica: 22.3% y menos de la mitad del promedio de los países desarrollados (miembros de la OECD), cuyo ratio llega a 34.3%. La verdad es que en nuestra región estamos en el puesto 22 de 25 en el ranking de ingresos tributarios, sólo por encima de Venezuela, Guatemala y República Dominicana.

Entonces, si todos convenimos en que, para cerrar nuestras enormes brechas sociales y de infraestructura, el gobierno debería contar con más ingresos, la pregunta que se cae de madura es cómo recaudar más. Y aquí nos metemos en terreno pantanoso.

¿Qué nuevos tributos se podrían evaluar, qué exoneraciones eliminar o qué medidas anti elusión y evasión fiscal implementar para ir acercando la presión tributaria en el Perú, por lo menos, al promedio latinoamericano? Menciono a continuación algunas de las ideas que se han barajado en los años anteriores, pero que nunca se implementaron principalmente por diversas presiones políticas. Primero, eliminar la exoneración del Impuesto a la Renta (IR) a los intereses percibidos en el sistema financiero y mercado de capitales local. Segundo, incrementar la tasa del IR a los alquileres para personas naturales, actualmente en un nivel necesariamente bajo del 5%. Tercero, revisar el impuesto a las ganancias de capital para personas naturales y jurídicas. Cuarto, también se podría contemplar un nuevo impuesto a la herencia, por ejemplo, en Chile este impuesto tiene tasas crecientes que van desde el 0% hasta el 25%. Quinto, analizar la conveniencia de las actuales exoneraciones y condiciones especiales que gozan algunos sectores económicos o regiones. Por último, pero muy importante, castigar penalmente la evasión fiscal como sucede en la gran mayoría de países. El Perú no debería ser la excepción.

En general, las ideas anteriores buscan tener un carácter directo o progresivo. Es decir, gravar más a aquellos sectores con mayores ingresos; y, mejor aún, nivelar la cancha haciendo que las rentas pasivas (intereses, ganancias de capital) tributen de forma similar a las rentas activas (utilidades, remuneraciones). Así debería ser y es la estrategia en materia de impuestos que prima en los países desarrollados.

Es bastante obvio que la evaluación y aprobación de alguno de estos impuestos despertaría encendidos debates pues a nadie de nosotros nos gusta pagar más impuestos. Peor aún cuando –a diario– nos enteramos que los congresistas se lo gastan en flores, las empresas públicas hacen fiestas o los ministros viajan en primera clase.

El control estricto del gasto público es tema que todos apoyamos, pero aún logrando óptimos niveles de austeridad, la realidad es que necesitamos incrementar los ingresos fiscales.

El actual gobierno está haciendo bien en tratar de controlar los gastos superfluos, pero en materia de ingresos tributarios está barriendo debajo de la alfombra. Cobrar las deudas tributarias pendientes o reajustar el Selectivo a los combustibles no nos van a dar los recursos fiscales adicionales que se necesitan para erradicar la desnutrición, mejorar la educación, la seguridad social y tantas otras tareas pendientes.

De cara al bicentenario, tenemos como país que atrevernos a poner estos temas encima de la mesa y debatirlos. David Tuesta se atrevió pero fue rápidamente repelido por el status quo. Veamos como le va a este nuevo ministro. Después de todo, no basta cantar a todo pulmón el himno en el estadio o gastarse los ahorros para viajar a Rusia, la frase “Arriba Perú” debería ser mucho más que eso.