EnriqueCastellanos
Financieramente Por Enrique Castellanos

Los recientes escándalos políticos son para deprimir a cualquiera. No solo porque comprobamos lo corrupta que es una gran parte de los actuales servidores públicos sino también por lo difícil que resulta encontrar gente proba para reemplazarlos. La corrupción en nuestro sistema político parece haber hecho metástasis y se necesita una suerte de trasplante de médula para cortar el círculo vicioso de raíz. Entonces, ¿qué tal si eligiéramos a los parlamentarios por sorteo?

Haciendo una pequeña investigación, descubrí que ésta no era ni de lejos una idea original. Cinco siglos antes de Cristo, en la antigua Grecia, ya se elegían representantes al azar. Según Aristóteles en su obra La Política, la estococracia o demarquía o el elegir parlamentarios simplemente por su condición de ciudadano sin considerar su posición económica o talentos personales tenía la ventaja de que disminuía el riesgo de que corruptos “compren” de diversas formas una curul y daba igual oportunidad a ricos y pobres de participar en el gobierno. En los siglos posteriores, tanto en Roma como en varias ciudades europeas, hubo varias experiencias de democracias por sorteo. Más recientemente, tanto Juan Jacobo Rousseau como Montesquieu, famosos pensadores de la Ilustración e ideólogos de nuestro actual sistema republicano con división de poderes también defendían la idea de elegir funcionarios aleatoriamente. Incluso hoy, el sistema anglosajón de justicia en EEUU usa como jurados a ciudadanos comunes elegidos al azar.

Presumo que el lector ya estará pensando en todas las desventajas de un sistema estococrático: personas poco preparadas, manipulables, potencialmente corruptibles, holgazanes, etc. Pero, ¿acaso no es esto casi un selfie de nuestros actuales parlamentarios?

Sin embargo, acepto que la idea de elegir aleatoriamente debe de ser refinada. Por ejemplo, de los 130, se podrían designar de manera aleatoria y sin posibilidad de reelección unos 100 y dejar solo a 30 que sean designados de manera tradicional. Esta elección híbrida tendría la ventaja de que los 30 elegidos democráticamente (esperemos sean los políticos más capaces) podrían encargarse de cubrir los temas “más técnicos”, liderar las diversas comisiones y apoyar a los otros 100 parlamentarios.

Adicionalmente, se podrían establecer algunos filtros ex-ante el sorteo para designar a un ciudadano como “apto” para el parlamento: secundaria completa, sin antecedentes penales o policiales, sin juicios abiertos por delitos y faltas mayores, sin deudas vencidas en el sistema bancario, etc. Estos filtros deberían ser lo más inclusivos posibles y no discriminar a ningún ciudadano por razones socio-económicas. Al final del día, un equipo de constitucionalistas podrían “técnicamente” determinar los requisitos más idóneos en una enmienda constitucional.

En teoría, usando las cifras poblacionales del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), si elegimos a 100 ciudadanos mayores a 25 años con secundaria completa de manera aleatoria tendríamos la siguiente muestra: unos 50 de ellos tendrían una carrera universitaria o técnica, habrían 45 mujeres, sólo 1 o 2 tendrían deudas atrasadas en el sistema bancario y solo 1 tendría problemas policiales o penales. En contraste, nuestros actuales parlamentarios al momento de juramentar en el 2016, si bien un 85% tenía estudios universitario o técnicos (cosa que en este país no es garantía de nada), había un 25% con juicios penales abiertos por delitos de variado calibre (homicidio, narcotráfico, hurto, etc.) y sólo había 27% de mujeres. Y, ojo, estas últimas cifras no incluyen las perlas encontradas a varios congresistas una vez asumido el cargo.

Un paso más allá. La idea de la estococracia también podría ser llevada al momento de elegir jueces o fiscales. Sin embargo, dado que estos puestos tienen un carácter más técnico, este “sorteo” podría ser hecho solo entre abogados colegiados, con ciertos años de experiencia, sin juicios pendientes y otros filtros a definirse.

Se grita a los cuatro vientos que los ciudadanos comunes debemos participar en el gobierno y que los actuales políticos deberían irse a su casa. Bueno, esta idea busca precisamente eso. Me adelanto a pensar que los primeros que estarán en contra van a ser los actuales parlamentarios, jueces y demás políticos. Naturalmente, pues con esta propuesta nos estamos metiendo hasta su cocina.

Pero los últimos eventos exigen que demos un golpe de timón al sistema y que exploremos todo tipo de alternativas. Sinceramente, designando parlamentarios por sorteo dudo mucho que nos vaya peor que ahora. Total, no hay mucho que perder, ¿no?