EnriqueCastellanos
Financieramente Por Enrique Castellanos

Mucho del descontento hacia las AFP viene dado por el carácter compulsivo del sistema. Es decir, el poco marco de acción que tienen sus más de tres millones de aportantes, que sienten que su dinero está “secuestrado” por una tiranía de cuatro AFP. En esta circunstancia, existe un riesgo real de que en un futuro cercano algún político oportunista quiera capitalizar este descontento y proponga desaparecer el sistema.

Debemos de evitar esto último. En mi opinión, el sistema de AFP fue y sigue siendo una buena idea que hay que preservar. No obstante, para que esto último ocurra debemos generar alternativas que convivan y complementen la oferta de productos previsionales: abrir el mercado a otras AFP del exterior, autorizar a bancos o compañías de seguros a ofrecer productos pensionarios, convertir la ONP en una AFP pública, etc. Dentro de estas opciones, en este artículo quiero presentarle una que bien podría llamarse Cuentas de Retiro Individuales (CRI).

Las CRI no son una idea original, existen desde hace unos 50 años en países como Gran Bretaña (Individual Saving Accounts o ISA) y Estados Unidos (Individual Retirement Account o IRA y Cuentas 401K). El CRI es una idea bastante simple. Un trabajador de manera voluntaria establece una CRI en una institución financiera e instruye a su empleador que deposite un porcentaje de su sueldo (2%, 5% o 10% según su capacidad de ahorro). Este porcentaje puede ser modificado –hacia arriba o abajo– por el titular de tiempo en tiempo en función de cómo vaya su economía personal.

Los fondos de una CRI pueden ser invertidos dinámicamente en diferentes instrumentos. Desde una simple depósito a plazo fijo, pasando por bonos, acciones, fondos mutuos o una combinación de todos los anteriores. El manejo de estos fondos puede ser hecho directamente por el titular o se puede contratar un ente especializado. Una cuenta CRI sería inembargable en caso de bancarrota y heredable en caso de fallecimiento.

Típicamente, las CRI en otros países tienen como un importante incentivo que los aportes a esta cuenta –total o parcialmente– no estén sujetos al pago del impuesto a la renta personal. No es una exoneración tributaria per se, más bien, es un diferimiento del impuesto hasta cuando estos depósitos se hagan disponibles al futuro pensionista. También es común que, como parte de los beneficios que una compañía da a sus empleados, se hagan contribuciones espejo (matching contributions) a la CRI por parte del empleador. Por ejemplo, si yo aporto 3% de mi sueldo todos los meses, pues mi empleador aportaría otro 3% a mi CRI. Si yo aporto 4% a mi CRI, el empleador igualará este aporte con un 4% adicional. Así sucesivamente, hasta un tope establecido libremente por cada empleador.

Los fondos de una CRI no son de libre disposición para el titular. Sin embargo, la CRI debería ser diseñada de manera bastante flexible para que se acomoden a los diferentes eventos económicos en la vida del aportante. Solo como ejemplo, usemos el caso de las cuentas IRA en EEUU. Estas cuentas son de libre disponibilidad solo a partir de los 60 años. Antes de esta edad, la disponibilidad de los fondos tienen fuertes desincentivos, pues están sujetos a una penalidad del 10% del monto retirado y al pago del impuesto a la renta (que al momento de aportar no se hizo). Sin embargo, hay excepciones. Una cuenta IRA es disponible sin penalidad antes de los 60 años para: compra de la primera vivienda; gastos en educación para el titular, esposa, hijos y nietos; discapacidad permanente por enfermedad o accidente; gastos médicos en caso de estar desempleado; y muerte.

El cielo es el límite al momento de diseñar un sistema de cuentas de retiro individuales, las cuales podrían tranquilamente coexistir con el actual sistema de AFP u otras alternativas de ahorro que se puedan pensar.

Hace unas semanas, el congreso dispuso la formación de un Consejo conformado por entes especializados (SBS, Ministerio de Trabajo, etc.) para que en 180 días propongan cambios al sistema de previsional actual. En este contexto, enriquecer la oferta de productos previsionales –vía el CRI u otros productos– le quitaría el rótulo de monopolio que tienen hoy en la frente las AFP y las obligaría a ser más competitivas. El gran ganador seríamos nosotros, los consumidores.