DiegoBeleván
Hacia Asia Por Diego Beleván

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Después de cinco años en Singapur, regresé a vivir al Perú en enero de este año. Un aeropuerto poco eficiente, el caos vehicular de Lima, las pistas llenas de agujeros y el escaso y deficiente ejercicio de la autoridad me reintrodujeron brutalmente a la realidad peruana.

Considerada internacionalmente como un exitoso ejemplo de desarrollo económico y social, Singapur celebró su quincuagésimo aniversario el 2015. Sin embargo, al momento de su independencia en 1965, la pequeña Ciudad Estado enfrentaba serios problemas sociales y económicos, al ser un país pequeño, cultural y étnicamente diverso, sin recursos naturales y alejado de los principales mercados internacionales.

Para el Perú, cuyas serias deficiencias saltan diariamente a la vista, entender las principales claves del éxito de este pequeño pero exitoso y dinámico país puede servir de hoja de ruta para el futuro. Singapur se sustenta en una visión pragmática de la realidad nacional, regional e internacional:

  • la elaboración de planes flexibles de desarrollo de corto, mediano y largo plazo;
  • un planeamiento urbano e industrial adaptado a las necesidades sociales y del mercado;
  • una elevada inversión en infraestructura y educación;
  • la elaboración y estricta aplicación de leyes adecuadas a cada etapa de su desarrollo;
  • la erradicación de todo tipo de corrupción y nepotismo en el aparato estatal;
  • la creación de una burocracia altamente calificada, eficiente y poco numerosa; y
  • la búsqueda activa de la paz social.

Todos estos elementos están ausentes o son altamente deficientes en nuestro país. La inversión en infraestructura, tan de moda en los últimos tiempos, no traerá por sí sola desarrollo así como el boom de los commodities no lo trajo. La situación del Perú ha mejorado indudablemente, pero seguimos sin tener desarrollo. Lo que vivimos los últimos 15 años fue un aumento de los ingresos. Los dos no son lo mismo y no deben ser confundidos. No basta entonces con elaborar un listado de las carencias en infraestructura y licitar obras.

Asimismo, nuestros políticos pocas veces construyen sobre lo hecho por sus antecesores y los planes de desarrollo son cortoplacistas y descoordinados. No existe una visión coherente de lo que queremos como país dentro de 5, 10, 25 y 50 años, que sirva de guía para la toma de decisiones. Y nosotros como ciudadanos y electores, tampoco la tenemos.

Al no existir esa visión del futuro, no somos capaces de planificar el crecimiento de nuestros centros urbanos e industriales, a fin de crear un país interconectado que permita un crecimiento sostenido, abarate costos y mejore la calidad de vida de sus ciudadanos. El planeamiento urbano e industrial es inexistente o altamente deficitario, según el caso.

Esta ausencia de sinergias y de políticas que conecten de manera coherente los diversos aspectos de la actividad socio-económica sólo agudizan las enormes carencias de infraestructura que tiene el Perú:

  • escasez de viviendas adecuadas a las necesidades de los diversos segmentos sociales;
  • redes sanitarias insuficientes, mal planificadas y deficientemente administradas;
  • un nivel educativo de baja calidad y sin visión de las necesidades del mercado laboral;
  • sistemas de transporte inexistentes, obsoletos o mal planificados;
  • un sistema vial pequeño y mal adaptado a las condiciones naturales y económicas de nuestro país;
  • puertos marítimos y aéreos anticuados y poco eficientes, cuyos elevados costos encarecen los productos que consumimos;
  • una inexistente política de desarrollo de polos de desarrollo industrial especializados.

Sin leyes adecuadas a la realidad nacional y un aparato estatal honesto y eficiente, el planeamiento económico y urbano así como políticas de infraestructura coherentes no serán posibles. El sector público singapurense emplea a menos del 7% de la PEA, el servicio civil es así altamente eficiente y adecuadamente remunerado y cualquier acto de corrupción o nepotismo es duramente castigado.

Tras las elecciones de septiembre del 2015, el actual primer ministro de Singapur, Lee Hsien Loong, relanzó los “conversatorios nacionales” creados después de las elecciones del 2011, cuyo principal objetivo es permitir la participación de todos los singapurenses en diálogos con las autoridades nacionales a fin de abordar temas relacionados con la evolución futura del país, con miras a entender las preocupaciones reales de los ciudadanos así como desactivar conflictos sociales potenciales. El objetivo es entender los problemas antes que estallen; se busca evitar (ex ante) y no solucionar (post facto). Esta aproximación es aplicada a todas las actividades políticas, sociales y económicas de este pequeño país.

El Perú, con sus políticas reactivas en vez de proactivas, con una sociedad fragmentada y políticas económicas disfuncionales y no sincronizadas es lo opuesto. Sin embargo, cabría recordar que según datos del Banco Mundial, ambos países tenían ingresos per cápita similares en 1965 (alrededor de US$500). Hoy Singapur es uno de los países más ricos del orbe (poco más de US$56,000 en el 2014) mientras que el Perú está en US$6,500.

Es posible transformar un país en menos de 2 generaciones.