DiegoBeleván
Hacia Asia Por Diego Beleván

“Ren yao lian, shu yao pi”. (Los hombres no pueden vivir sin cara al igual que los árboles no podrían vivir sin corteza)

Este modismo chino expresa uno de los conceptos culturalmente más relevantes en las civilizaciones asiáticas; la importancia de mantener la armonía y evitar que la otra parte se sienta humillada/deshonrada/abochornada. Cinco años viviendo en Asia no fueron suficientes para aprender todos sus matices, pero sí para entender su importancia.

Los jueces de la Corte Internacional de La Haya no tenían por qué conocer ni tomar en cuenta esta particularidad asiática.

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Sin embargo es un elemento de juicio importante para entender la violenta reacción del gobierno chino a la sentencia dictada el 12 de julio en relación con la disputa que mantiene con varios países (Taiwán, Filipinas, Malasia, Brunéi, Indonesia y Vietnam) sobre la posesión de pequeños islotes y archipiélagos en el Mar de China meridional, las islas Paracel y las islas Spratly, tanto por razones político-estratégicas (una de las dos arterias marítimas más importantes del mundo) como económicas (depósitos de petróleo y gas). También explica las razones que llevaron a Filipinas a tomar una medida tan drástica como llevar a China ante la Corte.

China invadió el arrecife Mischief de las islas Spratly en 1995, una zona del Mar de China meridional que los filipinos habían considerado durante mucho tiempo como suya. Tres años antes, en 1992, los Estados Unidos, debido al antiamericanismo filipino, se habían visto obligados a dejar las bases de la bahía de Subic y Clark. Filipinas pagaba el precio de quedar sin la protección otorgada por la presencia norteamericana.

Durante décadas los filipinos definieron su nacionalismo en base al antiamericanismo. Dos décadas después de la toma del arrecife Mischief, son los sentimientos antichinos los que dominan. El sudeste asiático, que había comenzado a deshacerse de sus viejos temores, se siente nuevamente amenazado por el expansionismo chino.

Entre los estados marítimos de Asean, Filipinas tenía una de las relaciones más estrechas con China. Había sido uno de los primeros países de la región en reconocer a la República Popular, habiendo establecido relaciones diplomáticas en junio de 1975. El año anterior, China había tomado las islas Paracel después de matar a unos setenta soldados vietnamitas, pero como Vietnam no era miembro de Asean en ese entonces, el problema no era filipino.

Los eventos de Scarborough Shoal del 2012 fueron probablemente el detonante para que Filipinas decida finalmente reaccionar. Cabe recordar que en esa oportunidad la armada de Filipinas trató de detener a ocho embarcaciones chinas de pesca y fue bloqueada por naves de vigilancia marítima de la República Popular. De repente el problema adquiría una nueva dimensión.

Los Estados Unidos intervinieron y lograron que ambas partes accedieran a retirarse de la zona. Manila lo hizo, pero Beijing no; prohibieron además el acceso al área en conflicto a naves filipinas. En enero del 2013, Filipinas entabló un procedimiento arbitral contra China, y tomó al mundo asiático por sorpresa con su acción, principalmente por la afrenta que implicaba.

Al inicio los miembros de Asean no aprobaron la audacia filipina, que podía hacer perder cara a los chinos. Pero las actitudes están cambiando en algunos de los lugares más inverosímiles. En abril del 2016, el presidente de Asean, Datuk Seri Najib, expresó su “grave preocupación” por la “recuperación de tierras” en el Mar de China meridional. Es revelador que haya viajado a Tokio pocas semanas después para elevar las relaciones de su país, Malasia, con Japón a nivel de “asociación estratégica”.

A su vez, Indonesia, el país más grande de Asean, también está preocupada. La reivindicación china desciende hasta cerca de las islas indonesias de Natuna y altos funcionarios militares chinos señalan en privado que Yakarta está “sentada en 50,000 kilómetros cuadrados de nuestras aguas”.

Mientras tanto Vietnam busca rápidamente una aproximación con la India y los Estados Unidos, entre otros, a través de la firma de acuerdos de defensa cuyos detalles aún no se han hecho públicos. Este país tiene una larga historia de conflictos con su vecino del norte, que nunca fueron borrados por la ‘fraternidad’ comunista que debiera haber existido entre ambos.

El Dr. Wu Shicun, director del instituto nacional chino para los estudios sobre el Mar de China meridional, ha señalado como una de las principales razones el hecho de que los Estados Unidos y Japón, al dominar el Mar Amarillo y el Mar de China oriental, dificultan el acceso de la flota china al Pacífico occidental o al océano Índico. Por lo tanto, el Mar de China meridional proporciona una salida natural para contrarrestar ese ‘bloqueo’.

Uno de los principales objetivos es permitir el libre tránsito de los submarinos balísticos chinos, elementos que guardan su efecto altamente disuasivo. Los que siguieron la saga del vuelo de Malaysian Airlines MH370 saben que el Mar de China meridional es una piscina poco profunda en comparación con los océanos Pacífico e Índico. Esto hace que los submarinos chinos, que tienden a ser ruidosos, sean particularmente vulnerables. El objetivo es utilizar el Mar de China meridional como la puerta de acceso china a estos grandes océanos.

Pero, a diferencia de la Guerra Fría, no existen mecanismos que permitan evitar incidentes o distender situaciones en el caso de un incidente. Por otro lado, si bien es verdad que China ha sido el motor más relevante del crecimiento global en los últimos años, su economía está en desaceleración. De hecho la cámara de comercio americana en Beijing ha señalado que el porcentaje de empresas miembros que reportan ganancias en China está disminuyendo rápidamente.

Del mismo modo es importante recordar que Indonesia y Tailandia, las economías más grandes del sudeste asiático, compran más a China de lo que le venden y que Singapur ha sido el mayor inversionista extranjero directo en China en los últimos dos años. Este último hecho es relevante, puesto que gran parte de la desaceleración china proviene de la fuerte caída de las inversiones desde el 2009.

Los gobernantes chinos parecen haber olvidado que China necesita tanto al sudeste asiático como éste la necesita y que su preocupación por ‘perder cara’ es un rasgo asiático, y no exclusivamente chino. Desde un principio, China humilló / deshonró / abochornó a sus contrapartes en la disputa por las aguas del Mar de China meridional. Las consecuencias de una creciente inestabilidad en esa zona vital para el comercio internacional pueden rápidamente hacerse sentir en el resto del mundo, particularmente en los demás países de la cuenca del Pacífico.