DiegoBeleván
Hacia Asia Por Diego Beleván

Las enunciativas declaraciones de las citas anuales de los líderes del APEC, al igual que otras proclamaciones políticas, tienen la mayoría de veces escaso valor práctico. Salvo excepciones, sirven principalmente para reafirmar ciertos principios rectores y definir algunas metas generales.

Lo importante en estos documentos es el orden en el que se exponen los conceptos, así como lo que se dice o se deja de mencionar. Estas dos características son las que mejor permiten analizar y entender tanto las prioridades como las diferencias existentes.

En el caso que nos ocupa, y a pesar de las afirmaciones de las más altas autoridades nacionales y lo publicado por algunos de los más prestigiosos medios locales, resulta ominoso que la sección titulada ¨Retos y oportunidades para el libre comercio y las inversiones en el contexto global actual” no sólo se sitúe en segundo lugar, sino que contenga tan poca sustancia y mencione los estudios sobre la posible área de libre comercio del Asia-Pacífico (FTAAP, en sus siglas en inglés) como instrumentos referenciales.

Asimismo, no alude explícitamente ni al recientemente concluido TPP (Acuerdo Transpacífico) ni al RCEP (Asociación Económica Integral Regional), los dos instrumentos más significativos en la búsqueda por crear un área de libre comercio en la cuenca del Pacífico.

Donald Trump, electo presidente de los Estados Unidos, país que promovió la negociación y adopción del TPP, se opone a su ratificación, lo que vuelve a impulsar el instrumento propugnado por la República Popular China, el RCEP. Es probable que el TPP esté herido de muerte.

¿Qué es el RCEP?

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Por lo tanto, vale la pena realizar un análisis introductorio del RCEP, y así entender cómo el Perú podría eventualmente cooperar con ese mecanismo. Para lograr ese objetivo, se necesitará el apoyo explícito de China, país que visiblemente dirigirá la integración comercial en el Pacífico durante los próximos cuatro años.

Al igual que el TPP, la Asociación Económica Integral Regional tiene por principal objetivo promover el libre comercio. Una de las principales diferencias está en que China no es parte del TPP, cuyos estándares (principalmente laborales y medioambientales, pero también en materia de propiedad intelectual) son más estrictos y se basan en los intereses de Estados Unidos.

Otra diferencia particularmente importante para el Perú es que el RCEP abarca exclusivamente a países asiáticos, no todos miembros del APEC, más Australia y Nueva Zelanda. Los cinco miembros americanos del APEC no son parte de las negociaciones. En ese sentido, es, además de un acuerdo comercial, un instrumento político que busca limitar la influencia de los Estados Unidos en Asia, así como imponer ciertos estándares más acordes con las prioridades y los objetivos chinos.

Vale la pena recordar que China también ha sido el gran promotor del recientemente creado Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (Asian Infrastructure Investment Bank) y del establecimiento de las dos rutas de la seda (terrestre y marítima), con el objetivo principal de lograr un reordenamiento del panorama político y económico asiático, lo que permitiría que ese país incremente sustancialmente su influencia geopolítica. La elección de Donald Trump en la presidencia de los Estados Unidos fue simplemente un bonus inesperado.

Los 16 países que participan actualmente en las negociaciones del RCEP son los diez miembros de ASEAN (Indonesia, Filipinas, Malasia, Singapur, Tailandia, Vietnam, Brunéi Darussalam, Camboya, Laos y Myanmar), más Australia, China, Corea del Sur, India, Japón y Nueva Zelanda. Éstos representan la mitad de la población mundial, el 30% del PBI global y aproximadamente el 25% del comercio internacional.

Después de 15 rondas, las negociaciones del RCEP han abarcado los siguientes temas: comercio de bienes y servicios, inversiones, cooperación técnica y económica, propiedad intelectual, políticas de competencia, resolución de disputas y comercio electrónico. Probablemente incluya igualmente ciertas reglas aduaneras, provisiones específicas sobre alimentos y seguridad alimentaria, así como barreras no arancelarias. Sin embargo, los temas laborales y medioambientales, así como las empresas estatales no serían tratados, puesto que son asuntos particularmente espinosos para China y diversos países asiáticos.

Principales retos para finalizar el RCEP

Los países que están negociando el RCEP tienen una enorme disparidad de ingresos per cápita: desde los US$67,468 de Australia hasta los US$1,000 de Camboya. En ese sentido, es complicado negociar soluciones que beneficien a todos por igual.

Otro obstáculo significativo es la creciente competencia entre China y la India, tanto a nivel económico-comercial como político. Sin embargo, el nacionalismo de Narendra Modi, primer ministro de la India, puede irónicamente facilitar las negociaciones, siendo previsible que se oponga también a cualquier inclusión de normas laborales y medioambientales foráneas (occidentales), así como de cláusulas sobre empresas estatales.

¿Por qué el Perú debe interesarse en el RCEP?

A pesar de las dificultades señaladas, probablemente el RCEP se vuelva realidad en los próximos dos años. Sin ser tan ambicioso como el TPP, sus 16 economías abarcan, sin embargo, el 30% del PBI global, e incluyen a algunos de los países más dinámicos y con mayor potencial de alto crecimiento sostenido.

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En ese sentido, el Perú debe animar a sus socios de la Alianza del Pacífico a que nuestro mecanismo comercial regional sea “observador” de las negociaciones del RCEP. Esto no sólo permitiría aportar un punto de vista diferente, lo que podría ser valorado por algunos de sus participantes más librecambistas, sino también velar por que los intereses de los cuatro miembros de la Alianza no se vean negativamente afectados por el resultado final.

Nueve de los integrantes de las negociaciones del RCEP (China, Corea del Sur, Japón, Tailandia, Singapur, India, Indonesia, Australia y Nueza Zelanda) son observadores en la Alianza del Pacífico. En una etapa de cercenadura comercial de los Estados Unidos bajo la presidencia de Trump, China podría estar particularmente interesada en atraer cuatro de las economías más dinámicas de las Américas al seno de un acuerdo que será en gran medida hecho a medida de sus ambiciones.

A la imagen de Singapur y de manera inversa, el Perú debe buscar activamente compensar su proximidad cultural, espacial y económica con los Estados Unidos con relaciones políticas, diplomáticas, económicas y comerciales más robustas con China y su creciente esfera de influencia.