DiegoBeleván
Hacia Asia Por Diego Beleván

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Al analizar la situación actual por la que atraviesa el Perú —sumido en un escándalo de corrupción con efectos económicos cada vez más importantes— recordé lo expresado por Demócrito, filósofo griego presocrático que vivió entre los siglos V y IV a.C., quien habría señalado que “todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos de mofa”.

Hace exactamente un año publiqué mi primer artículo en Semana Económica, Los secretos del éxito de Singapur. He dedicado la mayoría de los mismos a explicar algunas de las principales lecciones que podemos extraer del asombroso desarrollo de la pequeña ciudad-Estado en sus cincuenta años de existencia. A pesar de tener un nivel de desarrollo similar al del Perú en 1965, ha logrado transformarse en uno de los éxitos económicos y sociales más importantes del último medio siglo a través de la adopción de políticas adecuadas.

A lo largo de este primer año recibí numerosos comentarios. Extraigo dos críticas centrales. Algunos señalan que las diferencias entre los dos países son tan importantes que no es posible realizar un paralelo y extraer lecciones útiles para el Perú de la experiencia singapurense. Otros mencionan que asiáticos y latinoamericanos somos demasiado diferentes en nuestra manera de entender la realidad y, por ende, en la forma como la procesamos.

A pesar de ser utilizada por muchos nacionalistas, voy a dejar de lado la primera idea, porque llevada a su conclusión lógica no sería posible aprender nada de los demás, puesto que cada país tiene una realidad propia y, por ende, las lecciones externas serían inaplicables.

El segundo argumento es parte de un debate más amplio, particularmente entre sociólogos sobre las diferencias cognitivas entre el Oriente y el Occidente, que tiene como uno de sus principales puntos de partida la obra de 1996 del difunto profesor de Harvard Samuel P. Huntington, El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial. Huntington afirmaba que la guerra fría (enfrentamiento principalmente ideológico) fue una pausa y que su fin permitía que los clásicos conflictos entre civilizaciones retomen su preponderancia histórica. El artículo original, publicado por la revista Foreign Affairs en 1993, es considerado una respuesta a la tesis central de Francis Fukuyama, postulada en su obra El fin de la historia y el último hombre: que el mundo había llegado al fin de la historia —por lo menos en el sentido hegeliano— y que la caída del bloque soviético era el inicio del triunfo global de la democracia occidental.

Una de las obras más interesantes sobre las diferencias cognitivas es la de Richard E. Nisbett, destacado psicólogo social de la Universidad de Michigan, quien en su obra La geografía del pensamiento: Cómo los asiáticos y los occidentales piensan diferente… y por qué, analiza los modelos de pensamiento occidental y oriental a través de una aproximación multidisciplinaria con el objetivo de entender la manera como organizan el conocimiento y formulan respuestas a su entorno. Considera que Grecia es la cuna de la civilización occidental y que la premisa central de sus principales pensadores es que todo puede ser dividido en partes, lo que facilita su estudio y permita llegar a conclusiones lógicas y no contradictorias. Oriente encuentra sus orígenes cognitivos en las filosofías del Tao; las contradicciones constantes son parte inherente de la realidad y deben ser resueltas a través de la dialéctica, utilizando el contexto y las relaciones entre las partes. En términos sociales, la primera lleva a la predominancia del individuo, mientras que la segunda enfatiza en la primacía de la sociedad; la precedencia de los derechos en la primera y de las obligaciones en la segunda.

Mi experiencia después de haber viajado extensamente por trabajo durante mi estadía de cinco años en Asia es que existen diferencias importantes en las aproximaciones a la vida de los asiáticos y los occidentales, en la contextualización de la realidad y en las formas de interacción entre los individuos. La predominancia otorgada al análisis de Singapur parte de la constatación que es un país ubicado en la encrucijada entre las civilizaciones oriental y occidental. Al igual que el Perú es parte de dos civilizaciones. A diferencia de nosotros, ha sabido aprovechar lo mejor de ambas.

Aprovechando este primer aniversario de colaboración con SEMANAeconómica resumo brevemente los que considero como los principales pilares del desarrollo político, económico y social de Singapur.

Liderazgo y gobernanza

El primer y posiblemente más importante pilar es un liderazgo excepcional. Lee Kuan Yew es uno de los líderes globales más conocidos del siglo XX, principalmente por su visión pragmática de la realidad. Uno de sus admiradores es el Dr. Henry Kissinger, exsecretario de Estado de los Estados Unidos, quien ha señalado el importante papel que jugó Lee en la détente, que se produjo entre su país y China a inicio de la década de los setenta. Otro de los fundadores de la República de Singapur, el Dr. Goh Keng Swee, fue asesor de Deng Xiao Ping, admirador de la ciudad-Estado y fundador de la China moderna. Los líderes singapurenses son un ejemplo para sus ciudadanos.

La buena gobernanza es el segundo pilar del éxito de Singapur y se basa en tres elementos claves: la meritocracia, el pragmatismo y la honestidad; siendo la honestidad la parte más difícil. Aunque el Estado de derecho es un concepto occidental, funciona igual de bien para las sociedades orientales. En Singapur todos están sujetos a las mismas leyes y, por lo tanto, cuando un ministro de Justicia es atrapado conduciendo de manera imprudente, es condenado por conducta irresponsable. Nadie en Singapur está por encima de la ley.

Multiculturalismo

Cuatro grandes civilizaciones interactúan diariamente en la pequeña isla de Singapur: la china, la malayo-musulmana, la india y la occidental. La convivencia no es necesariamente fácil ni natural, por lo que Singapur adoptó desde un inicio leyes muy estrictas contra la insensibilidad racial y religiosa, así como regulaciones para asegurar que todas las etnias interactúen diariamente y que las minorías estén siempre debidamente representadas; por ejemplo, en las viviendas públicas, donde reside el 80% de la población singapurense. El multiculturalismo es parte inherente de la sociedad singapurense.

Otro pilar es la capacidad de su población para hablar el inglés. A diferencia de Hong Kong, donde el inglés sólo es hablado por la élite, todos los habitantes de Singapur aprenden al mismo tiempo el inglés y su lengua materna (mandarín, malayo o tamil según su origen étnico) desde la más temprana edad. La exposición al idioma inglés no sólo proporciona habilidades lingüísticas sino también abre ventanas hacia el exterior. El multilingüismo es una ventaja competitiva.

Planificación, medio ambiente y educación

La importancia otorgada al medio ambiente desde la independencia y, por ende, la primacía de la planificación urbana y el desarrollo sostenible son uno de los elementos fundamentales de cualquier análisis que se quiera realizar del crecimiento económico y desarrollo social de Singapur.  A pesar de contar con una de las infraestructuras más modernas del orbe, su impacto es cuidadosamente evaluado a fin de eliminar o minimizar las externalidades y otros efectos indeseados. Singapur piensa a largo plazo.

En ese sentido, la inversión en capital humano siempre ha sido prioritaria, a fin de aumentar la empleabilidad, la prosperidad económica y el bienestar social de la isla. La educación holística de los individuos es un aspecto importante del atractivo singapurense y un elemento esencial para entenderlo. Singapur buscó siempre la mayor eficiencia y eficacia en el gasto educativo, al analizar las necesidades del mercado y mantener un diálogo constante con todos los actores involucrados. La educación es una de las principales herramientas para lograr el desarrollo.

Apertura económica

Singapur es considerado uno de los países más abiertos y globalizados; el comercio representa el 350% de su PBI. Asimismo, según el último informe sobre facilidad para hacer negocios (Ease of Doing Business) del Banco Mundial, entre 190 economías, la ciudad-Estado ocupa el segundo lugar, detrás de Nueva Zelanda; también es segunda en el Índice de Competitividad del World Economic Forum 2016-2017. Es necesario atraer a los mejores y facilitar su instalación en el país.

Singapur ocupa así un lugar privilegiado y único en Asia. No sólo es la ciudad moderna más occidental del continente (Tokio y Kioto, así como Seúl y Busán son fundamentalmente ciudades japonesas y coreanas, respectivamente) sino también su identidad dual le ha permitido combinar lo mejor de Occidente y de Oriente.

Hay muchas lecciones que podemos extraer del experimento singapurense por contener algunas de las mismas características básicas. Los singapurenses se sienten orgullosos de lo que han logrado y están siempre dispuestos a compartir sus experiencias. Después de casi doscientos años de vida independiente deberíamos repensar los ejemplos que seguimos, dejando de lado las influencias perniciosas y siguiendo los buenos ejemplos. Comencemos por identificar el destino al que queremos llegar y diseñemos una hoja de ruta acorde con la realidad que nos permita subir los peldaños del desarrollo en un plazo razonable – ¿dos generaciones? Como lo señaló el inglés John Heywood, “Roma no fue construida en un día, pero colocaban ladrillos a toda hora”.