DiegoBeleván
Hacia Asia Por Diego Beleván

Muchos japoneses tienen una actitud relativamente negativa hacia China, percibiendo su ascenso como una amenaza para Japón. Piensan que a medida que crece su poder, la República Popular China (RPC) tratará de imponer su voluntad a sus vecinos. En ese sentido, creen que China ha abandonado la política de tao guang yang hui de Deng Xiaoping – “no presumas de tus capacidades y más bien mantén un perfil bajo”.

Del otro lado del Mar del Este (o Mar del Japón), muchos chinos culpan a Japón de ser el causante de la situación de tensión actual, al haber nacionalizado tres de las islas Diaoyu (o Senkoku para Japón). En ese sentido, habría violado el “entendimiento tácito” alcanzado por el entonces primer ministro Kakuei Tanaka y los líderes chinos en 1972, mediante el cual ambas partes decidieron archivar la controversia y buscar una solución futura, a fin de permitir la urgente normalización de las relaciones diplomáticas.

Senkaku_Diaoyu_Tiaoyu_Islands

Uno de los aspectos más importantes de la molestia china es que Japón ni siquiera reconoce la existencia de un problema de demarcación territorial. Al igual que en el caso indio, las autoridades chinas piensan que Japón está siendo utilizado por los Estados Unidos en su intento de contener las ambiciones naturales de China.

Las teorías realistas explicarían el deterioro de las relaciones sino-japonesas como consecuencia inevitable del ascenso de China y del descenso relativo de Japón. El ascenso chino reduciría el poder relativo japonés, y los japoneses sentirían temor por el relativo declive de su poder. La espiral del temor ocurre entre un poder ascendente y un poder en declive, a menos que haya una relación de confianza entre ambos; y los realistas sostienen que es muy difícil que exista una verdadera confianza entre Estados.

Las espirales negativas basadas en el miedo, causadas por estrategias defensivas tomadas como ofensivas, llamadas dilema de la seguridad, ocurren porque “en un sistema internacional incierto y anárquico, la desconfianza entre dos o más adversarios potenciales puede llevar a cada parte a tomar medidas preventivas y defensivas que son percibidas como amenazas ofensivas por la otra parte” (T.J. Chistensen, China, the US-Japan Alliance and the security dilema in East Asia).

Al igual que el Perú y sus vecinos, China y Japón están destinados a ser vecinos y, por lo tanto, convivirán necesariamente en un espacio geográficamente limitado. El impase sobre las islas Diaoyu/Senkoku es un problema de percepción relacionado con la aproximación de ambos países a su relación mutua.

Sin embargo, antes de analizar la dinámica actual conviene hacer un breve recuento de los más de 2,000 años de relaciones entre China y Japón, durante los cuales han logrado convivir pacíficamente la mayoría del tiempo. Las cinco excepciones fueron:

  1. La guerra de 663 entre la dinastía Tang en China y el reino de Baekje en la península coreana, un Estado tributario del Japón.
  2. Los dos intentos fallidos de la dinastía Yuan de invadir el Japón en 1274 y 1281.
  3. La guerra japonesa contra la dinastía Qing entre 1894 y 1895.
  4. La invasión japonesa de partes del territorio chino entre 1931 y 1945.

En el ámbito cultural, Japón recibió de la China imperial la escritura, el kanji, el confucianismo y el budismo. En los últimos años del siglo XX, jóvenes e intelectuales chinos han viajado al Japón para estudiar ciencias, medicina e ingeniería. En la actualidad, hay más de 70,000 estudiantes chinos en el Japón, conformando más del 50% de la población residente de estudiantes extranjeros de ese país.

Siguiendo los pasos de la détente propiciada por la visita del presidente estadounidense, Richard Nixon, a Beijing en septiembre de 1972, el entonces primer ministro Kakuei Tanaka visitó China y se reunió con el presidente Mao Zedong y el primer ministro Zhou Enlai, a fin de normalizar sus relaciones diplomáticas, las que fueron restablecidas el 29 de septiembre de 1972. El 12 de agosto de 1978, ambos países suscribieron un tratado de paz y amistad.

Desde ese entonces, las relaciones entre China y Japón han abarcado la casi totalidad de actividades políticas, económicas y sociales. La RPC es hoy el mayor socio comercial de Japón y su principal mercado exportador, cerca del 20% de las exportaciones japonesas tienen como destino final el mercado chino.

Asimismo, el mercado chino es una importante y cada vez mayor fuente de turismo. En el 2016, casi 6.5 millones de turistas chinos visitaron Japón (26.5% del total) y gastaron casi US$13,5000 millones (38% del total).

En el marco de la relación industrial, el mercado chino es uno de los principales destinos de las exportaciones de automóviles japoneses. En el 2016, las tres grandes compañías automotrices japonesas (Nissan, Toyota y Honda) vendieron un número récord de vehículos en China: casi cuatro millones de unidades.

Por otro lado, la RPC es el mayor detentor de deuda japonesa en el mundo. Por ejemplo, Beijing compró cerca de US$86,600 millones de deuda japonesa entre enero y agosto del 2016; más del triple de la cantidad adquirida durante el mismo período en el 2015. Es interesante resaltar que eso equivale casi exactamente al valor de los bonos estadounidenses vendidos por China. Una explicación posible de este realineamiento del portafolio chino es que el Banco Popular de China ha estado reduciendo sus tenencias de bonos de los Estados Unidos, transfiriendo parte de sus activos a yenes, donde a mediano y largo plazo un reacomodo de las tasas de interés es más difícil debido al altísimo ratio de deuda/PBI que mantiene Japón (250%).

Pero Japón también ha sido muy útil para el crecimiento económico chino de los últimos 40 años. Entre 1972 y 2004, China fue uno de los mayores receptores de la ayuda japonesa al desarrollo, poco más de US$40,000 millones. Asimismo, Japón fue el mayor inversionista en China hasta el 2013, cuando fue superado por Singapur. Hasta el final del 2012, Japón había invertido casi US$84,000 millones en más de 43,000 proyectos.

Por otro lado, Japón es el segundo socio comercial de la RPC; habiendo intercambiado más de US$300,000 millones en el 2013. Asimismo, fue uno de los principales apoyos de China es su proceso de adhesión e ingreso a la Organización Mundial del Comercio (OMC). Fue también el primer país del G7 que reanudó contactos de alto nivel con las autoridades chinas después de los eventos de Tiananmen de 1989.

En ese sentido, ambos países son indispensables para sus respectivos bienestares económicos; son además economías fundamentalmente complementarias más que competidores. La relación es mutuamente beneficiosa. De hecho, el resultado de la estrategia de reforma económica del primer ministro japonés, Shinzo Abe, depende en cierta medida de los continuos lazos económicos entre ambos países. Cabe recordar que dicha estrategia es conocida como “las tres flechas” por propugnar reformas monetarias, fiscales y estructurales para permitir retomar la senda del crecimiento.

La reunión bilateral de aproximadamente 30 minutos que mantuvieron Abe con el presidente chino Xi Jinping el 5 de septiembre del 2016, en el marco de su participación en la cumbre del G20, que se realizó en Hangzhou, China, es una señal de que ambas partes están buscando apaciguar los ánimos en sus respectivos países y retomar una agenda de trabajo que permita avanzar en diversos temas pendientes.