DiegoBeleván
Hacia Asia Por Diego Beleván

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Uno de los eventos más significativos del 2017 acaba de finalizar en Beijing. Sin embargo, no recuerdo haber visto un solo titular en la prensa nacional sobre Belt and Road Forum For International Cooperation, previo al inicio del evento basado en la visión del “One Belt, One Road” (OBOR) del presidente chino Xi Jinping, con inconmensurables consecuencias de largo plazo para el Perú.

En el foro, participaron más de 130 países, 28 de los cuales fueron representados por jefes de Estado o de gobierno, como los presidentes Vladimir Putin de Rusia, Mauricio Macri de Argentina, Michelle Bachelet de Chile, Doris Leuthard de Suiza, o los primeros ministros de España, Mariano Rajoy, e Italia, Paolo Gentiloni. El evento fue convocado por el presidente Xi y tuvo lugar en Beijing, el 14 y 15 de mayo. Asistieron igualmente el secretario general de las Naciones Unidas, la directora gerente del FMI y el presidente del Banco Mundial; entre muchos otros asistentes de alto nivel. El Perú estuvo representado por el ministro de Comercio Exterior y Turismo, Eduardo Ferreyros.

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El foro es la primera gran reunión internacional convocada en torno al mayor proyecto de política exterior, infraestructura y comercio de la República Popular China (RPC). OBOR abarca de manera directa a más de 65 países que representan el 60% de la población mundial y una parte significativa del PBI global. El objetivo es redefinir el orden económico mundial, integrando las economías de Europa, Asia y África —85% de la población mundial— mediante una red de infraestructura sin precedentes.

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Con un costo total estimado en US$4 billones (US$ 4 trillion), la iniciativa OBOR se convertiría en el programa de desarrollo económico más grande de la historia, superando al Plan Marshall que permitió la reconstrucción del continente europeo después de la Segunda Guerra Mundial. Desde el 2013, China ha invertido más de US$50,000 millones en varias economías a lo largo de OBOR y 56 zonas de cooperación económica y comercial han sido construidas por empresas chinas, generando cerca de US$1,000 millones de nuevos ingresos fiscales y creando aproximadamente 180,000 nuevos puestos de trabajo.

Sólo el Banco de Desarrollo de China (China Development Bank) ha asignado US$890,000 millones para la ejecución de aproximadamente 900 proyectos. En el marco del foro, China logró concretar acuerdos de diversa índole con 68 países y organismos internacionales, con miras encontrar las alternativas financieras para la realización de los diferentes aspectos relacionados con el OBOR, así como identificar proyectos específicos.

Como lo señalé en un artículo de agosto pasado, el OBOR tiene dos vertientes. La primera es terrestre y está basada en la antigua ‘ruta de la seda‘. La segunda es marítima y pasaría por el Sudeste Asiático, la India, la costa este de África, el Mar Rojo, para finalizar en los países europeos que bordean el mar mediterráneo.

El concepto fue presentado en el marco del discurso que el presidente Xi pronunció en la Universidad Nazarbayev de Kazajistán en septiembre del 2013, donde propuso restablecer la ‘ruta de la seda‘ con la creación de un “eje económico de la ruta de la seda” (silk road economic belt). Un mes después, durante su visita a Indonesia, señaló la necesidad de construir una “ruta de la seda marítima del siglo XXI”, la cual complementaría la primera. En el 2014, China estableció el “Fondo de la nueva ruta de la seda” con un capital inicial de US$40,000 millones para realizar los estudios de factibilidad y desarrollo.

Ambas vertientes fueron desarrolladas con mayor detalle en abril del 2015, cuando Xi Jinping participó en la reunión anual del Boao Forum for Asia, conocido como el ‘Davos asiático’. Es igualmente preciso recordar que uno de las principales motivaciones detrás de la creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB – Asian Infrastructure Investment Bank) es facilitar el financiamiento de la enorme red de infraestructura de ambas rutas.

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Como lo señala un documento emitido por la agencia oficial de la RPC, Xinhua News, en los últimos tres años se han concretado diversos proyectos de transporte, energía y comunicaciones, como el puente multipropósito (carretera y ferrocarril) de Padma en Bangladesh, el Corredor Económico China-Pakistán o el lanzamiento del servicio de carga por ferrocarril entre China y Europa, cuyo primer tren de 34 vagones llegó a Londres en enero del 2017.

Con el apoyo del AIIB, China tiene la intención de construir en los próximos años seis corredores económicos: 1) el nuevo puente continental euroasiático (New Eurasian Continental Bridge), 2) el corredor China-Mongolia-Rusia, 3) el corredor China-Asia Central-Asia Occidental, 4) el corredor China-Indonesia, 5) el corredor China-Pakistán y 6) el corredor Bangladesh-China-India-Myanmar.

Pero el OBOR es mucho más que un gigantesco proyecto de infraestructura. Hace cuatro meses, el presidente Xi planteó su visión del futuro en la reunión anual del Foro Económico Mundial de Davos con su discurso sobre la importancia de la globalización como motor del crecimiento. El foro de Beijing le permitió al presidente chino ofrecer mayores detalles sobre la visión que esbozó por primera vez en el 2013.

Como lo señala el professor Hugh White, del East Asia Forum, “el  OBOR tiene detrás el poder y el prestigio del presidente Xi Jinping. Es el centro de su visión para el futuro de la RPC. Está decidido a hacer que funcione”. El éxito del foro le permitirá además consolidar su poder antes del 19º Congreso del Partido Comunista Chino, a realizarse en Beijing el próximo otoño.

El OBOR también tiene un componente geopolítico: es la visión del orden mundial de Xi Jinping y el lugar que ocupará China en ese orden. El objetivo es incrementar la influencia estratégica, política y económica de país asiático. Un beneficio adicional de la coyuntura actual es que en este momento los Estados Unidos, de Donald Trump, han decidido no sólo retirarse de la Asociación Transpacífico (TPP) sino implementar una visión más aislacionista.

En un artículo publicado en The National Interest, Earl Anthony Wayne y Oliver Magnusson afirman que el OBOR permitirá debilitar la posición económica estratégica de los Estados Unidos en Asia Oriental. La dupla AIIB y OBOR representan para los autores dos grandes desafíos a la influencia económica de los Estados Unidos en el mundo. “[Ambos] son testimonios de las ambiciones de Pekín. El TPP había sido el principal medio de respuesta de los Estados Unidos… Es poco probable que los diversos acuerdos comerciales bilaterales mencionados por algunos miembros de la administración Trump permitan por sí solos conseguir el impacto que se buscaba mediante el TPP”.

Añadiría que la Asociación Económica Integral Regional (RCEP) es el tercer componente de esta búsqueda de reconfiguración del orden mundial promovido por China. Si los Estados Unidos son incapaces de ofrecer alternativas viables, la tarea será facilitada puesto que le permitirá llenar los espacios vacíos de manera aún más rápida. Estamos posiblemente en presencia del realineamiento de poder más significativo del siglo XXI. Sin embargo, tengo la impresión que muchos de mis compatriotas no son plenamente conscientes de las implicancias de este cambio significativo en la estructura del poder mundial y los cambios explícitos e implícitos en los flujos comerciales internacionales que presupone la concretización del proyecto “One Belt, One Road”.

Al haber conseguido un comunicado conjunto, más allá de las obvias reticencias y diferencias que puedan existir al interior del grupo de 130 países participantes, así como haber establecido el 2019 como la fecha para la siguiente reunión del foro, el presidente Xi Jinping ha logrado consolidar la posición de China como el actor más relevante del continente eurasiático y, al mismo tiempo, alzarse como uno de los más fervientes defensores del libre comercio mundial y de la protección del medio ambiente. El comunicado conjunto no sólo defiende el sistema comercial multilateral basado en la OMC sino invoca a todo los signatarios de los Acuerdos de París a cumplir sus obligaciones en materia del cambio climático. El más acucioso observador no dejará de sonreír ante lo irónico de la situación.